Dalton Trumbo y su alegato antibelicista: Johnny cogió su fusil

Johnny cogió su fusil

1971, Festival de Cannes. Una pequeña película se alza con el Gran Premio del Jurado. Una película que se estrenaría en agosto y septiembre en Nueva York y San Francisco respectivamente. Era, en su título original, ‘Johnny got his gun‘ y su director y guionista, Dalton Trumbo.

Ambientada durante la Gran Guerra y los años previos, la ficción, basada en la novela homónima que el mismo Trumbo había escrito en 1939, narraba la historia de un joven atrozmente mutilado tras resultar herido en combate. La trama contenía algo que para aquel entonces resultó único. No era su alegato antibelicista ni la descripción del horror de la guerra. Lo que convirtió la película en un hecho clave y fundamental para la década de los Setenta fue la profunda exploración de la psique de la víctima, del hombre destruido por la guerra.

Ese brutal argumento, además de discutir las glorias de la guerra y revelar su intensa inhumanidad, denunciaba la actitud de sus responsables en un momento en el que la sociedad estadounidense, inmersa en la confusión y descontento generalizado, protagonizaba una verdadera revolución social, estimulada desde 1965.

Dalton Trumbo (Montrose, Colorado, 1905), nieto de un veterano de la guerra hispano-americana e hijo de un comisario de frontera, provenía de una familia, trabajadora y humilde, obligada a trasladarse al sur de California debido a las consecuencias de la guerra y la época de la Depresión.

Ingenioso, áspero e imprevisible, su legado literario es notable. Como novelista, escribió varias obras entre las que destacan la ya mencionada ‘Johnny Cogió su fusil‘ (1939); ganadora del National Book Award, ‘Additional Dialogue‘ (1970) o la inacabada ‘La Noche del Uro‘ (1979) y como guionista, cerca de cuarenta guiones cinematográficos.

Trumbo era un hombre con esperanzas de un sistema más justo y equitativo en Norteámerica. Creía en la justicia social y aunque siempre se mantuvo alejado del dogmatismo y la disciplina, a principios de la década de los cuarenta su decisión de adherirse al Partido Comunista, marcó durante treinta años su carrera profesional, tanto como su vida personal. Su afiliación respondía a una razón que explicó en entrevistas posteriores, lo consideraba un instrumento eficaz que según sus propias palabras: “Hacia cosas que pensaba que debía hacer. Se oponía al ascenso del fascismo en toda Europa, ayudaba a los refugiados” (‘Trumbo y la lista negra‘, 2007)

Dalton Trumbo

Dalton Trumbo

Durante la Caza de Brujas del senador McCarthy, los comités de investigación del Congreso le incluyeron en la lista negra junto a cientos de escritores, actores, actrices y trabajadores de Hollywood, vetados en los estudios cinematográficos. Detenido y culpado de desacato al rehusar cooperar con el llamado Comité de Actividades Anti Americanas, fue señalado junto a otros nueve guionistas como uno de los Diez Hostiles, después llamados los Diez de Hollywood. Bajo su perspectiva, el asunto se trataba de una cuestión contra la represión y el control del pensamiento, la lucha del ciudadano frente a quienes pretendían abusar de él y dominarlo. Por esa razón, prefirió mostrarse hostil, declarándose enemigo de cualquier interferencia que tratase de forzar confesiones sobre creencias, fes y demás:
“Mi madre y mi padre siempre rehusaron, declinaron significar su filiación política en las primarias. Y yo aprendí a declinar significarme. Aprendí que ciertas cosas no incumbían a nadie y que si les permitía entrometerse en esa cuestión, ya pueden preguntarte cuanto quieran sobre tu mujer, tus hijos, tus ideas políticas, pueden incluso, y hasta imagino que llegará un momento en este país en que lleven a los demócratas al estrado y digan: ¿Pertenece o ha pertenecido al Partido Demócrata?” (‘Trumbo y la lista negra‘, 2007)

De esta primera etapa, de su prolífica aportación al mundo del cine pueden destacarse los textos de ‘Espejismo de Amor‘ (Kitty Foyle, de Sam Wood, 1940), ‘Treinta Segundos sobre Tokio‘ (Thirty seconds over Tokio, de Mervyn LeRoy, 1944), ‘El Demonio de las Armas‘ (Gun Crazy, de Joseph H. Lewis, 1950) o ‘El Bravo‘ (The Brave One, de Irving Rapper, 1956); por el que ganó un Óscar como Robert Rich en un tiempo en que se las arregló para seguir trabajando con los grandes estudios, firmando sus guiones bajo distintos pseudónimos.

La situación cambió a partir de 1958, al ser contratado por Kirk Douglas para escribir el guión de ‘Espartaco‘ (Spartacus, de Stanley Kubrick, 1960). La industria comenzó a reconocer sus trabajos y fue incluido en los títulos de crédito de ‘Éxodo‘ (Exodus, de Otto Preminger, 1960), ‘El último atardecer‘ (The Last Sunset, de Robert Aldrich, 1961), ‘Los valientes andan solos‘ (Lonely are the Brave, de David Miller, 1962), ‘Castillos en la arena‘ (The Sandpiper, de Vicente Minnelli, 1965), ‘El Hombre de Kiev‘ (The Fixer, de John Frankenheimer, 1968) o ‘Papillon‘ (de Franklin J. Schaffner, 1973).

