Clint Eastwood, la moral heroica de un tipo duro

clint eastwood

Resulta complicado resumir de forma breve la figura de Clint Eastwood. Su importancia como actor, pero sobre todo como director es enorme, y sus trabajos han conformado una de las carreras más exitosas y longevas.

Nacido en San Francisco, California, fue criado en el seno de una familia de clase trabajadora. Creció en Oackland, donde  se interesó por la música y consiguió tocar el piano en varios clubes de la localidad californiana de Los Angeles.  Además, Eatwood realizó otros oficios como leñador, repartidor de periódicos, o instructor de natación para el ejército. Éste último empleo, desempeñado durante su servicio militar en la Guerra de Corea, tuvo más de un contratiempo. El más relevante, el accidente de avión en el que iba, tras el cual logró salvar la vida llegando a nado hasta la costa.

Fue precisamente en el ejército donde conoció a Martin Milner y David Janssen, quienes  le animaron a estudiar interpretación en La Universidad de Los Ángeles.
Universal le brindó la oportunidad de debutar en el cine, aunque sus primeros papeles consistieron en apariciones muy breves. Eran los años 50.
Pero no fue hasta finales de aquella década, cuando Eastwood alcanzó cierta popularidad. Fue gracias a la serie Rawhide, donde recibió críticas por su rigidez y por hablar entre dientes, características que se convirtieron en su seña de identidad.

Este papel no era de su agrado. Calificó a su personaje como un buen tipo, tonto y amable con todo el mundo. Características que no formaban parte de su carácter.

Fue Sergio Leone, en la década de los 60, quien descubrió y dirigió al auténtico Clint Eastwood, al hombre rudo y solitario que deambulaba por los  spaguetti westerns.

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Así, en la Trilogía del Dólar se formó realmente como actor, y creó el estilo que le marcaría para siempre. Pasó a ser el Hombre sin nombre, el anti-héroe, elogiado, temido y admirado por su frialdad. Clint Eastwood se convirtió en una estrella.

Años después, interpretó a Harry el sucio, para muchos su papel más memorable, un huraño y justiciero policía.

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En el año 1971, Clint dio el salto a la dirección debutando en Escalofrío en la noche, trabajo muy elogiado por la crítica. Desde entonces ha dirigido más de 30 películas: westerns, filmes de acción, dramas… Es famoso por su eficiente método y su rapidez en la filmación, siendo comparado con Woody Allen y los hermanos Coen.

Lo que mucha gente desconoce es su carrera como productor, la cual comenzó a fructificar en los  años 80, aunque mucho tiempo atrás ya había fundado su propia productora: Malpaso Company.

Su filmografía explora los valores éticos, trata de descubrir lo que es correcto y el modo de lograrlo. Y es que, a través de su poderosa obra, apreciamos un claro deseo de reforma y lucha contra las injusticias sociales, actuando siempre como sacerdote y juez, y conmoviendo al espectador con una equilibrada sensibilidad.

Su carácter indomable se ve reflejado en las películas que ha dirigido y en los personajes críticos y enfadados que ha interpretado.

También se ha manifestado en temas contovertidos como la religión y la política.
En su momento, declaró que siempre ha respetado a las personas muy religiosas, pero también a las que no lo son, pues cada persona debe creer en lo que más le convenga.

Desde niño asistió a varias iglesias para conformarse su propia opinión. Siente especial atracción por la religión budista, por creer en la meditación y en la autoayuda.

En cuanto a la política, Clint siempre se ha considerado “demasiado individualista” para ser de derechas o de izquierdas. En los años 70 se declaró “políticamente moderado”, para más recientemente declararse un “libertario” y “liberal en los derechos civiles”, apoyando el derecho al aborto y al matrimonio homosexual.

Los puentes de Madison

Entre la larga lista de largometrajes que ha dirigido y ha protagonizado, he aquí unas de las más aclamadas por la crítica en los últimos tiempos:

El fuera de la Ley (1976). Fabuloso western sobre la venganza, llena de momentos didácticos.
El Jinete pálido (1985). Una obra maestra en una atmósfera grandiosa.
Sin perdón (1992). El útimo gran western hasta el momento que no olvida la épica del género. Resaltando una gran personalidad cinematográfica dentro del género y una riqueza temática que aborda múltiples asuntos morales y sociales.
Un mundo perfecto (1993). Eastwood logra poner un nudo en la garganta con este drama a fuerza de maestría cinematográfica, sinceridad y mucha emoción.
Los puentes de Madison (1995). Una sencilla historia de amor que Eastwood convierte en una película íntima, emocionante y desgarradora, donde la pasión desborda la pantalla.
Mistic River (2003). Otra de sus grandes historias, y, cómo no, otra crítica a la política americana de la época, que, igual que hizo más adelante en El intercambio (2008), relata un acontecimiento  dramático,  oscuro y sombrío, tratado de forma inteligente y dolorosamente triste. En ambas nos habla sobre lo más horrible del ser humano y sobre la falta absoluta de esperanza. Mistic River es, en mi opinión, la mejor historia jamás contada.
Million Dólar Baby (2004). Con una calidez asombrosa y grandiosas interpretaciones, no relata este drama humano, cobrando importancia valores como la amistad, la esperanza, el sueño y el compromiso, con un emotivo alegato a los derechos individuales.
Cartas desde Iwo Jima (2006). Tras su predecesora Banderas de nuestros padres desde el punto de vista estadounidense, fue considerada más emotiva, donde Eastwood propone la visión del encuentro bélico trasladándose a la perspectiva del ejército japonés.
Gran Torino (2008). Su film más personal. Drama urbano con trazos de comedia y sentido del humor punzante, basado en la objetivad y en la baja tolerancia hacia lo “absurdo humano”. Esta obra maestra de Clint es un claro homenaje a todos sus personajes y también una reflexión sobre los grandes temas que ha tratado en sus films, como la soledad, el concepto anti-héroe, diferenciación entre el bien y el mal por encima de la Ley, el racismo y los valores. Sin duda su papel más entrañable de viejo cascarrabias, donde divierte y conmueve al espectador desde el principio al fin.

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Dos de esos grandes trabajos  han sido galardonados a los premios Oscar como “Mejor Película”, “Mejor actor” y “Mejor director” ( Sin perdón en 1992 y Million Dólar Baby en 2004 ).

Y así, el justiciero Eastwood nos va dejando un gran legado, a través de su inigualable visión acerca del mundo.
Una y otra vez, tratará de sostener sus propias normas de conducta. Sus historias comenzarán siempre desde el juicio, y terminarán de modo emotivo, sosteniendo maravillosos relatos de lo que es  la justicia, definiendo lo bueno y lo malo. Historias que, como dijo una vez nuestro héroe, seguirán surgiendo y él nos las seguirá contando.

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