Shin Godzilla (2016) – Crítica

«Shin Godzilla es ingeniosa, como toda buena parábola de ciencia ficción, y habla del mundo real utilizando como excusa cosas que sabemos (o creemos) imposibles»

Primero, un poco de historia…

El personaje de Gojira, el lagarto radioactivo gigante, nace en 1954 con el filme de Toho (productora de cine japonesa) del mismo nombre. En USA fue rebautizado como Godzilla, nombre que conservó para sus apariciones en occidente. La película era una especie de remake no autorizado del largometraje americano The Beast of 20000 fathoms que contaba con los efectos especiales del gran Ray Harryhausen. La versión oriental era, eso sí, mucho más triste y oscura.

Esto inauguró en Japón el género “Kaiju–Eiga” (o películas de monstruos gigantes).

Durante los años 50, los 60 y hasta bien entrados los 70, Godzilla protagonizó un buen número de títulos, que se iban volviendo progresivamente más infantiles, hasta que el terrible monstruo que había arrasado Tokyo se convirtió en un héroe no muy diferente a Ultraman. A esta serie se la conoce como “Showa” o “clásica”.

En 1984, coincidiendo con el 30 aniversario del primer filme, aparece una nueva película en la cual el lagarto vuelve a ser una bestia destructiva que amenaza la supervivencia de la humanidad. Su éxito permitió la producción de numerosas secuelas, todas ellas con personajes comunes que enlazan en una especie de supernarrativa serializada, no muy distinta a la de los tebeos Manga. A esta serie se la conoce como “Heisei” o “moderna”.

En 1998, TriStar pictures produce una versión 100% americana del mito, una idea que llevaba años dando vueltas por Hollywood. El director escogido es Roland Emmerich y el resultado es una peli entretenida, aunque también bastante estúpida, y que cuenta con un monstruo que de Godzilla tiene el nombre y poco más.

Para recuperar la imagen del personaje (irremediablemente dañada tras el invento de Emmerich), Japón produce un nuevo filme en 1999, bajo el poco imaginativo título Godzilla 2000. Tras esto, llegará una tanda de películas conocidas como la serie “Millenium”. Dicha serie termina en 2004 con Godzilla Final Wars.

Pero que el “Final” del título no engañe a nadie. No hay final para las leyendas.

El lagarto vuelve en 2014, de nuevo con equipo americano. Esta nueva intentona está ejecutada por auténticos fans del personaje y se trata de una reinvención contemporánea de las películas de los 60, con un Godzilla heroico que lucha contra monstruos peores que él. El filme tiene buenas ideas, y está rodado con gran maestría, pero, por desgracia, cuenta con el peor protagonista de la historia de la humanidad (Aaron Taylor-Johnson como Ford Brody) resultando, por tanto, un tanto aburrido.

Sólo dos años después los japoneses recuperan a su icono más internacional (obviando a Super Mario). Las razones de Toho son meramente económicas pero no se puede juzgar un libro por las necesidades de su escritor.

Dicho todo esto, ¿sale bien parada Shin Godzilla de la comparación con sus numerosas predecesoras? La respuesta es un rotundo sí.

Para empezar, nos sorprende con su comienzo “in media res”. La amenaza es introducida en cuestión de segundos y contamos con la primera aparición del monstruo antes del minuto 8. También sorprende la atrevida dirección, que intercala la narrativa principal con imágenes de estilo documental. Esto nos recuerda, obviamente, al Cloverfield de 2008, pero mientras que aquella era una aventurilla de un grupo de adolescentes descerebrados sin más moraleja que “el amor puede con todo”, esta Shin Gojira es una sátira política más cercana a Gracias por fumar o In the Loop que a los herederos del rey Kong. Se hace uso de material de archivo, videos de baja calidad e incluso fotografías, para construir un hiperrealismo cinematográfico muy alejado de otros títulos de la misma serie.

La historia es la siguiente: hay un terremoto, se hunde un túnel y, de la bahía de Tokyo surge lo que parece ser la cola de un animal desconocido. Ningún personaje ha oído hablar jamás de “Godzilla”. Sin embargo, el guión entiende que nosotros sí sabemos quién es, y se propone sorprendernos en cada escena tomando rutas muy diferentes a las que podríamos esperar.

Hay claras referencias al incidente de Fukushima y a la desastrosa actuación del gobierno nipón. El primer ministro de Shin Gojira es igualmente un pelele con buena presencia, pero dubitativo y al cual la crisis le queda grande. Un anciano rodeado de aduladores e idiotas que ni siquiera pueden decidir la hora de la siguiente reunión.

La película no es abiertamente cómica, pero tampoco pretende provocar la carcajada. Es ingeniosa, como toda buena parábola de ciencia ficción, y habla del mundo real utilizando como excusa cosas que sabemos (o creemos) imposibles.

Habla de la torpeza de los representantes electos, de las trabas de la burocracia, del molesto protocolo japonés… pero, en el camino, no comete el error de alabar a las fuerzas armadas, como haría una cinta de propaganda fascista. No. El ejército aparece retratado de forma igualmente caricaturesca, haciendo especial hincapié en la inefectividad de la cadena de mando.

