Hispanoamérica, canto de vida y esperanza (2024), de José Luis López-Linares

Música, mestizaje, danza y colores inundan la pantalla desde el primer momento, trasportándote al otro lado del océano y revelando un mundo que es tuyo (si eres hispano) y que has ignorado durante demasiado tiempo.

Creo que es la primera vez en mi vida que me emociono viendo un documental, y también es la primera vez que me siento orgulloso de sentirme hispano (ojo al dato, he dicho hispano y no español). Al salir de la sala, con el pecho henchido de satisfacción por ser descendiente de valientes emprendedores, no he podido evitar tener un sentimiento de profunda hermandad con nuestra familia americana, que, desde el primer momento, me ha otorgado la película de López Linares. El imperio generador español, como diría Gustavo Bueno, fue, con sus claroscuros, un ejemplo a seguir y nunca una vergüenza; una esperanza para muchos pueblos sometidos y no un genocidio, y un cúmulo de aciertos que nos cuentan con maestría los colaboradores del film. La tan denostada cultura española, que no es otra que la católica, no ha representado una losa constante de oscurantismo, represión y terror para quienes han sido criados en ella; pero, muchos (envidiosos y enemigos de la Hispanidad) han divulgado falsedades con inquina y vileza propagando desde hace siglos la leyenda negra. La Hispanidad ha representado lo opuesto a lo que siempre han dicho sus detractores y, a modo de ejemplo, tenemos el barroco a ambos lados del Atlántico, la música y nuestra manera de ver y sentir la vida. Dicen, y así también lo suscribo, que los españoles fuimos para América lo que Roma fue para España: cultura, progreso y civilización; de ahí que, como afirma don Marcelo Gullo, no haya “nada por lo que pedir perdón”. Además, esta cultura común tiene en su idiosincrasia la colaboración, la comunidad (eso lo da la cultura católica) y la alegría, y deberíamos olvidar rencores pasados y quedarnos con lo bueno, que fue mucho. Si todos entráramos en la dinámica de exigir disculpas, los españoles, por ejemplo, deberíamos requerirlas a los franceses por su traicionera invasión que fue mucho más reciente, hace poco más de dos siglos, y ellos sí que expoliaron, violaron y destruyeron todo lo que pudieron, y de generar (como decía Bueno), nada de nada.

A diferencia del primer documental, “España, la primera globalización”, observo que López Linares, en este segundo proyecto, ha hecho hincapié en la cultura, especialmente en la música, siendo esta última un claro fundente social, el lugar donde mejor copulan las civilizaciones dando a luz auténticas obras de arte. Música, mestizaje, danza y colores inundan la pantalla desde el primer momento, trasportándote al otro lado del océano y revelando un mundo que es tuyo (si eres hispano) y que has ignorado durante demasiado tiempo. Color, música y muchos datos (quizá demasiados) para asumir y reflexionar en tan poco tiempo. Condensar tanto, puede llegar a abrumar. Méjico, Bolivia, Perú, Ecuador, EEUU, España, etc., todos estos lugares albergan la Hispanidad y, me atrevo a pensar, que quizás puedan mostrar una alternativa esperanzadora frente a la decadencia occidental y a los postulados protestantes que nos influyen y que son totalmente opuestos a los valores católicos, y por ende, a los de la Hispanidad. Don José Luis y sus colaboradores han abierto una veda que era necesaria, pero me pregunto si no será demasiado tarde…

Calificación8
8

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Guillermo Pérez-Aranda Mejías

Soy un escritor romántico con matices quevedescos. Disfruto con lo absurdo del surrealismo y me apasiona encarcelarme en mi castiza torre de marfil, donde desarrollo mi creatividad rodeado de música, de libros, de cine y de lo más selecto de la humanidad huyendo así, en la medida de lo posible, de lo más mundano. Roquero trasnochado y poeta de lo grotesco, he decidido, como si fuera un samurái que se destripa por su honor, entregar mi vida por entero al arte.

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