El cuento de la princesa Kaguya (2013), de Isao Takahata – Crítica

El cuento de la princesa Kaguya

«El cuento de la princesa Kaguya se desarrolla con sencillez, evocando esa sensación de ir pasando páginas y encontrarse en cada una de ellas una obra de arte de carboncillo y acuarela.»

Es una verdadera lástima la falta de reconocimiento que sufre Isao Takahata en el mundo del cine de animación. En primer lugar, verse obligado a vivir a la sombra de Hayao Miyazaki, su discípulo, que por alguna razón desconocida (tal vez, una vena algo más naíf) ha tenido más suerte a la hora de superar los problemas de distribución y crear un legado de admiradores alrededor del mundo que gracias a él han conocido las posibilidades de la industria japonesa y, más concretamente, del Studio Ghibli. Por otro lado, la lentitud con la que se distribuye el cine del Studio provoca que sea ahora, en España al menos, cuando podemos disfrutar de una película que en Japón ya ha sido más que superada y cuyo flojo recibimiento podría haber sido uno de los motivos del parón temporal de Ghibli, sin haber esperado a ver el éxito que tenía ‘El cuento de la princesa Kaguya‘ (Kaguya-hime no Monogatari) fuera de sus fronteras.

En 2013 Miyazaki anuncia su retirada dejando ‘El viento se levanta‘ como su testamento cinematográfico. La presión de que el estudio quede desnudo sin uno de sus pilares vuelve a convertir un estreno de Takahata en una prueba de fuerza. El viento de Miyazaki se levanta con tanta fuerza –polémicas incluidas por una temática leída como ‘imperialista’- que por un momento todos parecen olvidar que no va a ser la última película del Studio Ghibli. Y mucha suerte tuvo ya Takahata de que debido a problemas técnicos el estreno de su ‘Kaguya-hime no Monogatari‘ no coincidiese en fechas con el de su amigo y peso pesado de la animación, algo que parece haberla salvado del hundimiento definitivo.

Kaguya-hime no Monogatari‘ se basa en un cuento popular del siglo X, la muestra más antigua conservada de narrativa japonesa. En él, un anciano cortador de bambú encuentra un día a una diminuta princesa dentro de un tallo de esta planta, y decide llevarla a su casa de la montaña para, junto a su esposa, criarla como a su hija; la niña crecerá como lo que es, una criatura misteriosa y divina, hasta convertirse en una hermosa joven que cautivará el corazón de todos los hombres que oyen hablar de ella, dispuestos a sacrificar incluso su vida para convertirla en su esposa. Sin embargo, Kaguya también es una heroína terrenal; su fuerza e independencia la harán enfrentarse a las costumbres que convierten a la mujer inhumanamente bella en un objeto comparable a las joyas o las reliquias religiosas. Su determinación es una alabanza a la felicidad de las pequeñas cosas, en la conexión del ser humano con la naturaleza, en el atractivo de un utópico mundo rural, donde el alma aún es pura y no se corrompe por los lujos y pretensiones de la civilización.

La presencia del relato en la cultura popular japonesa es enormemente significativa. Es por ello que Takahata, aun con variaciones, no cae en la relectura o la modernización, sino que homenajea la esencia nostálgica de una historia que remite a la más pura tradición del contador de cuentos. La película se desarrolla con sencillez, evocando esa sensación de ir pasando páginas y encontrarse en cada una de ellas una obra de arte de carboncillo y acuarela. No hay apenas tensión, todo fluye con la dulzura de un acorde de koto o de la seda al envolver un cuerpo. El sentido lírico de la obra prevalece por encima de cualquier otro elemento, lo que la acerca más a ese contrapunto místico dado por los elementos fantásticos.

A pesar de todo, ‘El cuento de la princesa Kaguya‘ no es una película infantil. Isao Takahata es una de las pruebas vivas de que el cine de animación también puede dirigirse a un público adulto, sin ni siquiera añadir la crudeza que se le conoció en ‘La tumba de las luciérnagas‘, su película más destacada y uno de los relatos más terroríficos de la guerra y sus consecuencias. Puede que por ello, el estilo de Takahata no se considere tan fácilmente digerible como el de Miyazaki: es, desde luego, un ilustrador magnífico, y la magia y la ternura son elementos muy presentes en su obra, en este Cuento especialmente, pero la mirada de Takahata es más adulta, menos inocente que la de su compañero Miyazaki. Su obra dignifica el cine animado como un arte tan maduro como el de cualquier clásico de carne y hueso, y su parte menos realista conecta en el fondo con el imaginario mitológico y legendario común a toda una cultura. Lo cual no elimina en ‘El cuento de la princesa Kaguya‘ el recuerdo infantil, sino que lo hace crecer como crecen las personas: el espectador la afronta con su mentalidad adulta y la visión de un niño que, con su inocencia y su capacidad de asombro intacta, se deja deslumbrar con historias de princesas y criaturas mágicas, sin caer por ello en la simplificación o la falta de profundidad.

El cuento de la princesa Kaguya

Sinopsis Basada en un cuento popular japonés anónimo del siglo X, “El cortador de bambú”. La historia comienza cuando una pareja de ancianos campesinos encuentran a una niña diminuta dentro de una planta de bambú, y deciden adoptarla como si fuera su hija. Convertida rápidamente en una hermosa mujer, es pretendida por muchos hombres, incluido el emperador, pero ella los rechaza a todos porque asegura venir de la Luna y debe volver allí…
País Japón
Director Isao Takahata
Guión Isao Takahata, Riko Sakaguchi
Música Joe Hisaishi
Productora Studio Ghibli
Género Animación. Fantástico. Drama. Cuentos. Siglo IX
Título original Kaguya-hime no Monogatari (The Tale of Princess Kaguya)
Duración 137 min.
Estreno 18/03/2016

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Calificación9
9

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