Los desheredados (2017), de Laura Ferrés – Crítica

Los desheredados

En medio de la crisis económica, Laura Ferrés retrata a su padre en la transición hacia un futuro incierto. Pues gracias a la cálida mirada familiar, Los desheredados ha conseguido el Premio Descubrimiento Leica Cine al mejor cortometraje de la Semana de la Crítica del Festival de Cannes.

Mientras transcurre una comida corriente entre un padre y una hija; al fondo, se percibe la noticia del inminente rescate bancario de España. La crisis económica está irrumpiendo en sus vidas de forma sigilosa y fatal. Pronto, ambos serán desheredados del negocio familiar, una empresa de autocares, desvaneciéndose al instante todo el trabajo realizado en el pasado. Estos dos afectados que encabezan Los desheredados son precisamente la abuela y el padre de Laura Ferrés, la directora y guionista del mismo. Pues con su segundo cortometraje, tras A perro flaco (2014), ha realizado un retrato de su familia en el momento de perder su sustento y deber recomponerse. Si el año pasado Timecode (2016) de Juanjo Giménez lograba la Palma de Oro al mejor cortometraje en Cannes, la joven directora catalana ha tomado el relevo al conseguir el Premio Descubrimiento Leica Cine al mejor cortometraje de la Semana de la Crítica. Un extraordinario éxito que vuelve a resaltar el nombre de su productora, Valérie Delpierre, también presente en la mejor ópera prima de la Berlinale: Estiu 1993 (2017) de Carla Simón. Porque es indicativo que el talentoso equipo que ha colaborado con Laura Ferrés no ha recibido remuneración económica. Y en sentido opuesto al de su obra, deja un poso indudable: su futuro es ilusionante.

Acabamos de entrar en un túnel. La oscuridad gobierna la pantalla y se escucha el ruido del motor. Gradualmente, va a apareciendo la silueta del conductor. El personaje que maneja el autocar es Pere Ferrés, el padre de la directora. A sus 53 años, esa penumbra parece ser el único rumbo de su viaje. Tras toda una vida, y la de sus generaciones pasadas, luchando por sacar adelante el negocio familiar; el único destino a la vista es su cierre. Pero más allá del futuro desesperanzador, la luz tomará protagonismo gracias a la actitud de Pere. La situación es grave y él se siente desamparado. Entre la crisis y los nuevos medios de transporte, su alrededor se transforma sin tiempo para poder adaptarse. Han pasado años desde que su profesión fuera respetada por los niños a quiénes llevaba al colegio, mientras que en la actualidad sufre el desprecio a su dignidad en incontrolables despedidas de soltero. No queda otra opción que recomponerse. Comenzar una nueva etapa que a primera vista parece inviable. Sólo queda atraer a la luz desde todo lo sufrido. Pues la oscuridad se oculta cuando Pere enciende un mero cigarrillo. Una llama con un gran cartel de prohibido fumar a sus espaldas. No se va a rendir.

En el almuerzo junto a su madre, el protagonista le expone que únicamente espera que la empresa acabe mejor que sus relaciones. Una sentencia amparada en la resignación y el humor, mas cruelmente veraz. Si la utilización de la luz engloba la situación económica de Pere y de su generación, el sonido sirve para ahondar en un estudio más emocional. En contraposición a la falta de luminosidad, el sonido se expande y se retroalimenta de manera imparable. En los últimos tiempos, la nave industrial donde se guardan los autocares ha sido conquistada por el vacío. Un panorama fértil para un eco que es la única compañía de Pere. Siempre acompañado de la fotografía de Agnés Piqué Corbera, que logra imprimir trascendencia a los múltiples espacios inhabitados. Pues la directora apuntaba que una de la referencias a la hora de realizar el corto había sido Aki Kaurismäki, un maestro filmando el desamparo de estos lugares industriales. Aunque, otra vez, Laura Ferrés consigue engrandecer a Los desheredados mediante los contrastes, esta vez referido al tono. Las colaboraciones de Joe Crepúsculo y Manos de Topo en la banda sonora repelen al dramatismo por momentos. Ya que el antídoto del protagonista contra la invasión del eco es bailar y cantar.

Frente a la falta de incentivos vitales y la necesidad de volver a empezar, el cortometraje de Laura Ferrés no se puede entender de otra forma que no sea como un cariñoso retrato familiar. Los desheredados es una combinación de ficción y documental que logra su objetivo por la concisa y afectuosa mirada de su directora. Ella comprende profundamente la situación y los sentimientos despertados, dando espacio tanto al desconsuelo como al humor. Al final, el corto se reduce a la reformulación de sus recuerdos a través de tres generaciones de su familia: su padre, su abuela y ella detrás de las cámaras. Una comunión inquebrantable y que impregna al relato de una calidez auténtica, la verdadera fuerza de Los desheredados. Porque la unión familiar no es la solución a la triste etapa que vive el protagonista, mas es el único camino para sortear la oscuridad y el eco. En la misma comida escuchando las noticias, la abuela de Laura Ferrés se muestra preocupada porque se pierda el apellido familiar por la falta de nietos. Lo que nos lleva a reflexionar sobre el peso de la herencia familiar y la desheredación económica. Y sin la primera, nada de la segunda importa.

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Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

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