Filmadrid – Día 10: A Dragon Arrives!

Después de diez intensos días de estupendo cine, termina la tercera edición de FILMADRID. Una lástima que sea con el peor director que ha traído el festival: Mani Haghighi. Si la ilusión desbordaba en la inauguración con la excelente Certain Women (2016) de Kelly Reichardt, la clausura deja una sensación amarga. Una decisión inexplicable. Pues el Foco dedicado a la comedia y el absurdo en el cine iraní se presentaba como una oportunidad para romper los prejuicios sobre su cine. Un conjunto de películas alejadas del cine contemplativo, humano y moral de Abbas Kiarostami, Jafar Panahi y Asghar Farhadi. El nacimiento de una nueva ola de cineastas que quieren abrir nuevos caminos, con unos resultados que explican su invisibilidad. Resulta una pena que el festival haya decidido cerrar con A Dragon Arrives! (2016) de Mani Haghighi. Pero nos queda recordar que días antes pasaron por esa misma sala João Pedro Rodrigues, Lav Diaz o Jonas Mekas. El verdadero espíritu de FILMADRID.


‘A DRAGON ARRIVES!’ (2016), DE MANI HAGHIGHI – FOCO COMEDIA Y ABSURDO EN EL CINE IRANÍ (CLAUSURA)

A DRAGON ARRIVES!

En las entrañas del Golfo Pérsico, la isla de Qeshm alberga un misterio. Entre incontables tumbas, un cementerio encantado ha presenciado el suicidio de un prisionero político. Mártir dentro de un barco abandonado, memoria de las aguas agitadas en tiempos pasados. Un lugar donde la muerte merodea buscando nuevos cómplices. Pero cada nueva víctima desembocará en extrañas consecuencias. Con los ojos inyectados en horror, un aldeano explica que cuando se entierra a una víctima, las tierras se quiebran. Se abre camino el dragón. Una enigmática pesadilla que deberá ser resuelta por un detective, un geólogo y un ingeniero de sonido. A bordo de su espectacular Impala naranja, rondarán la isla hasta sumergirse en estos secretos incorpóreos. Pues A Dragon Arrives! (2016) continúa la filmografía de Mani Haghighi incidiendo en su concepción del cine: crear sin justificar. Todo vale. Porque como expresó en su visita a Madrid, es una película sin mensaje. Un intento por generar interrogantes a los espectadores. Mas la falta de credibilidad y solidez del relato convierten a su quinta película en una experiencia tediosa. Mezclando géneros de manera compulsiva, Haghighi pierde el control y nuestra atención. Poco importa ya la existencia del dragón.

Un único micrófono se enfrenta al desierto sin horizonte. Se graba el silencio. Ausencia de sonido de la que Keyvan Haddad podía reconocer su procedencia en pocos segundos. Extraña actividad llevada a cabo por el ingeniero de sonido de un tesoro escondido del cine iraní como El ladrillo y el espejo (1965). Odisea nocturna con la que debutó el director Ebrahim Golestan, abuelo de Mani Haghighi. Para almacenar los objetos de sus películas, Golestan guardó cajas con sus documentos en su casa. Reliquias entre las que se encontraba atrapada un arca con cintas de audio y una foto de los tres protagonistas del filme. Un recuerdo especialmente sonoro que marcará el carácter de A Dragon Arrives!. Desde el comienzo, las grabadoras y reproductoras guardan la memoria y fantasía del director de este falso documental. Se empieza con una entrevista acontecida en 1965 para contrastar con las declaraciones en el presente de los actores que vivieron esos hechos. Debido al desgaste del tiempo, las voces pasadas han quedado en suaves susurros y lenguas perdidas. Mientras que las certezas actuales nacen de la soberbia y la falsedad. Una falta de fondo que deja todo el suspense en manos de la trama detectivesca y el absurdo encerrado en el árido cementerio. Aunque finalmente lo único destacable sea el esfuerzo por crear esa atmósfera y la preciosa localización. Porque al igual que en sus películas anteriores, como Men at Work (2006) y Modest Reception (2012), ponerse en el lugar del otro es su objetivo final. Una empatía avistada en Men at Work (algo quedó de la involucración de Abbas Kiarostami), mas totalmente soterrada en sus dos proyectos posteriores. Mani Haghighi instaba a buscar respuestas al público sobre las cuestiones que les surgirían viendo A Dragon Arrives!. Unas preguntas que nunca llegaron.

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Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

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