Romance en Tokio (2014), de Stefan Liberski – Crítica

Romance en Tokio

«Romance en Tokio es adecuada para todos aquellos que sientan una admiración hacia la cultura japonesa y les interese todo lo que emana de aquellas islas.»

Esta película belga tiene un título original que no engaña a nadie y que, por sí mismo, resume el guión: Tokyo Fiancée, que vendría a ser algo así como “prometida en Tokio”. Así que no es “destripar” la película decir que el tema va de una chica belga que “quiere ser” japonesa y que, animada por tan noble meta, se va al Imperio del Sol Naciente a enseñar lenguas (esto es, idiomas). Decir algo más si que sería revelar el argumento de la película y privar al espectador del placer de descubrirlo por sí mismo.

Se trata una película que tiene mucho de documental y de postal de esas que envían los turistas despistados a sus allegados. Tales postales se caracterizan por una perfección técnica de la imagen difícilmente igualable, pero, al mismo tiempo, por cierta frialdad en la imagen. El fotógrafo en su postal ha reflejado algo que, ni le va ni le viene, lo ha hecho con una técnica depurada pero sin que aquel parezca interesarle mucho. En esta película hay algo de esto. El Japón que nos muestra su director, Stefan Liberski, es completamente convencional; ha recorrido con la cámara unos paisajes y una sociedad, ciertamente hermosos y muy diferentes a los europeos, pero lo ha hecho con los ojos de un europeo al que le resulta lejana e incomprensible la vida en el Japón.

Se nota perfectamente cuando una película está dirigida por un japonés (mayor atención a los detalles, tiempos de reflexión y meditación, la naturaleza devorando al tiempo) o cuando un europeo realiza una película sobre el Japón (visión anecdótica sólo de aquello que llama la atención, curiosidad por detalles antropológicos y culturales que le resultan chocantes, banalidad en las tomas y, finalmente, el tiempo devorando a la naturaleza). Romance en Tokio es entretenida, dista de ser una obra maestra, pero tiene al menos la habilidad de contarnos muchas cosas sobre cómo un occidental ve aquel lejano país (que no es una réplica exótica de Europa, sino otra cosa muy diferente y compleja).

La película es adecuada para todos aquellos que sientan una admiración hacia la cultura japonesa y les interese todo lo que emana de aquellas islas. Esta película, posiblemente, no les satisfaga en sus filias culturales, pero, al menos, tendrá la habilidad de ofrecerles otro puntos de vista: el de los que llegaron al Japón desde Europa convencidos de que allí estaba la mejor forma de ver el mundo y de vivir la vida, y al cabo de un tiempo quedaron desengañados y se declararon incompatibles con lo que vieron.

Es curioso que, a pesar de que la cámara no recorra el “mejor Japón” y las imágenes que nos muestra sean, como hemos dicho, frías, en cambio el director fije su atención en la protagonista, Pauline Etienne, en su expresividad, en su rostro y en sus gestos. Es evidente que “quiere” y le interesa más la protagonista que el leit-motiv de la película. Algo que es de agradecer porque, la Etienne, joven actriz belga, desde 2009, cuando tenía 18 años, inició una prometedora carrera cinematográfica que, por el momento le ha reportado algún que otro premio internacional y varias nominaciones. De ella recordamos L’insurgée (2009), al alimón con un ya venerable Michel Piccoli, cuyo leit motiv era la rebeldía por encima de las generaciones (la Etienne y Piccoli aparecen como nieta y abuelo). La cinta le valió el Premio a la Mejor Actriz en el Festival Internacional de Jóvenes Realizadores de Saint Jean de Luz.

Para Romance en Tokio, la multiculturalidad no siempre es viable, y los choques culturales existen y de qué manera. Los europeos nos sorprenderíamos si supiéramos que la multiculturalidad es un valor que solamente tiene cierto prestigio en Europa y en las oficinas de la UNESCO. Pero fuera de estas reducidas superficies, cada país sigue arraigado a su identidad originaria. Japón, por ejemplo. Esta película nos habla de todo esto. Vanamente buscaríamos algo parecido a la multiculturalidad en China o en la India, en cualquier país árabe o africano. En Occidente, con demasiada frecuencia, la multiculturalidad se reduce a la gastronomía, y eso porque los tacos mexicanos, el sushi japonés, el pollo a la cantonesa o el ceviche, la pizza y los lingüini, satisfacen nuestros estómagos.

Romance en Tokio tiene una conclusión anti-multiculturalista. El hecho de que la cultura japonesa rechace que las personas se toquen al saludarse o que exista una diferenciación entre el rol de la mujer y el del varón, son, para la protagonista, algo más que peculiaridades antropológicas: son el principal obstáculo para convivir en pareja e, incluso, para residir –como verá el espectador– en el Japón posterior al tsunami que sacudió, fuerte y flojo, a Fukushima.

Obviamente no es la primera película que nos muestra la vida de un occidental en Japón. Romance en Tokio, es bastante más descriptiva que Mapa de los sonidos de Tokio (2009) de Isabel Coixet, en donde él es occidental y ella japonesa; menos brillante que Lost in Translation (2003) en donde la pareja protagonista son occidentales perdidos en Tokio; más realista que Kill Bill 2 de Tarantino, rodada íntegramente en Japón y que cae en estereotipos falaces sobre el Japón… Nos muestra simplemente el Japón visto por una occidental que aprende a amarlo en su Bélgica natal, pero que termina reconociendo que jamás podría vivir allí y unirse a un japonés.

La reflexión final de la protagonista –Amélie, por más señas– expresa, en las últimas escenas, finalmente, la pobreza de la reflexión de una europea trasplantada a un país que, resultó no ser como ella creía que fuera. Una amiga, en efecto, le pregunta sobre la viabilidad de un romance entre una europea y un japonés y ella responde que no, que no funcionará nunca, añadiendo que solamente puede funcionar entre una japonesa y un europeo… al ser la japonesa más sumisa y el europeo más igualitario. Una de las declaraciones de eurocentrismo más sorprendentes que hayamos visto en la pantalla desde las películas de Tarzán o desde Tintín en África.

Así pues, la película es susceptible de suscitar polémicas y debates encontrados. Si quiere un consejo, vaya a verla acompañado, así tendrá con quien discutir a la salida.

Romance en Tokio

Sinopsis Amelie es una joven belga soñadora de 20 años que vuelve a Japón, donde pasó parte de su infancia. Allí da clases privadas de francés para ganarse la vida, y es así como conocerá a Rinri, su primer y único estudiante, un joven japonés con el que entablará un romance. Entre sorpresas, momentos felices y escollos en mitad de un choque cultural, Amelie descubrirá un lado de Japón que nunca antes había conocido.
País Bélgica
Director Stefan Liberski
Guión Stefan Liberski
Música Casimir Liberski
Fotografía Hichame Alaouie
Reparto Pauline Etienne, Taichi Inoue, Julie LeBreton, Alice de Lencquesaing, Akimi Ota, Hiroki Kageyama, Tokio Yokoi, Hiromi Asai, Shinnosuke Kasahara, Masaki Watanabe, Miho Suzuki
Productora Coproducción Bélgica-Francia-Canadá; Versus Production / Les Films du Worso / Forum Films / Radio Télévision Belge Francophone (RTBF) / Belgacom
Género Romance
Duración 100 min.
Título original Tokyo Fiancée
Estreno 22/04/2016

Trailer

Calificación6
6

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Amor Díaz Boyero

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

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