Locarno 2017 – Día 4

A lo largo de las 70 ediciones del Festival de Locarno, se han proyectado en la Piazza Grande cientos de películas. Visionar un filme a la vez que ocho mil personas es una experiencia única. Aunque para reunir a esta comunidad las decisiones de programación no sean las que atesoren más talento. Muchas de ellas son olvidables, por lo que es de agradecer la inclusión de obras más adultas en la presente edición. Proyecciones que comienzan a media noche cuando la noche destaca la luz de la gran pantalla. Si ayer gozábamos con Laissez bronzer les cadavres, en el cuarto día hemos presenciado una película de culto instantáneo: Good Time de los hermanos Safdie. Un thriller efervescente por los suburbios neoyorquinos que te arrastra a su decadencia. Una película brutal a la que ha acompañado una gran sorpresa, la maravillosa Milla de Valerie Massadian. Una obra complicada que te lleva al límite como espectador, pues trata sobre la resistencia y las que recompensas vitales por no renunciar. Pues lo grande de Locarno es combinar el descubrir un tesoro escondido como Milla y el éxtasis al ver Good Time con tal multitud. Aunque al final, el gran cine de ambas se queda contigo.


‘DISTANT CONSTELLATION’ (2017), DE SHEVAUN MIZRAHI – CONCORSO CINEASTI DEL PRESENTE

Las luces de una residencia se apagan. Todos los ancianos duermen y los cristales de sus ventanas retumban por el fuerte viento. En mitad de Estambul, la noche azota esa fortaleza del pasado. Un último reducto rodeado por grúas y consecuente creación del futuro. Edificio encantado al que consigue entrar Shevaun Mizrahi para filmar el apreciable y desigual documental Distant Constellation. Para hallar una intimidad entre los ancianos y su cámara, la joven directora realizó ella misma tanto la grabación visual como sonora. Un método para poder acercarse al interior de las historias vividas que allí aguardan. Mediante una puesta en escena muy cuidada, ha sido asistente del director de fotografía Ed Lachman, desarma con facilidad a sus sujetos y rescata del olvido sus testimonios. Cuando consigue que sus experiencias fluyan, como una desgarradora declaración sobre el genocidio armenio, la cinta alcanza un nivel muy alto. Pues la obra explora todos los rincones del último refugio de la memoria, manifestando el rechazo al olvido. Una tendencia desigual al combinar estos momentos con otros derivados por su presencia en la residencia. Anécdotas menores en comparación con la honestidad de los sentimientos más profundos. Al incluir fallidamente las interacciones en el presente, su antropología desde la ciencia ficción se viene abajo. Con las grúas en el exterior, crea fácilmente la percepción de que estos personajes viven en una especie de limbo. Y que son ignorados, incluso agrupados y aislados como meros objetos. Pero ellos tienen la solución a muchos de los problemas actuales. Ellos han sufrido el nacionalismo, la guerra y las religiones. Y Mizrahi acaba alcanzando su tesis con convicción. La construcción sin memoria acabará derrumbándose.


‘WAJIB’ (2017), DE ANNEMARIE JACIR – CONCORSO INTERNAZIONALE

En Palestina, hay una tradición que consiste en que los hombres de la familia repartan personalmente las invitaciones cuando se casa una persona cercana. Una muestra de respeto que se conoce como el título de la cinta: Wajib. Un concepto que vendría a significar “deber social”, siendo tan relevante como para ser la única razón por la que un joven vuelve a su hogar. Hace bastantes años que emigró a Roma y no reconoce las calles de su infancia. Recuerdos que serán revividos al emprender la repartición de las invitaciones de la boda de su hermana junto a su padre, un profesor respetado por la comunidad. Porque entre las calles de Nazaret, la directora Annemarie Jacir filma una road movie con un corazón enorme. Un viaje cuya gasolina es la inteligencia emocional. Entre parada y parada, padre e hijo irán recuperando el tiempo perdido y exponiendo sus ideas sobre diversos temas. Se discutirá la situación de Palestina, la necesidad de permanecer junto a la familia y el amor bajo grandes doses de empatía. Porque uno de los grandes aciertos del filme es la excepcional química entre ambos, ya que son padre e hijo en la realidad. Un detalle que impregna de verdad sus conversaciones y resta gravedad a los temas tan espinosos sobre los que tratan. La realizadora decide no exponer sus juicios y dosifica apuntes sobre el conflicto árabe-israelí, la religión o el patriotismo de forma transversal. Un tiempo convulso contrastado con el ansia por emigrar y la sólida convicción de luchar por sus valores éticos. Pues el esplendor de Wajib se gesta en el aprendizaje de ceder. Generosidad creciente en ambos protagonistas con cada parada y la entrega de una invitación. En esta tradición, se esconde algo más que un deber social. El recorrido es un recordatorio a la comunicación y la cercanía. Una llamada a no perder la empatía.


