Grandes familias (2015), de Jean-Paul Rappeneau – Crítica

Grandes Familias

«Jean-Paul Rappenau, un cuarto de siglo después de haber rodado la excelente Cyrano de Bergerac, vuelve ahora con una película intrascendente, Belles familles (Grandes familias).»

Dicen que Jean Rostand, el autor de Cyrano de Bergerac, fue devorado por esta pieza teatral. Y seguramente es cierto porque nunca más volvió a componer ninguna otra que se aproximara a aquella –a pesar de que lo intentó– y si su nombre ha pasado a la historia de la literatura francesa es sólo por ella, por ninguna otra más. Será una maldición del Cyrano, porque, hasta ahora recordábamos también a Jean-Paul Rappenau como el genial director de la versión cinematográfica de la obra de Rostand en 1991, más que por cualquier otra de sus películas.

¿A que viene todo esto? A que Rappenau, un cuarto de siglo después de haber rodado la que podemos calificar como mejor versión cinematográfica de la obra de Rostand, vuelve ahora con una película intrascendente, Belles familles (Grandes familias). Esta película podía ser admisible como ópera prima de cualquier director de nueva hornada, pero no de alguien que pasará a la historia del cine galo por dirigir aquel Cyrano protagonizado por el mejor Depardieu.

No es que sea una mala película. Es, simplemente, una película intrascendente. ¿A quién se la podríamos recomendar? No, desde luego a los que recuerdan al Rappeneau de otros tiempos y que se verán ampliamente defraudados. Quizás a los que, peinando canas, en un tiempo remoto, les hizo gracia Louis de Funes, aquel Gendarme de Saint-Tropez, desgarrado, histérico y gesticulante (aquí, en Grandes Familias, la gesticulación de los actores y la rapidez de sus movimientos, forman parte de una sobreactuación excesiva). Podría gustarles también a los amantes impenitentes del cine francés, a pesar de que esté en crisis. Quizás la podríamos recomendar, finalmente, a los que no tienen nada que hacer en una calurosa tarde de verano y optan por refugiarse en una sala dotada de aire acondicionado. Realmente, no se nos ocurre a nadie más que pudiera salir satisfecho tras ver esta película.

Lo hemos dicho muchas veces y lo volveremos a decir otras muchas más: una película empieza a ser aceptable a partir de un buen guión. Si falla el guión todo lo demás falla también y aunque un guión aceptable, no garantiza una “gran película”, habitualmente el resultado final merece verse. Grandes actores, presupuestos desmesurados y directores de campanillas no logran sacar adelante películas aceptables a partir de guiones mediocres o simplemente malos. Aceptar esto es asumir un criterio de calidad objetivo para mesurar el valor de cada película. En esta película falla el guión: previsible, sin apenas destellos de ingenio, era difícil sacar de ese guión algo más de lo que nos ofrece Rappenau. Lo censurable es que él mismo es co-autor del guión. Y a ese guión le falta mucha maduración.

De hecho, no es la única carencia de la película. Es frecuente que el crítico tras ver una película tienda a encontrar algún aspecto salvable y lo resalte en su crítica. En unas ocasiones se trata de la fotografía, de las localizaciones o de la genialidad de algunos encuadres. Otras veces del trabajo de los actores y del casting. De la banda sonora, quizás. O el montaje, sin ir más lejos. Pero, en ésta cinta, en Grandes Familias, cuando se encienten las luces y acaban los créditos, nada absolutamente queda por encima de la más sucinta mediocridad y todo se mantiene en esos parámetros intrascendentes.

Y esto es más grave todavía en la medida en que algunos espectadores tienden a volverse cada vez más exigentes. La reiteración de películas mediocres empieza a ser preocupante para el cine francés, especialmente porque las cinematografías emergentes de algunos países “aprietan fuerte” (tal es el caso, en estos momentos, de los cines nórdicos y no solamente en la gran pantalla, sino también en TV-movies y en series televisivas).

De hecho, no sabemos muy bien si lo que el director-guionista pretendía era hacer de Grandes Familias una comedia o un drama (para lo primero ha faltado ingenio, para lo segundo intensidad), quizás una tragicomedia o un producto ecléctico que satisficiera a todos. Sea lo que fuere, no le ha salido bien.

Grandes Familias no aportará laureles a su director de quien hubiéramos esperado algo con más calidad. Los actores cumplen sin esforzarse, la música irrelevante, la fotografía modesta, la dirección sin energía, el montaje rutinario, el resultado apto solamente para un público poco exigente. Quizás ese sea el grupo de espectadores a los que mejor conviene ver esta película. Si usted responde a este rasgo, véala y seguro que no le defrauda. Pero si pide algo mas, sepa, desde ahora, que no lo encontrará. Y es una pena porque nos gustaría que en Europa se filmara un cine de calidad, ambicioso y brillante, capaz de cerrar el paso a la triste mediocridad que constituye el 80% del cine norteamericano que nos llega.

En Francia la “comedia de bulevar” es como en España fue la “comedia madrileña”. Parece como si, necesariamente, debiera hacer reír, simplemente porque algunos productos del mismo género hicieron reír en otro tiempo. Pero la fórmula no siempre funciona y en este caso, después de 10 años de ausencia de Rappeneau de la dirección, la sensación que da es de no estar en forma.

Cuando un director estrena su ópera prima, hasta el crítico más despiadado tiene tendencia a ser condescendiente con él. A fin de cuentas, el director neonato tiene una larga carrera por delante y no es cuestión de desmoralizarlo, sino, más bien de estimularlo reconociendo sus cualidades e instándole a mejorar. ¿Qué podríamos decir sobre Rappenau, el director que empezó tan alto con su Cyrano que le ha resultado imposible revalidar aquel nivel que logró hace un cuarto de siglo? ¿Será porque aquella película fue la más cara del cine francés hasta aquel momento?

Hay cintas a las que les falta algo. En otras falta de todo. Ésta, créanme, no es de las primeras.

Grandes Familias

Sinopsis Jerome Varenne es un financiero francés que vive en Shanghái con su compañera sentimental y profesional Chen-Li. En un breve viaje de negocios a París, se entera por su madre y su hermano de que el que ha sido su hogar durante la infancia en el pueblo de Ambray se va a vender. Para intentar impedirlo y saber de primera mano qué es lo que realmente está ocurriendo se dirige hacia allí. Lo que no sabe es que dicha escapada, cambiará el curso de su vida para siempre.
País Francia
Director Jean-Paul Rappeneau
Guión Jean-Paul Rappeneau, Philippe Le Guay, Julien Rappeneau
Música Martin Rappeneau
Fotografía Thierry Arbogast
Reparto Mathieu Amalric, Guillaume de Tonquedec, Nicole Garcia, Gilles Lellouche, André Dussollier, Karin Viard, Marine Vacth, Gemma Chan
Productora ARP Sélection
Género Drama
Duración 113 min.
Título original Belles familles
Estreno 17/06/2016

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Calificación 4
4

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Amor DiBó

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

1 comentario

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  1. Javiet 15 junio, 2016 at 23:55 Responder

    Bueno, quizás se trate de que a mi sí me gusta el cine francés y verlo en versión original y a veces es mejor dejarse llevar y no proponer la “boutade” del crítico, por lo que yo pasé un rato agradable, y sin necesidad de aire acondicionado.

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