Timbuktu (2014), de Abderrahmane Sissako – Crítica

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Hay que agradecer al director el que haya convertido, como pocas veces en la historia del cine, la primera escena en un paradigma, exacto y poético, de lo que va a ser toda la película. Si, por lo que fuera, nos perdiéramos todo el resto de la película, si tuviéramos la mala idea de pensar que el cine africano es un cine de segunda y que de aquellas tierras sólo nos pueden llegar manteros y pasaje de cayucos, bastaría con ver la primera escena para entender lo que nos quiere decir el director en los siguientes 95 minutos. Así que estén atentos a esas primeras imágenes que les dirán mucho sobre la capacidad de síntesis y la sensibilidad artística del director de ‘Timbuktu‘, el mauritano Abderrahmane Sissako.

Situemos al lector: Timbuktú (o Tombuctú), la “ciudad de los 333 santos”, situada en Malí, no se parece en nada al concepto que tenemos de ciudad. Pero la película no nos habla de la famosa y mítica ciudad sino de la región del mismo nombre que se extiende entre Malí y Mauritania, la zona en la que transcurrió la infancia y adolescencia de Sissako. La zona pertenece al Sahël, una franja horizontal que se extiende por toda África más allá del Sáhara y hasta el origen de las selvas africanas. Es una zona de expansión del Islam africano. De eso trata la película: de la destrucción de la cultura autóctona por parte de “misioneros” yihadistas recién llegados.

Si alguien cree que toda esta temática nos queda demasiado lejos, los recientes atentados islamistas de París demuestran demasiado a las claras que la Yihad está cerca de casa. Para colmo, si miramos en el mapamundi, veremos que hay casi tanta distancia desde Berlín a la sala de proyección en la que hemos visto la película, que desde ésta hasta Timbuktú.

La película está inspirada en un episodio real (la lapidación de una adolescente por haber mantenido relaciones fuera del matrimonio, violando así la sharia). El autor lo ha aprovechado para pintar un cuadro mural del momento actual de lo que, en rigor, podemos llamar “tragedia africana”. Hoy, cuando el colonialismo queda a más de medio siglo de distancia, el nuevo colonialismo protagonizado por los yihadistas utiliza métodos brutales para imponerse sobre las poblaciones. Esta película nos describe tales métodos y el efecto que ejercen sobre las poblaciones autóctonas.

Algunas escenas parecen de un surrealismo absoluto (niños jugando al fútbol con una pelota invisible, justo porque los yihadistas han prohibido… el uso del balón), pero no se engañen, Abderrahmane Sissako nos está describiendo un panorama tan exacto como el que Vittorio de Sica pintó en ‘El ladrón de bicicletas‘ (1948). Realismo en estado puro hasta el punto de que ‘Timbuktu‘ podría ser considerada como un documental, con tanto derecho como una cinta de ficción.

Si tuviéramos que comparar ‘Timbuktu‘ con alguna película de ficción, podríamos hacerlo con cualquier “distopía” (‘1984‘ de Radfort por ejemplo, o el ‘Farenheit 451‘ de Truffaut) o con películas que nos sugieren como un grupo concreto cambia radicalmente forzado por agentes llegados del exterior. Resulta inevitable recordar ‘La invasión de los ladrones de cuerpos‘ (Dom Siegel, 1956) y su interminable saga de remakes (‘La invasión de los ultracuerpos‘ de Kaufman en 1978, ‘Los secuestradores de cuerpos‘ de Abel Ferrara en 1993, o ‘The invasión‘ de Oliver Hirschbiegel en 2007), con el “pequeño” matiz que en ‘Timbuktu‘ los invasores son misioneros yihadistas y no extraterrestres (aunque frecuentemente lo parezcan).

