5 películas de aliens un tanto… diferentes

  1. Dark City (Alex Proyas, 1998)

Dark city

Tal vez esta sea la menos “diferente” de la lista, pero no me podría perdonar no incluirla. Dark City es una película que dio mucho más de lo que se piensa y recibió mucho menos de lo que merecía. Su mundo tiene como fuente inspiracional la excelente Blade Runner (Ridley Scott, 1982), patente en su fantástica combinación de la ciencia ficción con elementos propios del cine negro.

Con estos ingredientes se nos sumerge en una realidad frágil y una atmósfera hostil de la que sólo el “elegido” (el protagonista: Rufus Sewell) nos podrá salvar. Geniales efectos especiales, una trama interesante e ingeniosa, reflexiones acerca de qué nos hace humanos al más puro estilo Blade Runner… por cierto, ¿a qué suena eso de una realidad frágil? ¿Y eso de un “elegido”? ¿A Matrix tal vez? Si es que es evidente: Dark City es una película que dio mucho más de lo que se piensa y recibió mucho menos de lo que merecía.


  1. Under the skin (Jonathan Glazer, 2013)

Under the skin

Este es un título muy particular. En medio de tanto jaleo se nos presenta una película intencionadamente lenta, aparentemente silenciosa, muda casi. Under the skin deja que pensemos mientras observamos la historia de un extraño ser que experimenta lo que parece ser un proceso de autoconocimiento.

En una forma que bien podría recordar a Blade Runner (perdónese mi pesada repetición, pero ésta es una lista de ciencia ficción), Jonathan Glazer nos hace testigos del viaje de una peculiar Scarlett Johansson en busca de una (o su) identidad. Más madura y enigmática que Dark City, Under the skin ahonda en cuestiones trascendentales como la identidad individual y la colectiva del ser humano como especie. Preciosa en forma y contenido, se trata de una película que, más que dar respuestas, lanza preguntas que calan, diálogos que marcan e imágenes que conmueven (o perturban, depende del espectador).


  1. La llegada (Denis Villeneuve, 2016)

Es una película que recomiendo ver dos veces, no porque sea de trama complicada, sino porque la reacción del espectador puede cambiar totalmente. A pesar de que piense que una comunicación entre humanos y alienígenas sería prácticamente imposible (en parte debido a la influencia de las películas que mencionaré en los siguientes puntos), este encuentro extraterrestre logra constituir un magnífico estudio acerca de la naturaleza del lenguaje, la relación que se establece entre éste y el pensamiento y las maneras que tenemos (más allá de la lengua) de comunicarnos, nosotros los humanos y cualquier criatura viviente.

El elenco de actores es perfecto: más que hacer de esta película una historia verosímil, la convierte en una experiencia totalmente propia, quizá llena de matices diferentes para mí y para ti; la relación entre Amy Adams y Jeremy Renner es familiar, es cálida, inolvidable. La llegada es una de esas películas que, por verla con prejuicios, me han callado la boca; y no hace falta decir que es una de las obras más notables de 2016.


  1. y 1. Solaris de Andrei Tarkovsky (1972) y Solaris de Steven Soderbergh (2002)

Solaris de Andrei Tarkovsky (1972)

Solaris de Andrei Tarkovsky (1972)

Solaris de Steven Soderbergh (2002)

Solaris de Steven Soderbergh (2002)

Si bien los alienígenas de La llegada ya son raros de narices, la vida extraterrestre descrita en Solaris va más allá de toda conceptualización antropomórfica. No es de sorprender: en la novela homónima en la que se basan estos dos filmes, una de las principales inquietudes del autor (Stanislaw Lem) fue idear un ser que, como ajeno al mundo humano, fuese también ajeno a la comprensión humana. Esta reflexión (que podría haber versado sobre Dios, o el “más allá”, pero que en esta obra se materializa en vida extraterrestre) constituye una crítica a la tendencia de mostrar a los aliens como monstruos verdes semejantes a pulpos e imaginar a Dios como un hombre anciano y barbudo.

No obstante, Andrei Tarkovsky, como gran creador de libres adaptaciones que era, centró su película en el carácter psicológico de la historia, presentando al ser humano como el misterio principal de cuanto conocemos, más enigmático quizás que la infinita enormidad estrellada que ni con mil inventos podemos alcanzar. De esta manera consigue responder a la obsesiva “¿Adónde vamos?” que tanto se plasmaba (y sigue plasmándose) en el cine de la época con una elegante y primordial “Antes de nada, ¿de dónde venimos?”. Por otra parte, en la más moderna adaptación cobra más importancia el elemento romántico del relato, dando más protagonismo a los recuerdos del protagonista (George Clooney) y las relaciones con su “mujer” que de ellos surgen.

Si bien es cierto que la primera es más profunda, lenta y coherentemente misteriosa e ininteligible (más brillante quizás), la segunda consigue condensar en menos tiempo la esencia del libro, y en consecuencia logra evitar tediosidad y recreación “redundante” en escenas de gran calado filosófico. Ambas son recomendables.

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