El gobierno cuenta con una cantidad de tiempo obscena entre el primer y el segundo ataque de la criatura y, a pesar de la tregua, son incapaces de hacer nada de provecho más que arrancar a la gente de sus hogares.

Pero el filme no guarda veneno únicamente para la clase política y militar: también se burla abiertamente de los supuestos expertos, de los académicos, de los ecologistas, de los “nerds” y hasta de la gente común que, al borde de la destrucción absoluta, tiene tiempo para comentar en un video de youtube.

Cuando la situación es crítica, entra el gobierno americano. Y su ataque es, literalmente, peor que el del propio Godzilla.

Hablando de los americanos: mientras que estos trataban de otorgar cierto aire noble a su versión de Godzilla, los japoneses han hecho exactamente lo contrario. No existe nobleza alguna en esta criatura. Es una abominación odiosa, repugnante y grotesca, a ratos ridícula y a ratos aterradora. Un engendro antinatural sin más motivación que la propia supervivencia y que destruye cuanto encuentra a su paso, acabando sin miramientos con la vida de la población civil, incluyendo mujeres y niños.

Por otro lado, este enfoque abiertamente irónico puede afectar negativamente a la empatía de cierto sector del público. Salvando un par de excepciones, aquí no hay personajes con los que conectar. Esto no es un problema para hablar de la situación política de 2017, pero lo es cuando la gente es aniquilada y no podemos sentir el peso de esas muertes.

Aunque la cinta esquiva sus carencias presupuestarias con notable ingenio, hay algunos planos en los cuales los efectos especiales podrían ser mejores. No tengo ningún problema con los planos del Tokyo devastado, pero sí con alguna de las apariciones de nuestro protagonista radioactivo. Me resulta curioso que se haya optado por hacer a la bestia 100% en animación 3D, cuando, precisamente, se mueve como una marioneta y la textura de su piel parece goma. Igual con el clásico disfraz, la cosa habría quedado mejor.

Tampoco estoy muy de acuerdo con la selección musical de algunos momentos (aunque me gustaría romper una lanza a favor de la inclusión de los temas originales de los años 50 en los títulos de crédito).

En cualquier caso, Shin Godzilla es un buen “Kaiju–Eiga”, y me atrevería a decir que una película necesaria en los tiempos que corren.

Quizás no reconozca en ese demonio de magma ardiente al personaje que tan buenos ratos me ha hecho pasar de crío, pero tampoco lo necesito: es una metáfora con patas. Una metáfora de cien metros de altura, que expulsa fuego y aplasta rascacielos. Un regreso a los orígenes, a 1954.

Nos recuerda la falta de respeto que el hombre tiene por la naturaleza en un momento en el cual el calentamiento global es negado por buena parte de los gobiernos de occidente. Nos recuerda el horror de las armas atómicas en un momento en el cual el presidente electo de EEUU ha dicho abiertamente que no entiende porque no se hace uso del arsenal nuclear. Nos recuerda nuestra fragilidad ante los desastres.

Si vamos a seguir teniendo cine de fantasía y ciencia ficción, tiene que ser un cine inteligente y mínimamente comprometido.

Y es que, como dice uno de los personajes de la película: “los hombres me asustan más que Godzilla”.

Sinopsis Godzilla, fuerza destructiva insondable para el hombre, resucita en el Tokio de hoy en día para acosar de nuevo ala civilización. Un país aún atormentado por las secuelas de un desastre natural, experimenta de repente el horror catastrófico de Godzilla. Apremiado por la muerte y la desesperación, Japón deberá encontrar el poder para superar este desafío.
País Japón
Director Hideaki Anno, Shinji Higuchi
Guión Hideaki Anno
Música Shirô Sagisu
Fotografía Kosuke Yamada
Reparto Satomi Ishihara, Hiroki Hasegawa, Yutaka Takenouchi, Akira Emoto, Kengo Kôra, Jun Kunimura, Ren Ohsugi, Mikako Ichikawa, Pierre Taki, Mark Chinnery
Género Ciencia ficción
Duración 120 min.
Título original Shin Gojira
Estreno 20/01/2017

Trailer

Calificación7
7

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Enrique Dueñas

Enrique Dueñas , escritor y guionista, aficionado al género fantástico y la tarta de queso.

1 comentario

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  1. Cristina 23 Enero, 2017 at 19:46 Responder

    Tuve la oportunidad de verla esta semana y me ha gustado mucho, la palabra que me viene a la mente para calificarla es “inteligente”.

    En la sala había bastantes niños, de unos 12-13 años, que disfrutaron tremendamente, pese a ser una versión original subtitulada.

    Me hizo mucha ilusión-friki escuchar cómo se sabían la historia de Godzilla, el nombre de la Toho… seguro que tienen unos padres majos y divertidos.

    Pero no es una “película para niños”, todo amante del cine puede disfrutarla… y seguro que se sorprenderá más de una vez.

    Tiene en común con “The Martian”, su amor por la ciencia para resolver problemas, y además añade buenas dosis de sátira política-light y crítica a la burocracia.

    Siento que no le hayan dado más difusión en España, pero sí recomiendo la compra del DVD para quien se la pierda.

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