La hora del cambio (2017) – Crítica

«La hora del cambio es un ejercicio satírico dolorosamente cercano a la realidad, a pesar de la fuerte caricaturización»

La hora del cambio (L’ora legale) está dirigida, escrita y protagonizada por los humoristas Salvatore Ficarra y Valentino Picone. El dúo se hizo famoso con el programa de televisión Zelig Circus y esta ya es su quinta película, una comedia que critica la corrupción y a quienes la permiten. La pareja pone ante un espejo a la sociedad italiana e ironiza sobre las leyes y el decoro, que nadie acepta para uno mismo pero sí exige al resto. “Todos ven la paja en el ojo ajeno, pero nunca la viga en el propio”. Retratan una sociedad que está acostumbrada al caos que conlleva saltarse la ley. Las carreteras tienen socavones, el tráfico es insufrible, la basura se acumula en las aceras y los dueños no recogen los excrementos de sus perros. También tienen un puerto sin barcos y una fábrica que contamina el aire y el mar. Por tanto, al llegar el nuevo alcalde queda prohibido estacionar en doble fila, la recogida de residuos se hace mediante reciclaje, se mejora de patrimonio artístico y el mar queda limpio. El progreso prometido se refleja en la obligación de pagar impuestos, la destrucción de las casa construidas en primerísima línea de playa y que los administrativos (los junteros, que llamaríamos en España) vuelvan a la oficina en lugar de pasar la tarde en el bar. Así, el pueblo teme que el alcalde cumpla su programa electoral, elige la involución y abraza el caos, vuelven a lo que les resulta familiar, su normalidad es un equilibrio cómico. La crítica puede resultar incluso dolorosa, pues las sociedades de Italia y España tienen comportamientos muy semejantes. Un carácter propio del Lazarillo de Tormes, querer ir siempre por el camino más corto. Y, si esto incluye la picardía de saltarse las reglas, mejor.

Esta denominada “obra civil” no se centra en el primer paso del cambio, las elecciones, pues este no es suficiente por sí mismo. Es decir, después de votar no debemos desentendernos de la política. Los ciudadanos somos responsables, tenemos una labor que se hace patente durante La hora del cambio. El ciudadano debe verificar, supervisar y controlar las acciones de aquellos que han sido elegidos. La participación popular no se limita a meter, cada cuatro años, un papel en una urna. Igual que a los ciudadanos de esta película, a todos nos cuesta implementar políticas, como el reciclaje. Todos recordamos lo que costó aplicar la ley de no fumar en los interiores, esto dio para más de un monólogo. Y es que gracias a películas así, algunos se darán cuenta de que puedes quejarte de la subida de la cuota de basuras, pero solo con impuestos se pueden construir escuelas, carreteras, universidades y hospitales públicos. Públicos, con el trabajo de todos, para el disfrute de todos. Si existe el deber de pagar impuestos, es porque tienes derecho a recibir educación, sanidad, jubilación, infraestructuras, paro…

En La hora del cambio, distribuida por Medusa Film, ambos actores mantienen una comedia acrobática y ligera. Algunos denominan a esta obra civil, de ejercicio satírico, como utopía o ciencia ficción. Cuando yo lo veo dolorosamente cerca de la realidad, a pesar de la fuerte caricaturización. La película, en sí, es como un palíndromo pues se inicia y termina de la misma forma, con el cambio de hora. Por lo tanto, no nos sitúa en un año concreto pero sí en los seis meses que pasan desde el cambio horario al verano, en marzo, al de invierno, en octubre. Es decir, otra figura: una paradoja, cambian los tiempos (y la hora) según la estación. El reparto coral es muy fuerte, muchos actores y bastantes vienen del teatro, pero en ningún momento les obligan a presentarse como pequeños héroes de lo bueno. Los propios directores reconocen que han ido muy lejos con las caracterizaciones de todos los personajes, y es que se encuentran bastante esquematizados, como un esbozo simple con problemas infantilizados. Ficarra y Picone destacan sobre todos ellos, sobre la mirada vacía de Vincenzo Amato, la exagerada teatralidad de Leo Gullotta y la simplicidad de Eleonora de Luca.

Esta filmografía constituye un ritmo extraño, en ocasiones es muy lenta y otras veces, en vez de giros de guion, tiene golpes.

Críticos italianos han comentado sobre La hora del cambio que, el camino de la crítica política ya estaba trillado, uno de sus trabajos más recientes es Quo Vado?. Desde Cansado de nacimiento y hasta La madeja, las películas del dúo de cómicos fueron escritas junto a Francesco Bruni. Y solo a partir de Vamos a ese país, su cuarto trabajo filmográfico, escriben y dirigen ellos. Un dato curioso, ambos pensaron que esta película se vería con malos ojos cuando, a principios de año, se supo que la alcaldesa de Roma (Virginia Raggi, primera mujer alcaldesa de la capital italiana) había iniciado un diálogo con la Iglesia para imponer el IMU, impuesto sobre bienes raíces comerciales. Es decir, para que la Iglesia pagara algo así como el IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles) de España.

Sinopsis Los vecinos del pequeño pueblo siciliano de Pietrammare viven acostumbrados al caos que conlleva “saltarse la ley”, pero están hartos. Las carreteras tienen socavones, el tráfico es insufrible, la basura se acumula en las aceras y no hay día que un vecino no pise un excremento de perro. Tampoco les falta un gran puerto… sin barcos, y una fábrica altamente contaminante. Pero parece que ha llegado la hora del cambio: en las elecciones, un nuevo alcalde ha salido victorioso y viene con la firme intención de cumplir todo su programa electoral.
País Italia
Director Salvatore Ficarra, Valentino Picone
Guion Salvatore Ficarra, Valentino Picone, Edoardo De Angelis, Nicola Guaglianone, Fabrizio Testini
Fotografía Ferran Paredes
Reparto Salvatore Ficarra, Valentino Picone, Vincenzo Amato, Antonio Catania, Sergio Friscia,Eleonora De Luca, Alessia D’Anna, Ersilia Lombardo, Leo Gullotta
Género Comedia
Título original L’ora legale
Estreno 11/08/2017

Calificación7
7

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Alba Puerto

Estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual; me interesa la política internacional, la cultura, los movimientos sociales y la innovación tecnológica. Por ello soy articulista en medios digitales, locutora, columnista y Coordinadora General de un proyecto de UNICEF dentro de las universidades españolas.

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