Cine épico y bandas sonoras

gladiator

¿Qué sería del cine sin música? Probablemente, estaríamos hablando de un arte muy distinto al que conocemos. Casi con total seguridad, las películas emocionarían menos y expresarían sentimientos con un impacto menor en el espectador. Tanta es su importancia formal y narrativa en el desarrollo de la obra cinematográfica, que hay quien ha llegado a afirmar que la vida real siempre será inferior al cine porque no tiene banda sonora.

El íntimo enriquecimiento entre cine y música fue percibido tan pronto por los primeros realizadores que, a pesar de que durante mucho tiempo las películas no podían transmitir el sonido de la voz de sus actores, se crearon infinidad de orquestas para grabar música que se emitía durante el visionado de la película, o para tocar en riguroso directo.

No hay que tener recelo ninguno al afirmar que la música orquestal (y) cinematográfica ha llegado a tal grado de perfección, que muchas de sus obras y piezas merecen figurar en el panteón particular de este arte de artes que es el cine. En la historia de la música de todos los tiempos merece también su capítulo, y no el menor, alguna de las composiciones que acompañan a ciertas escenas.

Donde la música ha encontrado un espacio idóneo para explayarse en todo tipo de recorridos y formas, muchas de ellas novedosas, ha sido en el cine épico, entendido en un sentido amplio, incluyendo no sólo las narraciones heroicas, sino también los géneros conocidos como cine bélico, cine de acción o cine de aventuras.

El espectro de títulos es tan ancho que cualquier selección es por fuerza parcial. Cabe la posibilidad de que incluso caiga en un cierto reduccionismo. Pero lo cierto es que cada uno tenemos nuestras filias y fobias, y que no podemos dejar de escoger y, por tanto, aunque resulte a todas luces injusto, discriminar. Asumiendo de antemano cualquier crítica en este sentido, y desechándolas amablemente, porque lo que a mí me gusta, al fin y al cabo, es sólo responsabilidad mía y no tiene por qué ser ni justo ni objetivo, voy a arriesgarme a hacer algunas recomendaciones, si lo que se quiere es escuchar buena música épica. Recomiendo al lector que procure escuchar las obras completas, aunque en algunos casos sólo llegan a alcanzar la cúspide el éxtasis unas breves notas o unos pocos segundos. Que lo haga con tiempo, silencio y concentración. Y descubrirá, acaso, placeres inesperados.

Ahí va una primera lista, avisando que el orden es absolutamente aleatorio y no presupone prelación ni preferencia alguna. Dejo al lector investigar por su cuenta sobre las obras y los autores, a los que, por otra parte, quizá algún día dediquemos un artículo de homenaje.

*Se necesita estar registrado en Spotify para escuchar las bandas sonoras incluidas en el artículo.

1. El Señor de los Anillos. El retorno del Rey. Howard Shore.

Merece la pena como inspiración en días sombríos. Es una obra luminosa, a la par que sobrecogedora. Mezcla ensoñación, terror, solemnidad y fastuosidad. Una creación que le valdrá la inmortalidad a su compositor, y que ha dado la vuelta al mundo varias veces, siendo, sin duda, una de las bandas sonoras más representadas en directo por orquestas profesionales y bandas amateurs.

2. Batman begins. Hans Zimmer.

De esta película he de destacar el tema central. Los primeros 40 segundos son de una fuerza sobrecogedora, que no se sabe si te trasladan al centro de la locura o te elevan hasta el cielo de los superhéroes. La refundación de un mito como Zimmer, que no es la última vez que sale en esta lista. ‘El Caballero Oscuro‘ ha tenido una banda sonora justa, a la altura de su hercúlea batalla.

3. Gladiator. Hans Zimmer.

Sin duda, a pesar de que no es la obra de Zimmer más galardonada (ni siquiera recibió el Óscar de la Academia), es su composición más grandiosa. Sin ella, Scott no habría hecho de Máximo Décimo Meridio el personaje legendario que finalmente resultó. Sus notas arrastran al espectador al Coliseo y le hacen sentir en su piel el sudor, la arena, el calor, el miedo, para finalmente hincharle el pecho de un canto de victoria que, si no tiene dominio de sí mismo, a poco que se olvide de su alrededor, le empujará sus brazos y gritará como un poseso.
El inicio, una obra maestra. El fin, música de inspiración “new age” muy pegadiza.

4. Transformers: La venganza de los caídos. Steve Jablonsky.

He aquí un caso en que una fantástica banda sonora funciona mejor fuera de su propia película que dentro. Escúchenla ustedes tranquilamente, en el coche o en casa, con atención, un día que sientan que necesitan impulso para comerse el mundo, y encontrarán una motivación extra. Desde el principio hasta el final, la música de Jablonsky se sumerge en el ámbito de lo ciclópeo en todas sus manifestaciones, desde la promesa, hasta la desesperación, pasando por la majestuosidad y la batalla. Los famosos robots alienígenas no están a la altura, por muy serios que se pongan, de la música que los acompaña.

5. Braveheart. James Horner.

¿Qué decir de una obra que ya pasó al imaginario colectivo, incluso con adaptaciones en música discotequera? Horner no ha destacado por la cantidad de sus producciones, pero ésta es lo suficientemente importante para señalar su nombre en rojo, como uno de los grandes. El trasunto desde la muerte de William Wallace hasta la escena de la Batalla de Bannockburn, sencillamente genial. El tema central, hipnótico.

