La La Land (2017), de Damien Chazelle – Crítica

La La Land

«Encuentro cierto paralelismo entre La La Land y la reciente Café Society. Sin embargo, son muchos los elementos que, no solo mejoran lo ofrecido por la última película de Woody Allen, sino que profundizan aún más en el concepto del amor idílico engullido por la realidad»

Siempre resulta difícil manejar las expectativas, ya sea en el cine o en la propia vida. Son pocas las veces en que una película logra traspasar las limitaciones o clichés de su género, especialmente en casos como el musical, logrando así trascender de manera universal y perenne entre cualquier tipo de público, sellando con ello su presencia en la historia dorada del cine. Esto y mucho más llevábamos aguardando en los meses previos al estreno de La Ciudad de las Estrellas (La La Land), quizás la cinta más alabada por la crítica especializada en los últimos tiempos. Cuando me senté en la butaca de cine y especialmente tras un número musical inicial bastante convencional y forzado, fueron muchas las dudas que me asaltaron sobre lo que iba a ver a continuación. Saliendo de la sala tras sus dos horas de metraje, sonreí al pensar en cualquier duda pasada sobre la calidad de la última película de Damien Chazelle. Porque lo que al principio fueron dudas, resultó ser el comienzo de algo maravilloso.

Mucho se ha dicho sobre La La Land (omitamos el innecesario sobrenombre Made in Spain en adelante), siendo la más habitual la descripción de ella como un homenaje al musical clásico del Hollywood de la “Edad Dorada”. Personalmente, no podría estar más en desacuerdo, pues aunque en un comienzo nos encontramos ante algunas actualizaciones del tipo de número coreografiado, heredero de aquel cine del que se rezuma cierta nostalgia, no es sino una manera de contextualizar con la imagen idílica popular en torno a la ciudad de Los Ángeles y la industria del espectáculo. Como dije anteriormente, incluso se tratan de los momentos más flojos del metraje. Porque si ahondamos en el autor detrás de las cámaras, si algo le gusta a Damien Chazelle y rueda como nadie es el Jazz. En su segundo largometraje y carta de presentación entre los futuros grandes de cine, la vibrante Whiplash (2014), Chazelle ya demostró una capacidad innata de trasmitir la pasión que siente por el género musical más genuino de Estados Unidos. En esta ocasión va un paso más allá, sabiendo incorporarlo no solo como valor emocional, sino como vehículo de narración tan fluido, que por momentos olvidamos donde empieza el número musical y acaba la parte dialogada. No puedo dejar de recalcar que encuentro cierto paralelismo entre La La Land y la reciente Café Society (2016) en cuanto a temática y tesis con respecto al amor y el éxito. Sin embargo, son muchos en esta ocasión los elementos que no solo mejoran lo ofrecido por la última película de Woody Allen, sino que profundizan aún más en el concepto del amor idílico y mágico engullido por la realidad.

Mención aparte merecen los protagonistas, unos sencillamente perfectos Emma Stone y Ryan Gosling. Aunque ambos ya habían dado varias muestras de su talento en los últimos años, se encuentran ante los papeles de sus vidas. En su tercera película no solo como compañeros de reparto, sino ejerciendo de pareja amorosa, queda más que patente la química escénica entre ambos, ya existente desde su primera aparición juntos en Crazy, Stupid, Love (2011), pero que en esta ocasión alcanza su apogeo. Emma Stone está arrebatadora en cada plano, hábil como siempre para encarnar un tipo de mujer única, tan adorable como capaz de reírse de sí misma. Si ya en Birdman (2014) dio además una muestra de sus habilidades de corte más dramático, aquí se consagra de manera definitiva en aquellas escenas que le requieren abandonar cualquier atisbo de su sentido del humor escénico habitual. Y qué decir de Ryan Gosling, quién ya en Dos Buenos Tipos (2015) había dejado claro que era capaz de mucho más que de reeditar su papel icónico de Drive (2011). Al igual que Stone, no solo borda su rol de pianista de Jazz taciturno e irónico, desbordando carisma en cada plano. Es capaz de trasmitir con su sola mirada toda la frustración y ansias de expresarse artísticamente en un mundo que solo entiende del éxito fulgurante pero a la larga olvidado.

Aunque los créditos puedan decir lo contrario, La La Land es una película hecha a la medida de dos únicos personajes. Más allá de alguna escena suelta, ningún otro de los actores que intervienen alcanza algo más que la categoría de figurantes en la mágica y vibrante historia de amor por el arte y entre ellos de nuestros protagonistas. Lejos de ser un fallo a la hora de caracterizar o dar espacio suficiente a algún secundario, se trata de un acierto mayúsculo de Damien Chazelle, ya que dejando fuera a cualquier otro participante refuerza la idea que los personajes de Stone y Gosling comparten de que no importan los demás o como se valora lo que hacen, dejando incluso al resto de intérpretes desenfocados o en la oscuridad en muchas escenas. Porque si algo nos demuestra esta pequeña joya es que aunque sea por un solo momento, uno puede ser feliz haciendo aquello que le apasiona, guste o no a los demás. Dirección y actuaciones aparte, todos los elementos técnicos y artísticos funcionan a la perfección, desde la dirección artística, pasando por un guion muy por encima de lo habitual en musicales, hasta la banda sonora y canciones, siendo especialmente emotiva la ya inolvidable “City of Stars”. Aunque lo que quizás destaque por encima de todo ello sea la fotografía, ya que el trabajo que el sueco Linus Sandgren realiza, encaja a la perfección en todo momento con cada una de las emociones que el director busca trasmitirnos, llevando su hasta el momento correcta trayectoria a un puesto de consideración en un futuro próximo dentro de la nueva oleada de grandes directores de fotografía.

