Un bigote para dos

Un bigote para dos

Lo primero que hay que saber sobre la película ‘Un bigote para dos‘, rodada en 1940 por Antonio de Lara y Miguel Mihura (más conocidos como Tono y Mihura), es que actualmente no existe. Pero… ¿cómo es esto posible si yo mismo la vi hace unos pocos días?

La clave para entender la respuesta a esta pregunta está en el trabajo de recuperación llevado a cabo por Santiago Aguilar (director de ‘Justino, un asesino de la tercera edad‘) y Felipe Cabrerizo, así como en las peculiaridades de la película misma.

Un bigote para dos‘ toma como punto de partida el film austriaco ‘Unsterbliche melodien‘ (1935), musical que recorre la vida del reconocidísimo compositor Johan Strauss. Se trata de una obra enmarcada en los primeros años del cine sonoro, etapa durante la cual se explotó sin sonrojo las nuevas características del medio (el sonido), en deterioro muchas veces del resto de apartados; guión, dirección…

Por lo tanto, ‘Unsterbliche melodien‘ no tiene ningún interés cinematográfico particular. Lo verdaderamente valioso, o al menos atrevido y original, es lo que hicieron Tono y Mihura con ese material: sobre las imágenes de esta película austriaca, ellos idearon un guión totalmente nuevo, con diálogos inventados y música de origen castizo español. Es decir, las imágenes son las mismas, pero el pretencioso musical dramático repleto de valses que es ‘Unsterbliche melodien‘ se transformó en una disparatada comedia de humor absurdo: ‘Un bigote para dos‘.

Desgraciadamente, las diez copias con las que se estrenó ‘Un bigote para dos‘ no existen desde 1949, última vez que tenemos constancia de que se proyectara esta película. Lo cuál nos lleva de nuevo a la cuestión inicial: ¿cómo podemos ver actualmente una película que no existe?

Aguilar y Cabrerizo consiguieron recuperar el film austriaco ‘Unsterbliche melodien‘, así como el guión que Tono y Mihura redactaron para ‘Un bigote para dos‘. Se ha perdido el doblaje y la música, pero podemos ver una aproximación muy cercana a lo que era esta película.

Y aunque esta comedia es original y un tanto vanguardista, tiene algunos antecedentes. En 1933 Enrique Jardiel Poncela, siguiendo algunos ejemplos norteamericanos, estrena en España ‘Celuloides rancios‘, donde el escritor recupera algunos cortometrajes mudos (6 exactamente), y sobre ellos realiza un doblaje explicativo con claras intenciones humorísticas.

Tras ello, Jardiel Poncela inicia una carrera contrareloj para estrenar un largometraje con un planteamiento similar antes de que lo hicieran Tono y Miura. Finalmente lo consigue, y unos días antes del estreno de ‘Un bigote para dos‘ consigue estrenar ‘Mauricio, una víctima del vicio‘ (1940). Aquí, Jardiel Poncela coge un film mudo de origen catalán de 1916 y lo ridiculiza siguiendo el estilo que él mismo utilizaba en ‘Celuloides rancios‘.

Como tantas otras películas de celuloide, todos estas obras desaparecieron, y así han permanecido durante 60 años. Pero el trabajo de recuperación de Aguilar y Cabrerizo ha devuelto a la vida a algunas de ellas.

Un bigote para dos

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Arturo G. Maiso

Viajero y cinéfilo. Director de Marketing en una plataforma de financiación participativa, CEO de AGM Comunicación Multimedia y director de El Cine en la Sombra.

1 comment

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  1. Cristina 13 julio, 2015 at 21:32 Responder

    Oye, qué interesante. Me encanta Miguel Mihura, habré leído “Tres sombreros de copa” unas 50 veces. Me gustaría mucho verla.

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