Sexo fácil, películas tristes (2014), de Alejo Flah – Crítica

Sexo fácil, películas tristes

Escribimos estas líneas justo después de haber visto varias entrevistas televisivas a Quim Gutiérrez y Marta Etura promocionando esta película. Contar con entrevistas en exclusiva para promocionar una película es lo que todo director de marketing desearía para promover su producto. Y es que el público acude a las salas de proyección porque algo ha oído de una película y siente curiosidad. Una vez vista la cinta es cuando el espectador puede juzgar por sí mismo si le han dado gato por liebre o si está agradecido a quienes le recomendaron verla. Y en ‘Sexo fácil, películas tristes‘ saldrá decepcionado. Mucha promoción para un producto menos que mediocre.

¿Cómo escribe una historia de amor un guionista decepcionado por el amor? Tal es el leit-motiv de esta cinta firmada por Alejo Flah, coproducción hispano-argentina. Hay que decir que Flah es, al mismo tiempo, guionista de esta película, algo que debería haber facilitado la intercomunicación entre dirección e ideación. Pero en la mejor tradición psiquiátrica argentina, Flah está “disociado”, parece como si hubiera dado vida a una historia de la que no sabe cómo salir, mientras que en su faceta de director no está en condiciones de dar ritmo a la trama y transmitir entusiasmo a los actores. Estamos ante una película que, de verse en televisión, hubiera inducido a hacer zapping a los cinco minutos de comenzar.

La película puede definirse como exclusivamente “alimentaria”: es uno de tantos productos en los que todas las partes implicadas están ahí, participando en el proyecto porque a fin de mes tienen que pagar facturas. Quien esto escribe, lamenta dar una crítica negativa a unos actores como Quim Gutiérrez o Ernesto Alterio, por los que siente la mayor simpatía, pero, así mismo reconoce, que desde poco después de apagarse las luces y comenzar la proyección, se ha movido y removido sobre el asiendo, aburriéndose con esta historia realizada sin convicción por todas las partes implicadas. Algo que no se puede hacer con el sufrido público, el cual, una y otra vez se sienta esperanzado ante la gran pantalla esperando, sino maravillarse, sí al menos ver una historia que justifique lo pagado por el ticket.

No hay química entre los personajes de ficción. Marta Etura no transmite en esta ocasión emoción alguna. Su sonrisa es plana, casi como una máscara. La “atracción profunda” que, según la publicidad de la película, debería de haber surgido entre los dos protagonistas, es invisible para el espectador. Tanto Quim Gutiérrez como Marta Etura recitan su papel mecánicamente con el mismo interés que un servicio telefónico de atención al cliente. Los movimientos de la protagonista femenina son tan acrobáticos, rápidos y elásticos que ni siquiera consiguen transmitir erotismo cuando la circunstancia lo exige.

Las historias de amor tienen un problema: para emocionar –se trata, a fin de cuentas de jugar con los sentimientos del espectador y conseguir que nuestras neuronas espejo activen en nosotros emociones. Las mismas emociones que están sintiendo los protagonistas– la historia debe ser buena. Si es mediocre o, simplemente mala, lo que conseguirá es aburrirnos soberanamente. El amor es quizás una de esas pulsiones en las que los humanos llegamos al límite en la expresión de nuestros sentimientos. En general, nunca creemos que podamos vivir en nuestra cotidianeidad una historia de zombis o de vampiros, solemos identificarnos algunas veces con el protagonista de una película de acción y nos gustaría ser Lara Croft o la Ripley en la nave Nostromo, y, por supuesto, Indiana Jones, viajando por el mundo sin pasar por una línea de low cost. Pero sabemos que todo eso nunca nos pasará a nosotros. Nunca nos cruzaremos en nuestras vidas con el Leatherface de ‘La Matanza de Texas‘, ni con el Coronel Trautman, tutor de Jhon Rambo, ni con el agente Ethan Hunt de ‘Misión Imposible‘. Pero con las historias del amor es diferente: todos ansiamos vivir una intensa relación sentimental. De todo lo que importa en la vida, sin duda, el amor está en la cúspide. Entra dentro de nuestras aspiraciones más modestas y más íntimas. De ahí que este tipo de argumentos requieran un esfuerzo y una precisión mayor que cualquier otro género cinematográfico.

