Morir (2017) de Fernando Franco – Crítica

Morir

«Morir no ofrece posibilidad de tregua, no hay espacio para el alivio ni para el sosiego, es tan contenida como áspera»

El cine español sigue en la búsqueda de nuevas perspectivas y de cineastas que ofrezcan un mirada fresca e innovadora al panorama. Ejemplo de ello, es que películas tan conmovedoras e imprescindibles como Verano 1993 de Carla Simón hayan traspasado cualquier barrera comercial y se enmarquen dentro de los grandes films internacionales del año. Todo ello demuestra que hacer otro cine es posible en este país, y que ya sea con aires de autor o comerciales, podemos adaptarnos a distintos formatos y crear películas que triunfen tanto en taquilla haciendo caja como en festivales cosechando premios a mansalva.

Hace 4 años, el director Fernando Franco, por aquel entonces debutante, fue la prueba viviente de este último caso, arrasando en los festivales españoles con su primera película, La Herida. En ella, el cineasta sevillano hacía una disección cruda del ser humano a través de la mirada íntima a una mujer marcada por unas heridas internas que le impiden llevar una vida social normal y corriente. Como si de un cirujano se tratará, Franco indaga en la aflicción y en la angustia con bisturí para mostrarnos con todo detalle las sensaciones extremas que emergen del dolor más profundo. Su estilo personal, pulcro y minimalista, provoca inevitablemente, una sensación de asfixia al espectador que lo impresiona al mismo nivel que lo agota, transmitiendo de forma fluida y directa una sensación de desosiego constante. Franco, cuyas influencias europeas están latentes, busca adentrarse poco a poco en el terreno de los cineastas más aclamados por la crítica. De ahí que Morir, pueda releerse prácticamente como una versión española y castiza de Amour de Michael Haneke, a la espera de conseguir los mismos elogios que su precursora.

Morir nos muestra la historia de Luis (Andrés Gertrudix) y Marta (Marián Álvarez), una pareja que deberá hacer frente a una enfermedad imparable que poco a poco irá consumiéndolos.  En su semana de vacaciones, Luis confiesa a Marta que le mintió sobre el resultado de sus análisis hace unos meses, y que le han detectado un tumor cerebral cuyo estado es prácticamente irreversible. Tras una primera etapa de pruebas y de asimilación, la pareja se mantendrá unida para intentar vencer a una enfermedad degenerativa. Sin embargo, a medida que la enfermedad avanza, las mentiras, la desesperación y la distancia emocional entre la pareja aumentará proporcionalmente, causándose un daño irreparable entre ambos y dejando como único aliciente que la agonía, emocional y física, dure lo menos posible.

Producida por grandes cadenas como Movistar +, Canal Sur o ETB y contando con el apoyo de la comunidad vasca y andaluza, Morir es una metáfora de la metástasis del amor, en la que de forma explícita y natural se nos inyecta una dosis sobrecargada de crudeza. El trabajo actoral de Gertrudix, y principalmente el de Álvarez, merecen una mención especial, arrastrando por completo el peso dramático de la película entre ellos. Sin embargo, el enfoque de Franco dejaría exhausto hasta al espectador más enérgico, sobreexponiendo la tragedia hasta su máxima. Morir no ofrece posibilidad de tregua, no hay espacio para el alivio ni para el sosiego, es tan contenida como áspera. Programada para arrasar en festivales, la película de Franco seducirá a gran parte de la crítica, pero provocará el rechazo de aquellos que busquen algo de calor en esta fría autopsia del amor.

Calificación5
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