Así habló Tyler Durden: Nietzsche según El Club de la lucha

El Club De La Lucha – o Fight Club – es considerada como película de culto. Basada en el libro que lleva su mismo nombre, en parte debe su fama al amplio contenido filosófico que rezuma, pues en ella se haya arraigado gran contenido del pensamiento de Friedrich Nietzsche.

Para expresarme con total libertad, hablaré con spoilers. Y una vez dicho esto, trataré como “narrador” al personaje de Edward Norton.

La cinta recibe una gran influencia de uno de los libros más influyentes de Nietzsche, de tal manera que esta constituye el lienzo y Así Habló Zaratustra el pincel. Siendo una de las obras principales del pensador alemán, la cual recoge las ideas más importantes sobre las que se asienta su programa, entre otras cosas, precisa la necesidad de una serie de transformaciones del espíritu – dos en concreto – para la metamorfosis del hombre en superhombre.

“Únicamente cuando se pierde todo somos libres para actuar.”


I. El camello

En el inicio, nos encontramos a un narrador triste y pesimista, rasgos que desembocan en un estado de vacío existencial e infelicidad. Su negatividad es tal, que el espectador es capaz de llegar a sufrir un contagio y sentirse influenciado.

Se halla esclavizado por el consumismo y la rutina. La necesidad de poseer bienes materiales y sentirse aceptado por la sociedad logra apoderarse de él y consumir su espíritu, encarnando un ejemplo claro de lo que para Nietzsche es un hombre débil, un hombre moldeado por lo mundano y por la sociedad, por la moral de rebaño en esencia. Con la carga de dicha monotonía, se levanta cada día para ir al trabajo y poder costearse dichos bienes materiales.

En Así Habló Zaratustra, este cuadro se corresponde con la imagen del camello, dócil y abnegado, el cual necesita un dueño que le dicte su deber. Para el camello, renunciar a sus deseos y llevar una carga de manera voluntaria, a pesar de lo que él quiera en verdad y piense, es una muestra de fortaleza. Para Nietzsche, sin embargo, no respetar la propia voluntad es un síntoma de debilidad e hipocresía.

Análogamente, el narrador detesta su trabajo y se siente vacío y solitario, incluso alcanzando las metas que él mismo se autoimpuso. Se postra a merced de una sociedad capitalista que le hace ser prisionero del sistema, cárcel de sí mismo y verdugo de su propio espíritu. Hasta que conoce a Tyler Durden.

“Lo que posees, acabará poseyéndote.”


II. El león

A priori, es fácil pensar que Tyler Durden aterriza en la historia como un producto de una posible esquizofrenia del narrador. Pero ahondando un poco en el tema, se puede llegar a la conclusión de que Tyler juega otro papel: también es el espíritu indómito del león, fruto de la primera transformación del espíritu.

De esta manera, Tyler se muestra como una reencarnación del mismo Nietzsche que ha vuelto para corregir y enderezar al narrador, el cual representa lo que para Nietzsche es el hombre sumiso de la sociedad.

La primera transformación (de camello a león) comienza cuando el narrador y Tyler viven bajo el mismo techo y fundan El club de la lucha. Con pequeñas pero incesantes lecciones conceptuales, Tyler lo “disciplina” y lo va transformando poco a poco; le muestra el único sentido de la vida: la muerte.

Además, según Nietzsche, la religión es un cáncer de la sociedad occidental. Esta señala que lo valioso es extrínseco al ser humano, un ser superior al que rendir pleitesía y obediencia, eliminando la absoluta grandeza y capacidad del ser humano que tanto defiende. Es la escena en la que Tyler le quema la mano al narrador en la que se niega el valor de la religión y se ensalza la capacidad del hombre en solitario.

Poco a poco, el “yo debo” del primer estado del espíritu entra en confrontación con el “yo quiero” del segundo estado. Al final los anticuados y erróneos ideales de vida que pisotean la voluntad del narrador son destruidos y sustituidos por otros nuevos, implantados por Durden por medio de lecciones y demostraciones. El estado de sumisión torna en un sentimiento de fuerza y rabia errática que suprime la voluntad de someterse a cualquier señor que no sea él mismo, habiendo concluido satisfactoriamente la primera transformación:

“Salí de allí con la cabeza bien alta, sí, son señales de combatir. Sí, ahora me siento cómodo, al fin he visto la luz.”

“Primero has de aprender a no tener miedo y saber que algún día morirás. Únicamente cuando se pierde todo somos libres para actuar. […] Enhorabuena, estás a un paso de tocar fondo.”


III. El niño

Sin embargo, por muy nihilista que se vea el león, parece que no es suficiente, pues este es incapaz de engendrar valores que lo representen y guíen. Es necesaria una última transformación, el niño, creativo, imaginativo y libre.

La escena final es un reflejo de esta transformación: Tyler ha desaparecido porque ya no se le necesita, el narrador ya es superhombre. Los edificios derrumbándose constituyen una analogía de la destrucción de los valores que representan, y dejan un lienzo en blanco listo para que el niño dibuje en él. Ahora el niño tiene el pincel en la mano y tiene el poder de crear lo que desee.

El momento en que la pistola cambia a la mano del narrador vaticina el principio del final: la metamorfosis ha finalizado, ahora él es el dueño libre y creador de su propia realidad.

El club de la lucha es un canto a la libertad del hombre. Sus miembros no son más que otros hombres tratando de alcanzar la voluntad de poder, poniéndose al servicio con un hombre que por un lado es Tyler Durden y por otro es otro hombre tratando de liberarse. Según Tyler Durden, púgil implacable de contagioso espíritu, el auténtico escenario donde luchar es el interior de cada uno. Según Tyler Durden, para vivir antes hay que morir.

“Quiero en El club de la lucha a los más fuertes y listos de la zona. Veo mucho potencial, pero está desperdiciado. Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas. Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra. Ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual. Nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos. Lo que hace que estemos muy cabreados. “

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1 comentario

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  1. Samuel 7 Julio, 2017 at 20:50 Responder

    Hola Ignacio, enhorabuena por este artículo, me parece increíble ser el primero en comentar…
    No quiero ser pelota, pero veo que has leído a Nietzsche (vale es obvio) y lo has entendido. Yo leí ese libro por obligación en la carrera de Filosofía y no entendí casi nada… O mejor dicho, me hice el despistado, porque no quería aceptar lo que el filósofo realmente quería decir. Siendo católico, nunca vi con bueno ojos a este hombre, al fin y al cabo es el autor del libro “El Anticristo”. Pero no por ello puedo negar su gran lucidez.

    En cuanto a la peli, lo has clavado, muy bien.
    Nada más solo añadir que creo que este tema es omnipresente (como Dios, jeje) en muchas pelis actuales, y cada vez que veo una me martillea la cabeza esa maldita filosofía, y no me quedo tranquilo hasta que no encuentro un colega y le digo: “¿Tu también lo has olido? ¡Huele a azufre! ¡El malo de Nietzsche está detrás de todo!.”
    Otra que huele a Nietzsche es “Multiple” de Shyamalan ¿no? Ya me dices.

    Y como católico, podemos debatir si quieres, que aparte de hacer dogmas y quemar gente viva, algunos también razonamos algo.

    Enhorabuena otra vez por el blog. Un Saludo.

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