El viajante (2016), de Asghar Farhadi – Crítica

El viajante duele y abre una herida debido a la incomunicación y unos valores que generan violencia. Pues Asghar Farhadi es un maestro de la moral, al comprender completamente la condición humana.

Empieza a temblar el suelo y nacen grietas en las paredes. El edificio donde vive la joven pareja Rana y Emad está a punto de derrumbarse. Pese a la necesidad de salir lo más rápidamente posible, ambos deciden ayudar a sus vecinos a evacuar a sus hijos. Un acto de solidaridad con el que comienza El viajante. Pues esa capacidad de ponerse en el lugar del otro describe la naturaleza humana de los protagonistas que serán puestos a prueba por Asghar Farhadi. Estamos ante uno de los mejores directores contemporáneos al estudiar los dilemas sociales y morales con una comprensión exquisita. Si bien se encuentra por debajo de sus dos grandes obras A propósito de Elly (2009) y Nader y Simin, una separación (2011), no cabe duda de tratarse de una gran película. Lo que le ha reparado un merecido reconocimiento con los premios al mejor guión y actor en el Festival de Cannes, y sobre todo un histórico Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Porque pese a estar desgraciadamente politizado, este premio supone la segunda estatuilla para Asghar Farhadi tras el recibido por Nader y Simin, una separación. Uniéndose de esta forma a un selecto grupo de realizadores con varios Óscar a película extranjera. Una lista compuesta por Ingmar Bergman, Federico Fellini, Vittorio De Sica o Akira Kurosawa. Todos ellos genios del séptimo arte junto al excelso director iraní. Ya que El viajante duele y abre una herida debido a la incomunicación y unos valores que generan violencia.

Antes de que el edificio donde viven los protagonistas vibre, El Viajante se presenta sobre un escenario teatral vacío. Allí ambos representarán la obra Muerte de un viajante de Arthur Miller. Un libreto capital en la dramaturgia americana que Farhadi adapta integrándolo a la narración. Pues tras el peligro de derrumbe, Rana y Emad se mudan a la casa de un amigo. Una vivienda con una historia pasada que propiciará un incidente que pondrá sobre la mesa complejos dilemas morales. Como el divorcio en Nader y Simin, una separación y El pasado (2013) o la cometa en A propósito de Elly, estos sucesos dejan desamparados a los protagonistas. Desde ese momento, los caminos que pueden seguir y las decisiones que tomar son desconocidos. En la filmografía del director iraní está presente la certeza de que no hay decisiones correctas ni erróneas. Esto se debe a que hay reacciones que únicamente se pueden aprender viviéndolas y El viajante las retrata con honestidad. Es a la hora de hacer avanzar la historia cuando Farhadi propone un juego de espejos entre la representación de la obra de Miller con la vida de la pareja. El escenario transmite seguridad con un porvenir pautado y aprendido, en contraposición a la vida real, donde no hay directrices y reina la duda. Por ello, la intención de combinar realidad y ficción aleja el resultado final del filme de sus mejores obras. Aunque Farhadi pretende innovar en su arte, ese oasis de pose ensombrece su estilo realista. Ya que en las tablas, las reflexiones vienen impuestas bajo el maquillaje. Un fututo concreto que pierde frente el desasosiego de la vida.

Cuando nos ocurre un episodio inesperado y no tenemos una referencia, sale a la superficie nuestra verdadera psicología. Una identidad gestada en gran parte por un entorno sociopolítico determinado. Aunque Asghar Farhadi decidió salir de Irán para filmar El pasado en Francia, la implacable censura que sufre el cine en su patria no le desalienta a regresar. Porque la localización de El viajante impregna el guión y su cultura guía el desarrollo. El evento detonador tiene lugar bajo un patriarcado al que los ciudadanos no miran. Pues dentro de esos valores, Emad actúa sin advertirlo con patrones conservadores, así como Rana representa el papel de la mujer en la sociedad iraní. Dos roles en los que se adentran sin saberlo, ya que no pueden escapar de la invisible presión cultural. A través de un silencioso juicio colectivo que sobrevuela todo el metraje desde unos sólidos principios éticos. Para remarcarlo, el papel que ejercen dentro de la ciudadanía es el de profesor e intérprete y actriz. Profesiones donde es indispensable un alto grado de empatía. Aún así, insuficiente para no sucumbir a la violencia como solución a los problemas. Pues en un momento decisivo, la pareja conversa sobre la manera de seguir adelante y proponen olvidar lo ocurrido. Un camino lógico que se contagia de la vibración inicial y fragmenta su comunicación. En ese instante la empatía se quiebra sin aviso y olvidan la necesidad de comprender al otro.

A lo largo de la filmografía, la vida familiar siempre ha ocupado un lugar privilegiado. Las parejas de sus películas siempre trabajan con un preciso guión y una puesta en escena extraordinaria, mas la química es indispensable. Por lo que no es de extrañar la elección interpretativa de Taraneh Alidoosti y Shahab Hosseini, ambos actores habituales del guionista iraní y claves en A propósito de Elly. Su trabajo es extraordinario y más allá de aprovechar el guión de Farhadi, su lenguaje no verbal es apabullante. Bajo la fachada de él se vislumbra inseguridad, mientras que ella esconde pensamientos en ebullición detrás de su rostro calmado. El filme avanza con la sensación de que nadie dice todo lo que piensa mientras la distancia entre ellos crece. Si ya hemos comentado el carácter social de El viajante, este déficit de diálogo es convertido con maestría en intriga. De los muchos géneros que trabaja Farhadi, el suspense es una constante en su modo de entender el cine. Una narración envuelta en incertidumbre, que se resuelve en un espléndido último acto. El milimetrado guión de Farhadi va dejando pistas lentamente y cuando se aclara el panorama nos deja conmocionados. Nos preguntamos cómo es posible haber llegado a ese punto con una pareja noble que no dudaba en arriesgar su vida por la de los hijos de sus vecinos. Es entonces cuando comprendemos que la moral y la comunicación manejan nuestras decisiones; Farhadi nos acaba de herir.

En definitiva, el legado que deja El viajante es su valiosa capacidad para transformar la sociedad. Una película cuya sensación de dolor nos acompañará por un largo tiempo. Cada vez que se recuerdan las dudas y decisiones finales de los protagonistas, la obra de Asghar Farhadi se expande. Puesto que es imposible salir inmune del dilema humano propuesto. Grandeza sólo ensombrecida por la decisión de alternar la realidad y la ficción del teatro. Una clara metáfora que palidece frente a su artesanal control de los problemas cotidianos. Ya que al final, la grieta con la que abría el filme se asemeja a la nueva herida en nuestra moral. Porque se termina la obra de Farhadi, pero nos queda una cuestión por resolver: ¿qué hubiésemos hecho en su lugar? Ya que ahora somos nosotros los que estamos desamparados. Debemos tomar nuestra decisión.

Sinopsis Emad y Rana deben dejar su piso en el centro de Teherán a causa de los trabajos que se están efectuando y que amenazan el edificio. Se instalan en otro lugar, pero un incidente relacionado con el anterior inquilino cambiará dramáticamente la vida de la joven pareja.
País Irán
Director Asghar Farhadi
Guion Asghar Farhadi
Música Sattar Oraki
Fotografía Hossein Jafarian
Reparto Shahab Hosseini, Taraneh Alidoosti, Babak Karimi, Mina Sadati
Género Drama
Duración 125 min.
Título original Forushande
Estreno 03/03/2017

Trailer

Calificación7.5
7.5

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Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

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