Tarde para la ira (2016), de Raúl Arévalo – Crítica

Tarde para la ira - Crítica

«Bajo el Sol asfixiante de Madrid, la ópera prima de Raúl Arévalo nos sumerge en un intenso thriller instalado en la España castiza. El tratamiento estilístico y un excelente elenco, comandado por Antonio de la Torre, recrudecen la violencia latente en una historia de venganza.»

“Raúl Arévalo en los rodajes no interpretaba, aprendía.” Estas palabras enunciadas por Daniel Sánchez Arévalo hacia José Luis Cuerda sobre Tarde para la ira sintetizan la sorprendente contundencia del director novel. Pedro Almodóvar, Icíar Bollaín, Antonio Banderas, Alberto Rodríguez o los directores mencionados anteriormente conforman una inmejorable lista del talento con el que se ha empapado Raúl Arévalo en su amplia filmografía como actor. No obstante, de la enumeración sobresale una influencia reveladora: Alberto Rodríguez. En los últimos años, el cine español de calidad se ha instaurado en el género thriller. Celda 211 (2009), No habrá paz para los malvados (2011) o La isla mínima (2014) han ganado el Goya a la mejor película recientemente. Esta última es el papel más reconocido del director debutante, dejando trazas de su naturaleza detrás de las cámaras y permitiendo sumar su nombre al de Daniel Monzón, Enrique Urbizu y el propio Alberto Rodríguez. Si Raúl Arévalo era el caballo ganador para el Goya al mejor director novel; al saltarse el aprendizaje necesario en un principiante para encontrar un estilo propio, mira directamente a los ojos de sus referentes y se postula como un firme candidato a mejor director. Sin duda, la etiqueta ópera prima no hace más que añadir valor a una de las películas españolas del año.

Bajo el calor abrasador de Madrid en agosto, Curro espera impaciente en su coche. El asalto a la joyería se ha torcido y no ve la manera de que la fuga con sus compañeros se produzca con éxito. Así es el espectacular arranque de Tarde para la ira, en el que este suceso marcará el destino de distintas familias. Pasados ocho años, Curro va a salir de prisión y retomar su vida pasada. En ese momento, la cámara viva de Raúl Arévalo persigue sin descanso a un desconocido. Es José, un nuevo amigo en el seno familiar de Curro. Pese a los continuos primeros planos, José no muestra ningún signo de emoción en su rostro. El pasado le persigue, al igual que la pantalla le acosa, sintiendo el aliento en la nuca. A los pocos minutos del visionado, el feroz estilo impuesto al filme nos sumerge en una tensión sofocante. El ambiente está calmado, sin embargo, todos los recursos nos conducen a una furia latente. Desde la decisión estética de filmar en súper 16mm y sus texturas, hasta la impaciente música original de Lucio Godoy.  Mediante una estructura dividida en capítulos se van colocando las piezas de manera gradual. El guión de Raúl Arévalo y David Pulido es el punto más débil con diferencia, sintiéndose inferior respecto a la dirección. Aun con un argumento manido y la dificultad de trascender más que las imágenes, el libreto es suficientemente sólido como para acompañar el pulso narrativo. El secreto está en hablar sobre elementos familiares, dominando todos los elementos de la España castiza.

Un bar en un barrio de clase obrera de Madrid y el pueblo de los padres del director en Segovia son los escenarios más relevantes de Tarde para la ira. La autenticidad de las imágenes es resultado de pasar una vida en esos lugares, donde el director se siente como pez en el agua. De las situaciones más cotidianas se saca partido, como la fantástica conversión de una partida de mus a media tarde en toda una declaración de intenciones. Arévalo no va de farol y añade las peculiaridades de los localismos castizos. El humor no puede faltar en las fiestas veraniegas de un pueblo, así como la importancia de la celebración de la primera comunión. Mas el factor más significativo del filme es el calor. La pantalla se ahoga en el infatigable bochorno madrileño. Asfixia y sudor que conducen directamente a una influencia: La caza (1966) de Carlos Saura. La historia de venganza o el tono pueden llevar a otros nombres como Sam Peckinpah o Jacques Audiard; no obstante, el clima abrumador es heredero del clásico español. Esa inconfundible sensación de no encontrar una sombra, desvaneciéndose toda posibilidad de hidratarse y otear compasión. Al igual que los espectadores, los actores tampoco pueden respirar. Realizando magníficas interpretaciones ensalzando la crudeza del relato.

Con la extensa filmografía que ostenta Raúl Arévalo como actor; al igual que los directores, ha trabajado con los mejores intérpretes del país. Sabiendo del potencial de actores fuera de los focos, ha conformado un excelente reparto. Tarde para la ira está protagonizada por Antonio de la Torre, compañero del director en numerosos proyectos. El actor interpreta a José desde el hermetismo, sin lograr sonsacarle una emoción de su expresión. El admirable trabajo de Antonio de la Torre no es ninguna sorpresa, centrándonos en el excelso trabajo de los actores menos célebres. La pareja compuesta por Luis Callejo y Ruth Díaz es digna de elogio. Él es un animal irracional atrapado por la violencia impulsiva; mientras que ella transmite el tormento de una mujer a la que el miedo le ha privado el derecho de vivir su vida. Con la cámara enfocando de cerca los rostros de los actores, su trabajo no hace más que acrecentarse y ganar cuerpo, casando a la perfección con el estilo impuesto por el director. Sin embargo, todas las  alabanzas se las acaba llevando Manolo Solo. Desde que aparece su figura, roba el espectáculo componiendo un papel memorable. Si no se hace justicia en la temporada de premios; el hueco en la memoria del público lo tiene más que asegurado. Lo que termina de redondear el gran trabajo del elenco.

En conjunto, Tarde para la ira supone un intenso thriller y un debut más que prometedor en la dirección de Raúl Arévalo. La confianza y claridad de ideas del realizador no son corrientes en principiantes, convirtiendo los aciertos en un sólido ejercicio estilístico. Al moverse sobre seguro en terreno conocido y la compañía de un equipo técnico y artístico de sumo talento no han permitido la creación de fisuras en las que caerse por la falta de experiencia. Raúl Arévalo se ha saltado varios pasos, pasando del calificativo de director de futuro a presente. Con su pulso y un guión más sustancial, el potencial y las expectativas de proyectos futuros no hacen más que elevarse. Hasta entonces seguiremos en busca de una sombra donde refugiarnos del Sol abrasador.

Tarde para la ira - Crítica

Sinopsis Madrid, Agosto de 2007. Curro entra en prisión tras participar en el atraco de una joyería. Ocho años después sale de prisión con ganas de emprender una nueva vida junto a su novia Ana y su hijo, pero se encontrará con una situación inesperada y a un desconocido: José, que le llevará a emprender un extraño viaje donde juntos se enfrentarán a fantasmas del pasado y se hundirán en el abismo de la venganza.
País España
Director Raúl Arévalo
Guión Raúl Arévalo, David Pulido
Música Lucio Godoy
Fotografía Arnau Valls Colomer
Reparto Antonio de la Torre, Luis Callejo, Ruth Díaz, Manolo Solo, Alicia Rubio, Raúl Jiménez, Font García
Género Thriller
Duración 92 min.
Título original Tarde para la ira
Estreno 09/09/2016

Trailer

Calificación7.5
7.5

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Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

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