Bye, Bye Germany (2017), de Sam Garbarski – Crítica

«Quizás sea demasiado simple encuadrar Bye, Bye Germany como “comedia”. Lo es, pero habría que añadir “comedia ácida”. El punto de amargura es inevitable»

En la postguerra, la cifra de muertos judíos en los campos de concentración, que se dio inicialmente, llegó a alcanzar los 12.000.000. La cifra era comprensible por dos motivos: por las necesidades de los programas de desnazificación y por la confusión de los primeros momentos en donde, prácticamente no había quedado nada en pie en Alemania. De hecho, aún hoy, es imposible establecer el número de muertos en aquel conflicto y de qué fallecieron. En cualquier caso, el problema para los judíos alemanes supervivientes era explicar a sus familiares cómo habían logrado evitar la muerte. Había “algo” que los hacía sospechosos: si han muerto tantos ¿cómo es que estos han logrado sobrevivir? Seguramente, debieron colaborar con los carceleros. No es raro que los judíos supervivientes, intentaran dejar atrás su pasado y emigrar a los EEUU. Bye, bye Germany va de uno de estos grupos de judíos que, al acabar su encierro, se propusieron poner tierra de por medio y empezar una nueva vida. 

La película está realizada en clave de comedia. Es un riesgo hacer bromas sobre los campos de concentración. De hecho, es algo que solamente pueden permitirse directores judíos so pena de ser acusados de frivolizar una matanza y tener que responder ante los tribunales. Pero, en los últimos tiempos, han sido directores de origen judío (especialmente norteamericanos) los que se han permitido ironizar sobre la materia tal como nos mostró Larry David en algunos episodio de su serie Courb your enthusiasm. Sam Garbarski puede permitirse también realizar incursiones en esta materia porque su anterior película, Rashevski’s Tango (2003) trataba un tema similar desde el punto de vista dramático con una familia judía como protagonista y el drama que genera la muerte de un miembro alejado de la religión judía y hostil a ella. Por lo demás, no parece que la comunidad judía alemana se haya tomado a mal Bye, bye Germany.

Bye, bye Germany nos cuenta las vicisitudes que se encuentran un grupo de supervivientes de los campos de concentración que, al terminar la guerra, se convierten en una banda de estafadores. Son supervivientes natos. Su leit motiv es “Hitler ha muerto, pero nosotros aún estamos vivos”. Su intención –además de sobrevivir entre una Alemania en ruinas- es reunir el dinero suficiente para establecerse en los EEUU. Para ello montan una empresa destinada a comercializar un producto de gran demanda en aquel momento: ajuares de cama. Pero no están dispuestos a que el público entre en su tienda, sino que sistemáticamente visitan a familias alemanas que han tenido alguna víctima en la guerra y le cuentan que su querido familiar fallecido les había encargado uno de estos ajuares. Saben que el pueblo alemán en 1946 estaba extremadamente sensibilizado con las historias que los ejércitos de ocupación estaban difundiendo en el curso del proceso de desnazificación: los judíos habían sufrido extraordinariamente durante el conflicto y, por lo tanto, ningún alemán cerraría la puerta a un judío que les ofrece sábanas que presentan como “traídas de París”… Todo esto se junta con los interrogatorios que “Sara Simon” (Antje Traue), una oficial de inteligencia aliada, realiza a los miembros del grupo para ver si su actuación en los campos de concentración ha sido correcta o si han colaborado con el enemigo. Uno de ellos, le llama la atención: se trata de “David Bermann” (Moritz Beibtreu), que parece, además, ser el jefe de la banda de estafadores, un judío graciosillo que no tuvo inconveniente en realizar actuaciones para sus captores en el interior del universo concentracionario. Un nazi, lo tomó bajo su protección e incluso le hizo actuar ante el mismísimo Adolf Hitler en Berschetersgaden. Tales son los elementos esenciales de esta cinta sobre la que no debemos avanzar su desarrollo posterior, salvo decir que el guión es coherente, bien elaborado, mantiene el interés hasta el final de la cinta y con un perfecto final.

Principales problemas de Bye, bye Germany: el sentido del humor germánico es muy distante del que resulta habitual en nuestras latitudes y algunos de los giros cómicos, pierden con la traducción (e incluso con una traducción correcta sintonizan poco con lo que aquí se entiende por comedia). La actuación de Antje Traue, por otra parte, da la sensación de ser extremadamente rígida a diferencia de los integrantes de la banda de judíos que resultan completamente creíbles y las actuaciones naturales. 

Además del argumento –basado en una novela del escritor suizo Michel Bergman-, quizás lo más notable sea la fotografía en la que abundan los claroscuros, las pinceladas que sugieren la miseria y la destrucción en la que había quedado Alemania en 1945 y todo lo que se refiere a la ambientación. Es una película de contrastes: la oscuridad de la sala de interrogatorios, lo lóbrego de algunos ambientes en donde se desarrolla la trama, contrastan con espacios abiertos y luminosos. Hay alegría en medio de tanta tristeza. Hay ganas de vivir entre todos los supervivientes: no solo en el campo de los judíos que han permanecido en campos de concentración, sino también el de la población civil alemana que han sufrido cuatro años de bombardeos criminales por parte de la aviación aliada.

Quizás sea demasiado simple encuadrar Bye, bye Germany como “comedia”. Lo es, pero habría que añadir “comedia ácida”. El punto de amargura es inevitable. Sería un error calificarla como una “película de judíos”, es mucho más, una película sobre la postguerra europea. Si se quiere comprender cómo fue aquel tiempo puede recurrirse al neorrealismo italiano y a películas como ésta o como aquella otra obra maestra, hipnótica y extraña, alucinada y beligerante, que fue Europa (1991) de Lars von Trier. Sin llegar a la intensidad dramática y a la perfección poética de ésta última, Bye, bye Germany será en los próximos años un hito obligado para entender aquella época. 

Dos frases de la película. Uno de los protagonistas –no diremos cual por aquello del spoiler-, al finalizar la película, evita irse de Alemania “… para no dejar este bello país en manos de los alemanes”. Otro, el protagonista, preguntado inquisitorialmente por la interrogadora sobre el por qué contaba chistes a los alemanes, le responde: “Sin chistes estaría muerto”. Realmente, una vida sin ironía, sin carcajadas, sin chistes ni bromas, es una vida gris, envuelta en amargura y sobre la que planea solamente lo siniestro.

Sinopsis La historia de un grupo de supervivientes de los campos, cada uno con su historia y su trauma, que, encabezados por el el ingenioso David, que les recluta como se agrupa a una banda de malhechores en una película de gangsters, se asocian para montar un pequeño negocio de venta de ropa de cama, producto que por lo visto está muy demandado entre los alemanes, quienes además sienten la suficiente culpa como para no cerrar la puerta a un grupo de vendedores judíos.
País Alemania
Director Sam Garbarski
Guion Michel Bergmann, Sam Garbarski
Música Renaud Garcia-Fons
Fotografía Virginie Saint-Martin
Reparto Antje Traue, Anatole Taubman, Moritz Bleibtreu, Mark Ivanir, Joel Basman, Jeanne Werner, Joachim Paul Assböck, Anna König, Tim Seyfi, Harvey Friedman, Heike Hanold-Lynch, Tania Garbarski, Oleg Tikhomirov, Hans Löw, Pál Mácsai, Bettina Stucky
Género Comedia
Título original Es war einmal in Deutschland…
Duración 101 min.
Estreno 22/09/2017

Calificación6
6

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Amor Díaz Boyero

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

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