Serán pocos los que al salir de su inolvidable visionado, no se sorprendan de haber visto un gran musical en el que la música era por momentos lo de menos, una historia romántica sin nada de ñoñería o escenas empalagosas. Porque ese es el valor del cine con mayúsculas, ser capaces de mostrarnos una historia a priori mil veces vista antes, y sin embargo darnos la sensación de estar viendo algo único e irrepetible. El tiempo dirá el lugar que ocupe La La Land en el imaginario cinéfilo y popular. Puede que dentro de décadas se la catalogue de clásico o que se la tache de sobrevalorada por la corriente de cine con factor nostálgico de estos años. Me atrevería a decir que es en definitiva, una de esas raras ocasiones en que una película puede gustar a cualquier espectador que se acerque a ella libre de prejuicios. Aunque claro, como dice la canción, puede que ese sea un sueño más que no pueda hacerse realidad.

La La Land 2

Sinopsis Mia, una aspirante a actriz que trabaja como camarera, y Sebastian, un pianista de jazz que se gana la vida tocando en sórdidos tugurios, se enamoran, pero su gran ambición por llegar a la cima amenaza con separarlos.
País Estados Unidos
Director Damien Chazelle
Guión Damien Chazelle
Música Justin Hurwitz
Fotografía Linus Sandgren
Reparto Emma Stone, Ryan Gosling, John Legend, Rosemarie De Witt, J.K. Simmons, Finn Wittrock, Sonoya Mizuno, Jessica Rothe, Jason Fuchs, Callie Hernandez, Trevor Lissauer, Phillip E. Walker, Hemky Madera, Kaye L. Morris
Género Musical
Duración 127 min.
Título original La La Land
Estreno 13/01/2017

Trailer

Calificación9
9

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Samuel Martín

Documentalista profesional, cinéfilo pasional, opinador vocacional. Graduado en Información y Documentación y realizador audiovisual, siempre me he sentido conectado a cualquier imagen que pueda proyectar una emoción en la pantalla grande.

3 comentarios

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  1. David 23 enero, 2017 at 13:51 Responder

    Buena crítica 🙂 A mí, sin embargo no me gustó mucho…cual rara avis. Coincido contigo en muchos de los puntos, si bien discrepo en otros. La fotografía está muy bien, pero creo que la de Storaro en Cafe Society es inmejorable. Cierto es que la estética de Lalaland, los movimientos de cámara y algunos planos están muy bien…pero Storaro en Cafe society hace verdadero arte visual.
    Los actores coincido también en que están bastante bien, hacen buen binomio, se les ve disfrutando.
    Quizás donde para mí flaquea más la película es en el género musical en sí y en el argumento. El primero por estar falto de verdaderos números que llamen la atención, espectaculares, con coreografías y grandes números (quitando el primero, los demás son casi todos en pareja) Y en segundo lugar, porque el argumento, aunque te doy la razón en que se reinventa en cierto modo, no deja de ser un poco manido, bajo mi punto de vista…con un mensaje de fondo bastante usado ya..”persigue tus sueños y lo conseguirás” , “Busca tu amor verdadero” etc.

    Supongo, en definitiva, que es una buena peli, pero a mí me decepcionó…No llevaba prejuicios ni expectativas, pero sí que me supo a poco siendo un musical o no sé, no tendría el día fino 🙂

  2. Cristina 23 enero, 2017 at 22:35 Responder

    Coincido con David, para mí ha sido una decepción.
    Me alegra que haya tenido buena acogida, porque significa que a la gente le interesan historias sobre el cine, la música y el teatro, y porque nos dice que el musical es un género que llama.
    Sin embargo, la película no me pareció buena ni en cuanto a guión, ni a nivel musical.
    En cuanto a guión: Muchas de las decisiones de los personajes son incomprensibles y el final (sin hacer spoiler) es deliberadamente insatisfactorio, como si dijeran “somos muy modernos y cool… así que lo acabaremos así, jaja”.
    Me molesta especialmente el “falso final” en el que se imagina una historia alternativa… bastante nociva para el personaje de Ryan Gosling… creo que toda la película le maltrata reiteradamente, al principio con cierta razón (debe cambiar de actitud) pero luego por inercia.
    Finalmente, una película que empieza con personajes con los que la gente puede identificarse se convierte en una historia de “rich people problems”, que pierde mi interés.

    En cuanto a música: exceptuando las primeras canciones, con más bailarines y cantantes… es muy sobria. Los bailes, con pocos extras dan sensación de ser “baratos” dentro de un musical. Puede haber una o dos canciones intimistas en las que sólo aparezca un actor o la pareja, pero creo que abusan de esto. Por otro lado, no puedo recordar ninguna melodía a los pocos días de haberla visto, y creo que eso dice poco de la película, pues suelo engancharme mucho a las canciones de los musicales. Miento… puedo recordar la de “What a waste of a lovely night”, pero no por la música sino por la letra, que me hizo cierta gracia.

    En resumen, desde mi punto de vista: emociones muy poco definidas y decisiones incomprensibles que me la estropean como romance, junto a una decepción en el terreno musical, por su excesiva sobriedad.

    Pero repito que me parece interesante que haya llamado a tanto público, porque eso quiere decir que hay cabida para este tipo de películas…. sólo tienen que hacerlas un poco más interesantes

  3. Julio 24 enero, 2017 at 16:55 Responder

    ¿Lo más importante de una pelicula con 14 nominaciones a los oscar (record historico) es que te recuerda a cafe society? No me lo creo

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