Alma de Sant Pere (2016), de Jarmo Lampela – Crítica

«Alma de Sant Pere trata sobre el choque entre “tradición” y “progreso”, entre lo que es moralmente aceptable y lo que es aceptable para la ley del lucro y del beneficio, entre el sueño de tener el primer millón antes de cumplir los 30 y la realidad de que trabajando nadie se hace millonario…»

Barcelona es esa ciudad que en otro tiempo fue de los barceloneses y, por obra y gracia de unas administraciones municipales nefastas, fue primero de los especuladores, luego de los turistas y los hosteleros y, mañana, acaso sea la Detroit del Mediterráneo. Tal es el resumen del último cuarto de siglo de historia barcelonesa. Eso es lo que todos los barceloneses que tienen edad suficiente como para haber vivido estos cambios pueden recordar sin dificultad. Sin embargo, parece como un secreto inconfesable. Ha hecho falta que llegara un director finlandés –Finlandia está en las antípodas europeas de España: es el país más alejado del nuestro, geográfica, cultural y socialmente- para tratar algunos de los aspectos de la decadencia barcelonesa. Porque es de decadencia de una ciudad de lo que conviene hablar.

El tipo humano que existía en Barcelona en los primeros años del milenio no era diferente al de cualquier otro lugar de Occidente: gente joven, especialmente, que bailaba a los mismos ritmos, tenía las mismas formas de ocio y, sobre todo, quería ser millonaria antes de cumplir los 30. Y, entonces, la forma más sencilla era lanzarse al mercado inmobiliario. Hay que recordar lo que ocurrió en nuestro país entre 1997 y 2007: toda la sociedad se volvió loca con la especulación inmobiliaria. Como en todo proceso especulativo se compraba barato y se vendía caro. El precio de la vivienda subió a ritmo de un 15% anual. Hasta que se produjo la quiebra de las subprimes en EEUU y el derrumbe de Lehman Brothers.

Alma de Sant Pere, de Jarmo Lampela, trata sobre una de estas pequeñas operaciones especulativas protagonizadas por jóvenes barceloneses de aquellos años locos. Un grupo de amigos decide embarcarse en la compra de un edificio en el Barrio de la Rivera. La idea es desalojar a los inquilinos, acondicionarlos y forrarse con la venta a millonarios rusos, ucranianos y demás. Pero las cosas no son tan simples y, a poco de comenzar la operación, surgen las dificultades, los abandonos y se impone la realidad que termina estampándose en las narices de la protagonista en 2008 cuando se inicia la crisis en el sector inmobiliario.

La película está interpretada con mucho cariño y entusiasmo, bien dirigida y con una fotografía que permite recorrer los barrios populares de Barcelona, sin necesidad de pasar por ellos. A lo largo de la cinta, Lampela y su equipo reconstruyen una visión humana de la locura inmobiliaria que arrasó Barcelona. La película y especialmente algunos actores van ganando pulso a medida que avanza el metraje. Se diría que han iniciado la filmación inseguros, pero, poco a poco, han logrado tener seguridad en sí mismos y creer sus papeles. Quizás hubiera sido bueno volver a filmar algunas escenas iniciales al acabar la película.

Plantea una serie de problemas: el choque entre “tradición” y “progreso” (¿puede ser considerada como “tradición” unos vecinos que viven apegados a unas viviendas abandonadas y miserables que se están cayendo? ¿es “progreso” la especulación pura y dura?), entre lo que es moralmente aceptable y lo que es aceptable para la ley del lucro y del beneficio, entre el sueño de tener el primer millón antes de cumplir los 30 y la realidad de que trabajando nadie se hace millonario… Quizás el mayor mérito de la película es que no refleja esa Barcelona “políticamente correcta” que se nos vende en los folletos turísticos editados por el Ayuntamiento, engreída y soberbia, paraíso de hipsters y meca de nuevas tecnologías, del diseño y del glamour, que oscila entre lo fashion y la vocación frustrada de ser la New York mediterránea y el kistch de las construcciones de Gaudí que salpican la ciudad.

Hay que agradecer a Jarmo Lampela, obligar a los barceloneses a realizar un ejercicio de la memoria sobre un paso que está a la vuelta de la esquina y que se resiste a pasar. Lo que nos ha contado Lampela es lo que hemos visto una y mil veces en nuestro entorno, lo que hemos vivido y soportado, lo que otros han intentado, lo que protagonizó una de las fases más críticas de la decadencia barcelonesa.

Lampela es un director poco conocido en España, pero que tiene a sus espaldas, una intachable carrera profesional, avalada por una sólida formación académica, tanto como director de largos, de documentales, guionista de televisión, realizador de series y directivo de Vegetarian Films que cuenta ya con un amplio catálogo de producciones. Actualmente es jefe de contenidos dramáticos en la televisión pública finlandesa.

 

ENTREVISTA A JARMO LAMPELA, DIRECTOR DE ALMA DE SANT PERE

Sinopsis Alma es una joven ambiciosa que trabaja en su pequeña empresa en Barcelona. Ella es feliz en la vida pero constantemente sueña con un proyecto más grande, que ella podría gestionar junto con sus amigos. Un proyecto que traería su primer millón. La oportunidad nalmente surge y compran un edi cio antiguo con un plan para renovarlo en apartamentos de lujo. Pero, ¿cómo deshacerse de los antiguos inquilinos sin herir sus sentimientos y sin perder su propia moral? Además, ¿cómo sobrevivir a una caída libre cuando pierdes todo lo que tienes? “Alma de Sant Pere” es una película sobre sueños, amistades y valores humanos.
País Finlandia
Director Jarmo Lampela
Guion Jarmo Lampela
Música Pekka Lethi
Fotografía Aarne Lampela
Reparto Carla de Otero, Raul Llopart, Arantazu Ruiz, Juha Kukkonen, Laura Birn
Género Drama
Duración 96 min
Estreno 05/05/2017

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Calificación6.5
6.5

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Amor Díaz Boyero

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

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