Infiltrado en el KKKlan (2018) de Spike Lee – Crítica

El director de Malcolm X, Haz lo que debas o La última noche nos trae en esta ocasión la historia de Ron Stallworth, quien en 1979 se convirtió en el primer policía negro de la ciudad de Colorado Springs. Sin embargo, lo que parece empezar como un drama racial con vocación crítica se transforma en un alocado thriller cuando Ron, cansado de los menosprecios de sus compañeros, se propone el “más difícil todavía”: infiltrarse en una rama local del Ku Kux Klan y desmantelarla. Una premisa original que el director resuelve a duras penas, pues la película deja la sensación de haber podido ser otra cosa, quizás en manos de alguien más acostumbrado a moverse entre el drama y la comedia, y menos preocupado por dejar clara su opinión (Tarantino, por ejemplo).

Tenía Spike Lee un reto mayúsculo con esta película, y era conseguir que la rocambolesca historia de un policía negro infiltrándose en un grupo de supremacistas blancos resultase creíble. Por eso, a lo mejor, lo primero que hace la película es anunciarnos que está basada en hechos reales, como si quisiera prepararnos para lo está por venir. El enredo llega cuando Ron, consciente de que el color de su piel es un obstáculo insalvable para su plan, convence a su compañero judío Flip Zimmerman para que se haga pasar por él en los encuentros con el Klan, mientras el propio Ron mantiene la farsa en las conversaciones telefónicas. Es decir, que, de pronto, tenemos dos “Ron Stallworth” infiltrándose al mismo tiempo en el Ku Klux Klan, uno cara a cara y el otro por teléfono. Y, aunque esto genera ciertas situaciones cómicas, el desarrollo de la trama te deja con la sensación de que Spike Lee lo lía todo de manera innecesaria.

Por otro lado, el director comete un error de bulto a la hora de presentar a sus villanos.  A ratos, parece que el único objetivo de Spike Lee es mostrar a los miembros del Ku Klux Klan como una panda de paletos ridículos a los que les están gastando una broma telefónica al estilo Bart Simpson, y así es imposible tomárselos en serio. En este sentido, es imposible no acordarse del memorable personaje de Leonardo DiCaprio en Django desencadenado, con ideas igual de retorcidas, pero un carisma que lo convierte desde el primer momento en un adversario formidable. Si Spike Lee pretendía hacernos más conscientes de la amenaza que supone el Ku Klux Klan, en esta ocasión desde luego no lo consigue.

Por suerte para él, los actores protagonistas acuden al rescate y mantienen la película a flote. Tanto John David Washington en el papel de Ron como Adam Driver en el de Flip están perfectos, especialmente el segundo, que consigue hacernos olvidar durante un rato que es el nuevo malo malísimo de Star Wars. La química entre ambos y algunas líneas de diálogo especialmente brillantes evitan que nos evadamos de la acción, y así lleguemos al final del metraje con algún interés por que acabe bien. O, al menos, por que acabe de una vez.

En conclusión, una buena idea que no pasa de ahí por culpa de un director más interesado en dejar bien claro su mensaje que en contarnos una historia que podría haber dado mucho juego.


Sinopsis Ron Stallworth se convierte en el primer detective negro del departamento de policía de Colorado Springs, pero es recibido con escepticismo y hostilidad por los mandos y los agentes. Sin amedrentarse, decide seguir adelante y hacer algo por su comunidad llevando a cabo una misión muy peligrosa: infiltrarse en el Ku Klux Klan.
País Estados Unidos
Dirección Spike Lee
Guion Spike Lee, Kevin Willmott, David Rabinowitz y Charlie Wachtel
Música Terence Blanchard
Fotografía Chayse Irvin
Reparto John David Washington, Adam Driver, Topher Grace, Laura Harrier, Ryan Eggold, Corey Hawkins, Robert John Burke, Paul Walter Hauser, Craig muMs Grant, Michael J. Burg, Chris Banks
Género Comedia
Duración 128 min.
Título original BlacKkKlansman
Estreno 31/10/2018

Calificación6
6

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Alberto Merino

Nací en Madrid en 1989 y, desde pequeño, he consumido dosis poco recomendables de ficción, ya sea en formato libro, película, serie o cómic. Al final, terminé estudiando industriales, pero siempre me he sentido más artista que ingeniero. Incluso publiqué una novela, "Las lágrimas del escorpión", cuando tenía 24 añitos. Aunque suelo presumir de mi buen gusto cinéfilo, tengo dos vicios inconfesables: las comedias románticas y las películas de tiburones. Para mí, Tarantino es el GOAT indiscutible.

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