A pesar de la simplicidad estructural de una película romántica, existen ciertas dificultades en su realización. La primera es elaborar un producto original que no sea una reiteración clónica de algo ya filmado. El cine ha cumplido 130 años desde que los obreros de la fábrica Lumiére fueron inmortalizados y se han filmado miles de historias de amor. Si alguien intenta este género y aspira a sorprender, deberá hacer algo que no se haya hecho antes, o superar algo ya visto. La estructura argumental de este género es simple (chico-conoce-chica, chico-se-enamora-de-chica, chico-chica-luchan-por-su-amor) así que habrá que reconocer audacia o inconsciencia a quien trate de penetrar de nuevo en esta temática. O, acaso, ambas.

El arranque argumental de ‘Sexo fácil, películas tristes‘, responde a la audacia del guionista que aspira a penetrar en terrenos no explorados aún por el género amoroso. De hecho, Flah se ha limitado a hacer algo que ya había hecho Marc Foster en su película ‘Más extraño que la ficción‘ (2006), sólo que Foster trabajaba el género de la comedia fantástica y Flah recupera la imagen del escritor que debe construir una historia de amor.

Es la tercera cinta en la que participa este director-guionista argentino. En 2001 fue uno de los guionistas del documental ‘Rerum Novarum‘, que no se estrenó en España. La segunda, ‘Vivir de Negro‘ (2010), pasó sin pena ni gloria acaso por ser un corto de apenas 12 minutos. Cuentan las crónicas que hace 10 años (en 2005) Flah era el co-guionista de la serie televisiva ‘Vientos de agua‘, de trece episodios de los que solamente dos se proyectaron en Tele5, siendo cancelado el resto por falta de audiencia. En Argentina no tuvo mucha más suerte. No es una gran filmografía y seguramente a esta guionista y director no le ha llegado todavía su “gran hora” y, mientras, va aquilatando experiencia y preparación técnica.

De los actores que participan en esta película no puede decirse gran cosa. Desde luego, no se les recordará precisamente por su presencia en ‘Sexo fácil, películas tristes‘. Es significativo que en la publicidad que recibimos al entrar en la sala, la primera frase que encabezaba, bien visible, la hoja se recordara que está cinta es “De los productores de ‘Ocho apellidos vascos‘”. Está claro que, una vez montada la película, se vio que el resultado solamente podía apoyarse en un éxito anterior, más que en sus valores intrínsecos. Cuando se recurre a esta argucia publicitaria está claro que todas las partes que han participado en el proyecto son conscientes de que se han quedado cortos y optan por vincularla a referencias previas que hayan tenido éxito en taquilla. Créanme: desconfíen de películas cuya promoción se basa en esta estrategia.

El cine es algo muy serio porque el espectador confía en los buenos oficios del equipo que ha hecho una película y le dedica un tiempo de su vida para verla. Y es un tiempo que no vuelve: si la película es buena, lo daremos por bien empleado, si es mala, consideramos que nos hubieran robado esos minutos. Por eso el espectador debe ser cuidadoso con lo que decide ir a ver. Por eso, también, la industria del cine tiene la inmensa responsabilidad de evitar películas alimentarias, mediocres o simplemente nulas. Una película debe ser algo más que su promoción. En sí misma, una película debe ser un producto digno que aporte algo al público (sensación de ocio satisfecho, un recrearse ante las imágenes de indudable belleza, transmitir sensaciones, inducir a la reflexión, alegrarnos la vida, etc.). Ese “algo” está completamente ausente en ‘Sexo fácil, películas tristes‘. Hubiera sido mucho más exacto titularla simplemente Triste película.

Sexo fácil, películas tristes

Sinopsis El guionista argentino Pablo recibe el encargo de escribir una comedia romántica ambientada en Madrid. Sin embargo, Pablo entra en crisis.
País España
Director Alejo Flah
Guión Alejo Flah
Música Julio de la Rosa
Fotografía Julián Apezteguia
Reparto Quim Gutiérrez, Marta Etura, Carlos Areces, Ernesto Alterio, Julieta Cardinali, Bárbara Santa Cruz, Monica Antonopulos, Luis Luque, María Alche, Óscar Arnaiz, Joëlle Zilberman
Productora Coproducción España-Argentina; Icónica / Lazonafilms / Televisión Española (TVE) / Utópica Cine
Género Romance
Duración 91 min.
Título original Sexo fácil, películas tristes

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Calificación4
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Amor Díaz Boyero

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

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