6. Indiana Jones, en busca del Arca Perdida. John Williams.

He aquí otro que va a aparecer en cualquier lista de grandes éxitos de las bandas sonoras. Sin duda, el compositor más alabado y admirado, puede que el más premiado, y desde luego uno de los más prolíficos. Cultivador no sólo de la música cinematográfica, sino de otros géneros, y en todos con la misma sencillez, candidez y esmero. Mas, sin duda, donde ha brillado con especial fuerza en este mundo del cine, en el que varias de sus obras se han convertido, desde el inicio, en iconos del cine universal.

Indiana Jones, en busca del Arca Perdida‘, es la primera de su serie. En mi modesta opinión, su tema central es la pieza perfecta: in crescendo, va conduciendo al oyente/espectador desde la modesta presentación de un esquema imaginario hasta la exaltación de la aventura en su más límpido e indómito estado, en que la vida misma se pone en juego por mor del tesoro buscado, de la mujer conquistada y hasta del mismo placer de sentirse al filo de la navaja, con una fuerza irresistible y a la par con una ligereza que sólo puede llamarse humor, en el más natural sentido de la palabra. Uno escucha el tema e imagina a ese arqueólogo intrépido que, sonriendo irónicamente, recorre el mundo pegando tiros y salvando en el último momento a la chica, antes de llevarse el trofeo maldito que traiciona al malvado.

7. Piratas del Caribe. Hans Zimmer.

Otra obra de Zimmer, que está claro que tiene aquí un puesto señalado, quizás no la más memorable, pero sí una de las más divertidas. Ideal para animarse antes de una carrera. Perfecta para matar tres horas de saltos, cabriolas, estocadas, huidas, naufragios, mentiras y máscaras, sin que la película merezca tanto tiempo. Sólo eso ya justifica su inclusión en esta lista. Y resistir tantas secuelas, sin hacerse insoportable, es un plus.

8. La lista de Schindler. John Williams.

Esta dramática película de Spielberg también merece incluirse en esta breve selección. Lo épico le viene precisamente de la grandeza última de su protagonista y lo arriesgado de su proyecto de autoredención. Es tan enorme la película como el dolor que transmite, la pena inmensa, sin paliativos, sin azúcar, sin justificaciones. Una de las obras más profundamente conmovedoras de las últimas décadas, que musicalmente es una profusión de emociones y una magistral mezcla de fuentes. Impresiona la primera escena, donde una vieja melodía de tango, con Gardel en el recuerdo, nos introduce a una fiesta, algo supuestamente alegre, con un regusto de nostalgia y conmovedora depresión. Como siempre, destacamos el tema central, porque, cuando uno lo escucha, puede ver a los condenados de Auschwitz entrar a la cámara de gas con las cabezas gachas y la mirada perdida, como sombras que se internaran en la tierra tenebrosa, para nunca más volver.

Si hubiera que dedicarles un homenaje a las víctimas del genocidio nazi, habría que hacerlo con la música de John Williams. Para los que decían que Williams sólo era capaz de hacer buena música cuando era alegre o insustancial.

9. El Padrino. Nino Rota.

Quizás el adjetivo “épico” no sea el que mejor describe esta película sobresaliente, pero ya hemos dicho que lo aplicamos en el sentido más laxo posible, tratando de incluir todas aquellas producciones que, de un modo o de otro, incluyen una historia dramática en que el bien y el mal contienden o se entremezclan.

La banda sonora de ‘El Padrino‘ está a la altura del metraje. Para quien haya visto la película, no hace falta más. Si ésta es abrasiva, avasalladora, emotiva, dura, interpelante y estimulante, aquélla lo es el mismo grado. Conmueve, arrebata, sojuzga, inflama. No desentona en ningún momento. Llega a ser una parte más de la historia, se introduce como un personaje transversal, como un motivo narrativo más, y no el menos importante. Envuelve las escenas más terribles y las más cotidianas. Es intimista en las escenas íntimas y delirante en los crímenes. Su tema central, tan pegadizo que nadie que la haya escuchado por primera vez podrá olvidarlo durante días. Y al recordarlo, las caras de Vito y Michael Corleone volverán ante sus ojos de forma natural. Con ello, la función de toda buena banda sonora está cumplida de sobra.

10. Star Wars. John Williams.

He aquí otra de esas magnas culminaciones musicales que han salido a lo largo de los años del magín de Mr. Williams. ¿Qué sería de los héroes galácticos sin su banda sonora? ¿Qué de Darth Vader sin su Marcha Imperial? En realidad, pocas veces ha habido un personaje tan fácilmente identificable por su propio tema musical. Prueben a hacer esto: búsquenlo en youtube, en la aplicación de su smartphone. Suban el volumen para que lo escuchen quienes están a su alrededor. Y haga una encuesta: estoy seguro de que al menos la mitad de sus acompañantes sabrán identificar la película y hasta asociar el tema con el personaje malvado. ¿Hay mejor halago para una banda sonora?

Para los adeptos de la saga galáctica, no sería posible imaginar a otro compositor ni otra temática musical más adecuada para las continuaciones que nos esperan en los próximos años.

 

Y hasta aquí por hoy. Ya es suficiente para una primera y sucinta recomendación. Otro día sumaremos más títulos. Por ahora, añada cada uno los que quiera. Suprima los que no le agraden. Pero sobre todo y ante todo, escuche buena música cinematográfica y, si es posible, vuelva a ver esas grandes películas que han hecho del cine el mayor espectáculo del mundo.

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2 comentarios

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  1. Vlad 10 Marzo, 2015 at 14:50 Responder

    Recordar que de Piratas del caribe: La maldición de la perla negra, el OST es de Klaus Badelt, las siguientes son de Hans Zimmer. En las cuales Hanz Zimmer reutilizó las melodías.

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