El niño y la bestia (2015), de Mamoru Hosoda – Crítica (II)

El niño y la bestia

«El niño y la bestia trata temas delicados como la muerte de un progenitor o la adopción, el desarrollo personal o la constante necesidad que tenemos los humanos de seguir aprendiendo y superándonos.»

Segundo día del año y en tierras riojanas. Nos dirigimos al edificio Riojaforum, expectantes por visionar la primera película del Actual 2016: ‘El niño y la bestia’, un anime japonés (valga la redundancia) dirigido por Mamoru Hosoda. Seguramente, en occidente pocos reconocerán su nombre, pero este director que comenzó su carrera adaptando al cine la serie ‘Digimon’, es el responsable de ‘La chica que saltaba a través del tiempo’ y ‘Los niños lobo’, dos excelentes películas de animación.

A la luz de semejante curriculum, las expectativas no pueden ser más altas. Comienza la nueva fábula de Hosoda, y nos dejamos sumergir en su universo de fantasía.

En él, existen humanos y bestias, aunque viven separados unos de otros en mundos paralelos. Una realidad sorprendente que sin embargo es tratada con naturalidad. Tanto es así que esta estructura espacial tan particular no deja de ser un ingrediente secundario, un modo original de organizar a los personajes para contar lo que en verdad nos interesa: la relación entre el joven Kyuta y su maestro Kumatetsu.

Nuestro protagonista es Kyuta, un niño de 9 años que se encuentra perdido tras el rechazo de su padre y el reciente fallecimiento de su madre. En su solitario camino se encuentra con Kumatetsu, un ser perteneciente al mundo de las bestias. Kumatetsu es fuerte y tiene buen corazón, pero también es maleducado, impaciente e indisciplinado. Siguiendo los consejos del “venerable”, se decide a buscar un aprendiz, pero debido a su difícil carácter nadie desea ser instruido por él.

Tras el encuentro entre ambos, Kumatetsu acepta a Kyuta como aprendiz, y así comenzará su viaje (más espiritual que físico).

El niño y la bestia

El niño y la bestia’ trata temas delicados como la muerte de un progenitor o la adopción, el desarrollo personal o la constante necesidad que tenemos los humanos (en la película también las bestias) de seguir aprendiendo y superándonos. A lo largo del metraje se nos recordará la importancia de la amistad y de los lazos afectivos, y de como las personas somos esclavos de nuestros propios sentimientos. Depende de nosotros potenciar la parte buena, que no es más que aquella que nos hace mejores, o dejarnos llevar por el camino fácil, que inevitablemente desemboca en un corazón vacío.

Todo ello presentado en un envoltorio de excelente factura técnica y entrañables intenciones.

El único “pero” que se le puede poner a ‘El niño y la bestia’ es ese afán tan propio del cine de animación japonés por terminar todas sus historias con un festival de ruido y luces. Con un mayor nivel de sutileza, quizá estaríamos hablando de una obra maestra.

El niño y la bestia

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Jorge López

Tecnico superior en aplicaciones informaticas adicto al cine y loco por la tecnología y cualquier objeto trasteable.

1 comentario

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  1. Nano! 1 mayo, 2016 at 05:10 Responder

    Gracias por la critica.
    La película me gusto bastante, sobre todo el desarrollo de los personajes principales donde se siente “natural” la relación, la animación es hermosa, lo único que no me gusto es que en momentos la historia sucede demasiado rápida y no da tiempo para profundizar en ciertos personajes que no son principales

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