Kes y el realismo social británico

Kes

Billy Casper es el menor de una familia de clase trabajadora residente en un pueblo minero del condado histórico de Yorkshire, al norte de Inglaterra. No siente interés por los estudios, ni por encontrar un trabajo satisfactorio. Es un pícaro, un “caso sin esperanza”. Porque vive en una época complicada, la década de los 60, en un entorno complicado, un pueblo inglés recientemente industrializado. Los niños apenas leen y escriben, sabiendo que su futuro será la mina, o algún otro oficio manual, donde no serán más que peones deshumanizados como sus hermanos o padres. Por ello son como Billy: roban, se esconden en los patios a fumar, se pelean y se burlan de una disciplina escolar retrógrada que también se burla de ellos, de la generación idiota, “la generación que no escucha”.

Kes‘, estrenada en 1969, es el segundo largometraje del cineasta Kenneth Loach y la séptima mejor película británica de la historia según el British Film Institute. Con ella, Ken Loach entraría a formar parte destacada de una corriente cinematográfica conocida como “realismo social británico” que le acompañaría el resto de su carrera. Como contrapunto al glamour y la ostentación del cine hollywoodiense Kenneth Loach se lanzó, junto con otros grandes nombres de la industria británica, a la realización de películas más sencillas, más humanas, donde las clases marginales tuvieran su papel protagónico y sus denuncias fuesen escuchadas.

Kes

A través de la adaptación de la novela ‘A Krestel for a Knave‘, del autor Barry Hines, Ken Loach nos acerca a esa Inglaterra gris de pobreza e incultura, de jornadas laborales extenuantes, desmotivación educativa y escapadas ocasionales al bar para romper con la monotonía. En este entorno, el niño Billy Casper sólo encuentra una cosa que le ayude a huir: Kes, una pequeña hembra de halcón a la que consigue adiestrar y convertir en su compañera. Su admiración por Kes es el resultado de todo lo que él envidia: ser un animal libre, imposible de domesticar y amansar, que no responde ante nadie. Un animal tan majestuoso y capaz de imponer tal respeto, que sólo con desplegar las alas genera una burbuja de silencio instintivo y paz a su alrededor.

Y es que en ocasiones Kes es una película de silencios, de retratos urbanos y estáticos acompañados únicamente por una banda sonora cálida y sencilla. Y en ocasiones no lo es: el ruido sale a borbotones entre los gritos en casa, los gritos en clase, los discursos atropellados de Billy en las escasas ocasiones en que tiene permiso para hablar y convertir sus sobrias escenas en momentos memorables. Son los momentos en los que un chasquido sordo, como el batir de alas de un halcón, deja paso a una voz enmudecida que necesita desahogarse.

Kes es la denuncia de Ken Loach y la ternura de Billy Casper, la opresión de la mina y la libertad del cernícalo; el inconformismo latente trasladado a la elegancia de Kes, a su forma de volar y su superioridad autoconsciente. ‘Kes‘ es la rebeldía sin malicia, el susurro desesperado de un entorno complicado en una época complicada. Es una joya limpia, sin pretensiones, y posiblemente de las mejores películas en la dilatada carrera de un director con mucho que decir y una gran maestría para hacerlo.

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