Karaoke Crazies (2016), de Kim Sang-Chan – Crítica

Karaoke Crazies

«Karaoke Crazies es una película diferente y sórdida que nos habla, en última instancia, de la amistad.»

El debut del coreano Kim Sang-Chan en el largometraje llega a través de esta tragicomedia que ha recibido tímidos aplausos en el Festival de Sitges. Quizás está mal ubicada en este evento debido a su carencia de fantasía o terror, lo que habrá desubicado a más de un espectador. Dicho lo cual, se trata de una propuesta valiente.

Karaoke Crazies narra la desgraciada vida del dueño de un karaoke que ha intentando suicidarse en varias ocasiones. El negocio está en decadencia y para evitar el cierre decide contratar a Ha-Suck, una excéntrica veinteañera aficionada a los videojuegos que de la noche a la mañana consigue remontar el negocio propiciando prácticas sexuales con los clientes. Algo que su jefe, en principio, no consiente. Mientras, un misterioso asesino en serie anda suelto por el barrio.

Se trata de una película curiosa y sórdida que nos habla, en última instancia, de la amistad. La excentricidad de sus personajes da vida a un relato a medio camino entre la comedia y el drama.

Karaoke Crazies

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David García

Nací en Barcelona, en 1979. Estudié un Máster en Comunicación Audiovisual y en el año 2000 entré en Ràdio Sant Boi. Quince años después, ahí sigo, ahora colaborando en un 'magazine' titulado 'De dissabte', donde llevo la sección de series y cine.

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