Cosmética Terror (2017), de Fernando Simarro – Crítica

«Cosmética Terror es una película surrealista que genera sonrisas por lo esperpéntico de los personajes y lo absurdo de las situaciones que se van sucediendo»

En ocasiones es difícil clasificar una película. No se ve con claridad a quien va dirigida, ni a qué público puede satisfacer. Tal es lo que le ocurre a Cosmética Terror, segunda película de Fernando Simarro. ¿Que se trata de una película surrealista?, en principio, no hay duda. Esta es la calificación que le cuadra por encima de cualquier otra, mucho más que la de “comedia negra” (sólo es relativamente “negra” y, en realidad, genera sonrisas por lo esperpéntico de los personajes y lo absurdo de las situaciones que se van sucediendo).

Ahora bien, hay que ir con cuidado con esto de clasificar una película como “surrealista”. Una “creación surrealista”, en sentido estricto, es aquella que sale a la superficie y cristaliza cuando el autor entra en un estado de arrobamiento de la conciencia ordinaria y emergen a la superficie aquellos elementos anidados en el subconsciente. Tal es el “método surrealista” como fue definido por Breton en literatura, Dalí en pintura y que Buñuel llevó al cine en Un perro andaluz (1929) y en La edad de oro (1930). ¿Cuál es el problema? Que, en ocasiones, lo que sale a la superficie no son formas y sugestiones del subconsciente, sino obsesiones completamente conscientes que el autor desea poner en práctica. El cine de Almodóvar está lleno de estos fetiches (del que Miguel Bosé, juez de día, travestí de noche, en Tacones Lejanos [1991] es un ejemplo extremo) que son todavía más explícitos en la amplísima filmografía de bajo perfil del fallecido Jesús Franco. Y eso ya no es “surrealismo”: son fijaciones que el director de cine quiere realizar por encima de cualquier lógica narrativa. No es el subconsciente el que dirige y orienta la narración, sino las filias y las fobias del creador.

No estoy muy seguro qué hay de surrealista en esta película de Fernando Simarro y qué de fetiche o de obsesión, pero me temo que hay más de lo segundo que de lo primero. En cualquier caso, en tanto que autor del guión y director de Cosmética Terror, a él hay que atribuirle los méritos y las carencias de esta cinta.

Si hay un mérito que pueda encontrarse a esta curiosa película es criticar algunos aspectos de la televisión contemporánea. La protagonista es una maquilladora de cadáveres, entrada en carnes, enganchada a un culebrón sudamericano. Así mismo es adicta a las compras en la teletienda. Una providencial aparición le facilita el adoptar otro aspecto y poder participar como actriz en el culebrón de sus sueños. Tal es lo que la prudencia permite revelar sobre el argumento de Cosmética Terror. Cabe ahora valorarla.

El crítico debe ser cuidadoso con lo que escribe y hacer abstracción de sí mismo a la hora de formular su valoración de un producto cinematográfico. Obviamente, una película para un público infantil, dejará frío al crítico de edad madura que no sabrá verla con los ojos propios del público al que va dirigida. Así pues, de lo que se trataría es de establecer a qué público va dirigida esta segunda película de Fernando Simarro, que la pueda apreciar en su justa medida.

Por el tono, podría remitirse a una de aquellas comedias madrileñas de los años 80. Recuerda también a aquellas cintas surrealistas al estilo de El milagro de P Tinto (1998) y quizás, remotamente, a algún corto de la primera época de Alex de la Iglesia (Mirindas asesinas, 1991). Sin embargo, todos estos elementos parecen propios de un cine que ya ha quedado definitivamente atrás en el tiempo y que tiene poco con las líneas por las que discurre el cine actual. Por algunas características, Cosmética Terror debería satisfacer a los asiduos al Día del Orgullo Gay, más que a otros grupos. Responde a esa estética y a la misma idea de desmadre.

Respecto a los elementos que critica (los culebrones, las teletiendas, la telebasura, los premios cinematográficos) cabría decir que, no estamos ante una denuncia en profundidad, sino más bien ante una simple caricaturización. El hecho de que participen rostros habituales de la telebasura (Yola Berrocal, Lucía Lapiedra, Malena Gracia, o aquel presentador que hace la réplica, muy buena por cierto, de Jorge Javier Vázquez) da la sensación de que, más que crítica, estamos ante otro de los fetiches del director. Otros elementos, como la amiga de la protagonista que ejerce de dómina sadomaso, es hoy un recurso que ya hemos visto en demasiadas ocasiones. Y en cuanto a lanzar alguna puya contra el franquismo, las monjas o la beatería es, como se decía en otro tiempo, “dar lanzadas a moro muerto”.

En síntesis, podemos decir que, en principio, estaríamos tentados de decir que la parte crítica justifica la película, pero luego resulta que no lo es tanto; el humor negro, como máximo genera una sonrisa gris, suscitada por lo esperpéntico de los personajes y las situaciones, mucho más que por la comicidad de un conjunto inconexo y disperso.

La película es, a fin de cuentas, una broma. Hay que reconocer que el ritmo narrativo y la velocidad por la que discurre es buena, a pesar de que la historia que nos cuenta sea desmadrada, absurda, inconexa y repleta de fetiches que, desde luego interesarán a su director y guionista, pero mucho menos al espectador medio. Va siendo hora de que Simarro se ponga los pantalones largos y aspire a realizar una película “seria”, sino por el tono, al menos que sea accesible para un público más amplio. Por cierto, algunas vistas de Alcalá de Henares figura entre lo mejor de la cinta.


El próximo de 26 de mayo de 2017 se estrenará  en el Pequeño Cine Estudio de Madrid (Calle Magallanes 1)  la película Cosmética Terror.  Paralelamente se irán anunciando salas  y fechas en distintas ciudades de España así como su distribución internacional. Más información en https://www.halloweenfilms.es/

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Amor Díaz Boyero

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

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