No estamos ante una película con los ritmos trepidantes de los productos rodados en Hollywood, sino ante un producto africano, con otro ritmo, con otras tomas. Rica en símbolos, se trata de una película arraigada en aquella tierra (que por cerca que esté, no es la nuestra) y en un marco antropológico y cultural muy diferente del nuestro. Pero sería injusto pensar que una película africana tiene, necesariamente, que responder a los estándares europeos o norteamericanos. Existen muchas formas de “hacer cine”, la de Sissako es la forma africana. Tiene a su favor la belleza de los paisajes, lo sorprendente de las situaciones y la actualidad del conflicto que denuncia. En contra, que el espectador occidental busca más rapidez.

Por lo demás, la fotografía es buena, a ratos incluso logra climas poéticos. El guion, una síntesis de dramatismo, realismo, con algunos leves toques de humor. La última media hora podría haberse acortado ligeramente. La banda sonora, minimalista pero aceptable. Es importante constatar que todos los nombres que han participado en esta película son africanos y la cinta es una coproducción mauritano–francesa.

Abderrahmane Sissako es un hombre arraigado en la tierra que lo ha visto nacer a pesar de que buena parte de su vida se ha desarrollado en Francia. Nacido en Mauritania, con su familia se trasladó a Malí desde muy joven. Su infancia y primera juventud transcurrió, pues, en esa zona compartida por ambos países y que da nombre a la película. Su formación como director, sin embargo, no la realizó ni en su tierra natal, ni en su Francia de adopción, sino en el Moscú de la perestroika y la glasnost, en donde residió desde 1983 a 1989, justo cuando caía el Muro de Berlín. No es raro que su nombre sonara por primera vez en el Festival de Cannes en 1993 con un documental rodado en 35 mm en los arrabales de la capital rusa. Desde entonces ha repartido su producción entre el documental de denuncia y el cine de ficción. ‘Timbuktu‘ es una simbiosis entre ambos géneros.

Es uno de los pocos africanos que gozan de un reconocimiento merecido fuera de su país. Y por méritos propios, no por ser “el negro de la película”. Muestra de esa consideración es que ha desempeñado funciones como jurado en los festivales de Cannes y de Angers. A las denuncias contra la globalización y sus efectos colaterales en el Sahël, contra los abusos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, se ha unido ahora esta otra contra la yihad y la pérdida de identidad africana.

Eso demuestra mucho valor. Es inevitable recordar aquí a Theo Van Gogh, asesinado en Holanda el año 2004 por haber rodado un documental sobre la ausencia de derechos de la mujer entre las sociedades islamizadas (‘Submission‘, 2004, con guión de Ayaan Hirsi que había sufrido en su propia piel dicha discriminación), sin olvidar el reciente atentado contra el semanario Charlie–Hebdo por publicar caricaturas de Mahoma. Y es que hoy, atreverse a criticar al Islam es algo que solamente está al alcance de los muy osados o de los muy irresponsables. Sissako pertenece a los primeros. Lo que cuenta ha ocurrido, está ocurriendo en estos momentos. Créanme, no es ninguna broma.

La moraleja: que al final, quienes tanto prohíben se quedan solos con su locura.

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Sinopsis En 2012, en la ciudad maliense de Tombuctú, una joven pareja fue brutalmente lapidada por islamistas. No estaban casados, y eso para sus verdugos constituía un grave delito contra la ley de Mahoma.
País Mauritania
Director Abderrahmane Sissako
Guión Abderrahmane Sissako, Kessen Tall
Música Amin Bouhafa
Fotografía Sofian El Fani
Reparto Abel Jafri, Hichem Yacoubi, Kettly Noël, Pino Desperado, Toulou Kiki, Ibrahim Ahmed, Layla Walet Mohamed, Mehdi A.G. Mohamed, Fatoumata Diawara, Adel Mahmoud Cherif, Salem Dendou, Mamby Kamissoko, Yoro Diakité, Cheik A.G. Emakni, Zikra Oualet Moussa, Weli Cleib
Productora Coproducción Mauritania-Francia; Armada Films / Les Films du Worso / Dune Vision
Duración 100 min.
Género Drama
Título original Le chagrin des oiseaux

Calificación7
7

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Amor Díaz Boyero

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

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