Tres recuerdos de mi juventud (2015), de Arnaud Desplechin – Crítica

Tres recuerdos de mi juventud

«Arnaud Desplechin vuelve a la gran pantalla con Tres recuerdos de mi juventud, donde planea la sombra de François Truffaut y sus Cuatrocientos Golpes. Una reconciliación con el pasado visto siempre con emotividad, sensibilidad y sentimiento.»

No en vano, el francés Arnaud Desplechin es considerado uno de los mejores realizadores de Francia, ya que lo ha demostrado ampliamente en films como Comment je me suis disputé… (ma vie sexuelle), que en 1966 fue nominada a la Palma de Oro en Cannes, o la magnífica Reyes y Reina (2004), premiada en el festival de Venecia, sin olvidarnos de la memorable Un cuento de Navidad (2008), que fue aclamada por la Asociación de Críticos de Chicago y premiada en los Cesar en el apartado de Mejor Actor, y Jimmy P. (2013), ovacionada en el festival de Sevilla. Tras un breve paréntesis para trabajar en televisión, concretamente en la realización del film La forêt (2014), Arnaud Desplechin vuelve a la gran pantalla con la esplendida obra Tres recuerdos de mi juventud (Trois souvenirs de ma jeunesse),  donde la sombra de François Truffaut y sus Cuatrocientos Golpes planean a lo largo de la cinta, estructurada en el clásico formato de muñeca rusa, una reconciliación con el pasado visto siempre con emotividad, sensibilidad y sentimiento. Así como Jean-Pierre Léaud fue el alter ego de Truffaut, Arnauud Desplechin desdobla su identidad en su actor fetiche por excelencia, Mathieu Amatric.

La cinta se divide en tres partes: Infancia, Rusia y Ester. Sin ninguna duda nos presenta a las dos primeras como un nexo imperceptible, misterioso, impalpable y etéreo, para mostrarnos al primer amor, Ester, y todo el sentimiento volcado, desde el impulso y la tentación irrefrenable a la individualidad y la visión ambigua de ambos, la melancolía y la añoranza de dos seres tímidos, a menudo turbados por la realidad que les rodea, los fulgurantes, creativos y misteriosos años 80, la caída del Muro, las nuevas perspectivas… todo un ejercicio de memoria. Arnaud Despechin nos lo relata de una forma literaria, y para ello utiliza todo lo que está a su alcance: planos convenientemente medidos a los rasgos predominantes de cada personaje, la expresión gestual y facial acompañada de un buen trabajo de fotografía a cargo de Irina Lubtchansky, utilizando toda una paleta de colores para remarcar las escenas, desde una gama de colores marrones opresivos para el capítulo de Infancia, pasando por los tonos pastel para relatarnos la sección Rusia, hasta la majestuosidad de Ester, donde todos los colores son posibles, hasta los azulados para las escenas de cierto erotismo. Precisamente, en este apartado, aparece una voz en off para que el espectador se distancie ligeramente de la historia y que el relato íntimo acentúe el dramatismo (por llamarlo de alguna forma) de nuestros protagonistas, y no sea literalmente engullido por la reflexión, ni por las miradas profundas o los suspiros que mezcla con un lenguaje vitalista. En ese preciso momento, en esa pequeña distancia que toma de la historia, es cuando Despachin propone toda una rebelión estética fiel a la Nouvelle Vague, para luego hundirnos nuevamente en una historia de pasión, de la búsqueda de la propia identidad, de dos jóvenes inadaptados, o tal vez, es la propia realidad la que no logra adaptarse a su amor, dos seres diferentes que se complementan perfectamente y que solo son capaces de comprenderse a sí mismos cuando se miran en los ojos del otro.

En cuanto a los actores remarcamos un más que correcto Mathieu Amairic interpretando a Paul Dedalus adulto, aunque el verdadero peso de la película lo llevan Lou Roy-Lecollinet en su papel de Ester y Quentin Dolmaire en la piel de Paul Dedalus joven, ambos actores noveles, para los cuales éste es su primer largometraje y que, de seguir así, les auguramos una gran carrera.

Antes de finalizar, diremos que hay un pequeño epílogo para terminar de cerrar el círculo, o no cerrarlo, ya que el final es totalmente abierto a cualquier suposición: es una de esas preciosas historias que continúan cuando las luces se han apagado. En definitiva, podemos afirmar con toda seguridad que de la mano de Arnaud Despachin, el cine francés de calidad ha reaparecido con una inmejorable cinta que busca constantemente que cada palabra sea poética, que exprese los sentimientos como un íntimo recuerdo propio en el que predomina la subjetividad, y en donde su director grita al público: todo aquello que se hace hay que hacerlo con verdadera pasión, de lo contrario, es mejor no intentarlo.

No la dejen pasar. Inolvidable.

Tres recuerdos de mi juventud

Sinopsis Paul Dedalus deja Tayikistán recordando su infancia en Roubaix, las locas crisis de su madre, el vínculo que le unía a su hermano Ivan, niño piadoso y violento. Él recuerda sus 16 años, a su padre, viudo inconsolable, el viaje a la URSS donde una asignación clandestina le llevaría a ofrecer su propia identidad a un joven ruso. Recordará también sus 19 años, su hermana Delphine, su primo Bob, de sus escapadas con Pénélope, Mehdi y Kovalki, el amigo al que tuvo que traicionar. Sus estudios en París, el encuentro con el doctor Behanzin, su vocación inherente para la antropología. Y, sobre todo, Paul se acordará de Esther. El corazón de su vida.
País Francia
Director Arnaud Desplechin
Guión Arnaud Desplechin, Julie Peyr
Fotografía Irina Lubtchansky
Reparto Mathieu Amalric, Lou Roy-Lecollinet, Quentin Dolmaire, Léonard Matton
Productora Why Not Productions
Género Drama
Duración 123 min.
Título original Trois souvenirs de ma jeunesse aka
Estreno 27/05/2016

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Calificación9
9

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Josep Lluis Mestres

Josep Lluis Mestres, nacido en Barcelona (1960), ha sido director de la revista literaria Vians Literature, y sus narraciones, poemas y artículos han aparecido en distintas revistas especializadas. Es autor de variados libros de poesía y narraciones, y le han sido concedidos diversos premios literarios.

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