‘MILLA’ (2017), DE VALERIE MASSADIAN – CONCORSO CINEASTI DEL PRESENTE

La corriente del mar nos arrastra a su interior. Nos domina y hundirse parece inevitable. Decidimos emplear lo que nos queda de energía, agarrándonos firmemente al inapreciable salvavidas. Rendirse no es una opción. Una elección experimentada en la excepcional segunda película de Valerie Massadian: Milla. En 2011, la cineasta franco-armenia ganó con su debut, Nana, el Premio a la Mejor Ópera Prima en el Festival de Locarno. Un antecedente prometedor que se confirma como un talento descomunal. Ella nos presenta a Milla, de 17 años, y su novio Leo. Dos jóvenes enamorados y perdidos que se escapan a un pequeño pueblo en el Canal de la Mancha. No conoceremos sus motivos ni pasado, únicamente el sincero cariño entre los dos. Pero aún con la calidez de un afecto incondicional, su vida es un infierno. No tienen trabajo ni personas en las que apoyarse, lo que se traduce en una sensación de angustia desoladora. Mediante un elegante uso de la luz y el espacio, Massadian nos golpea sutilmente sintiendo esa amargura. Dolor que decide llevar al límite, probando nuestra resistencia. Pues Milla incita sin descanso al espectador a abandonar. En torno a mitad de la cinta, se rompe la cuarta pared y se produce un cambio de luz con una precisión quirúrgica. Después de la marea viene la calma. Porque Milla es una cinta sobre la resistencia y las recompensas por no renunciar. Te pone en una encrucijada junto a su protagonista donde el camino a seguir marcará tu porvenir. Y te acaba dando una lección de vida. Si la esperanza hubiese llegado a la cinta pocos minutos después, es posible que hubiésemos optado por no seguir con la película. Porque la obra de Massadian es radical y complicada. Exige empatizar con la deriva de sus personajes y decidir con ellos. Al principio no te da nada a lo que agarrarte, el violento movimiento del mar pronostica un trágico naufragio. Sin embargo, debemos tener fuerza de voluntad para continuar. No hay porvenir sin luchar. Una idea grabada en esta maravillosa película que nos demuele y nos deja tocados, aunque nos acaba proveyendo de esperanza y energía vital. Seguimos en el mar con el salvavidas y en ese crucial momento recordamos las palabras que Leo le regala a su amor: “No Milla, tú no te ahogarás, tú flotas”.


‘GEMINI’ (2017), DE AARON KATZ – CONCORSO INTERNAZIONALE

Flashes, flashes y más flashes. Heather es una famosa actriz de Hollywood y los destellos le han dejado ciega. Su vida es de todos menos suya. Productores, admiradores, amantes, paparazzis y asistentes creen manejar su destino con rumores infundados y las redes sociales. La fama le asfixia y los contratos ejercen de cadenas. Pues en una cárcel donde las palmeras de Los Ángeles se erigen como barrotes, la celebridad acabará muerta en misteriosas circunstancias. Desplegando el director, guionista y montador Aaron Katz un whodunit de manual para analizar la fama. Bajo los neones, Gemini se extiende con un sugestivo estilo neo-noir. La cinta presenta a la joven actriz y la protagonista, su asistente interpretada con un halo enigmático por Lola Kirke, en un punto muerto. Su red de contactos está unida por falsedad e intereses y estos valores derivarán en agresividad. Pues antes del crimen sobre el que pivota el filme, las relaciones de poder se muestran con un estilo personal entre fríos azules y música electrónica. Unas dinámicas que perderán fuerza al pasar a la investigación del suceso. Teniendo en cuenta los tres pilares de cualquier sospechoso, motivo, capacidad y oportunidad, el filme se sumerge en las entrañas de un sistema egoísta. Todos los compañeros de Heather piensan en sí mismos, destacando la meta narrativa al comparar el caso con el guión de un blockbuster. Aunque el apartado artístico, Lola Kirke y un comienzo prometedor nos proporcionan la suficiente energía como para disfrutar de Gemini, un guión de más a menos con cierta tendencia tramposa empaña el resultado final. Amanece en Hollywood y la luz natural desenmascara la vacuidad de la película y la fama. Los flashes eran más brillantes y ver con claridad no nos sienta bien.


‘GOOD TIME’ (2017), DE BENNY SAFDIE & JOSHUA SAFDIE – PIAZZA GRANDE

Las calles de Nueva York se han transformado en un laberinto. El humo puebla el escenario y se palpa la suciedad. Hay ruido, pero parece tranquilo; cuando de pronto llegan corriendo dos jóvenes macilentos. Ellos son Connie Nikas y su hermano Nick. Tras robar un banco, la escapatoria en este caos es una utopía. No pararán de correr hasta encontrar una salida. Pues el descomunal thriller urbano de los hermanos Safdie no es una bajada a los infiernos, sino un recorrido por sus suburbios. El hampa que lo protagoniza hace tiempo que hizo del averno neoyorquino su hogar. Antes de plantear el atraco, se introduce a Nick en una terapia debido a sus capacidades reducidas. Él no toma decisiones ni atiende a la lógica, lejos del mundo cruel donde reside. Una realidad a la que le conduce su hermano delincuente, interpretado por Robert Pattinson en el mejor papel de su carrera. En esencia, Good Time es una sentida obra hacia el amor fraternal y la imposibilidad de separarse. Una de las únicas constantes vitales. Al final, Nick acabará preso, comenzando la odisea del protagonista por sacarle de la cárcel. Desde ese momento, la pareja de directores nos introducirá en una ciudad intoxicada. Un enorme salto de escala respecto a su anterior filme, Heaven Knows What (2014), en el que se desprendía una verdad pura sobre el amor desde la drogadicción. Esta vez, la brutal dirección de los Safdie nace de la acidez. Intensifican una textura grasienta para colocar a su antihéroe en un torbellino de adversidades. Pese a los códigos de honor, Connie sólo sabe perder. Principios existenciales que convierten a Good Time en una obra de culto instantánea. Más allá de la importancia de los directores y Robert Pattinson, su compañía también está en estado de gracia. Desde la aturdidora y omnipresente banda sonora de Oneohtrix Point Never hasta los secundarios, donde destaca un Buddy Duress que roba el espectáculo. Todos metidos en el lodo hasta arriba. No obstante, continuarán corriendo enérgicos por el laberinto. No pueden ni quieren escapar de la decadencia neoyorquina. También se puede pasar un buen rato en el infierno.

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Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

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