Mientras tanto, Trumbo volvía una y otra vez sobre su novela y la idea de llevarla a la gran pantalla. En 1964 trabajó con Luis Buñuel en la adaptación del libro, pero problemas con la productora hicieron que el proyecto cayera en el olvido. Seis años después, retomó el trabajo y rodó el film, que contó con la participación en la producción de Bruce Campbell, Tony Monaco, Christopher Trumbo, Tom Tyron y la productora World Entertainment. La banda sonora de Jerry Fielding; colaborador habitual de Sam Peckinpah, y la fotografía de Jules Brenner, crearon la doble atmósfera donde se desarrolla la acción que el montaje de Millie Moore aunó en un solo mundo.

El reparto estaba encabezado por:

Timothy Bottoms en el papel de Joe Bonham.

Timothy Bottoms

La Última Película‘ (The Last Picture, de Peter Bogdanovich, 1971), ‘El Estudiante‘ (Paper Chase, de James Bridges, 1973), ‘Rollercoaster‘ (de James Goldstone, 1977).

Jason Robards, padre de Joe.

Jason Robards

Suave es la Noche‘ (Tender is the Night, de Henry King, 1961), ‘Hasta que llégo su hora‘ (C’era una volta il west, de Sergio Leone, 1968), ‘Tora! Tora! Tora!‘ (de Richard Fleischer, Kinji Fukasaku, Toshio Masuda, 1970), ‘La balada de Cable Hogue‘ y ‘Pat Garret and Billy the Kid‘ (1970 y 1973), ‘Todos los hombres del Presidente‘ (All the President´s Men, de Alan J. Pakula, 1977), ‘Julia‘ (de Fred Sinnemann, 1977), ‘Philadelphia‘ (de Jonathan Demme, 1993), ‘Magnolia‘ (de Paul Thomas Anderson, 1999).

Donald Sutherland, Cristo

Donald Sutherland

Doce del Patíbulo‘ (The Dirty Dozen, de Robert Aldrich, 1967), ‘Los violentos de Kelly‘ (Kelly´s Heroes, de Brian G. Hutton, 1970), ‘M.A.S.H.‘ (de Robert Altman, 1970), ‘Novecento‘ (de Bernardo Bertolucci, 1976), ‘La invasion de los ladrones de cuerpos‘ (Invasion of the Body Snatchers, de Philip Kaufman, 1978), ‘Gente Corriente‘ (Ordinary People, de Robert Redford, 1980), ‘J.F.K.‘ (de Oliver Stone, 1991), ‘Cold Mountain‘ (de Anthony Minghella, 2003).

Marsha Hunt, Diane Varsi, Kathy Fields y Charles McGraw completaban el reparto.

La película contaba, en primera persona, la historia de un combatiente del Frente Occidental que despertaba, totalmente confuso y postrado, en la cama de una oscura sala de hospital. Mutilado, con un cuerpo reducido al tronco, ciego, sordo, mudo y confinado de por vida, poco a poco irá siendo consciente de qué le ha sucedido y de qué tipo de existencia han reservado para él hasta el día de su muerte.

La decisión de rodar en blanco y negro y color, atendía a la división de los dos mundos en los que el personaje de Joe viviría desde ese momento. El mundo de los muertos, de sus recuerdos, sueños y delirios que constituía el universo onírico de su mente, era un mundo en color tal como lo había conocido. Sin embargo, para él, un trozo de carne humana, hasta el momento de su muerte el mundo de los vivos sería en blanco y negro. Jamás volvería a verlo, oírlo o tocarlo y todo lo que había conocido dejaba de ser real.

Si el mundo se desvanecía para Joe, él también desaparecía para el mundo. No existía para nadie ni siquiera para el personal del hospital responsable de sus cuidados, porque, tal como vemos, quienes le rodean borran toda posibilidad de vida en él.

Una actitud que deriva de la incapacidad del joven para dar muestra alguna de consciencia y que pone de relieve algo devastador: le han enajenado de su naturaleza y de su interior.

Johnny cogió su fusil

Es realmente demoledor para el espectador ver a un hombre que, reducido a lo más mínimo de un cuerpo que le permite sobrevivir, conserva su mente totalmente intacta. Consciente de su absoluta desprotección, el pensamiento de Joe va a ser oído en voz alta a través del narrador, un recurso que va a permitir dos cosas: una; que nosotros le conozcamos y dos; que él sea subversivo y se revele contra todas aquellas creencias que en nombre del idealismo y el destino nacional, justifican los crímenes cometidos.

Crímenes cometidos por los seres humanos. Por hombres iguales que han aceptado convertirse en criaturas de doctrinas y consignas que les permiten ver cada acto justificado. Por líderes que han distorsionado las creencias de los hombres hasta la crueldad y la violencia más insospechada.

El antibelicismo y la defensa del pacifismo recorre el metraje de ‘Johnny cogió su fusil‘. De hecho, podría decirse que la idea que subyace alrededor de todo lo que vamos viendo, es la sinrazón de la guerra y la denuncia de la indefensión y el abandono de las personas que como Joe, son enviadas a combatir. Individuos en manos de sujetos que se han adueñado de unas vidas que no les pertenecen, para entregarlas en un conflicto bélico que tantos y distintos intereses despierta.

Atención SPOILER (desde este punto y hasta el final del artículo se desvelan sucesos clave de la película)

Sujetos que serán los mismos que al final de la película ejercerán toda su crueldad. Cuando por fin se concibe un atisbo de esperanza para Joe, al lograr comunicarse con médicos y responsables militares mediante cabeceos que reproducen el código morse, la alegría que uno como propio espectador llega a sentir, se esfuma de golpe con la inhumana decisión que adoptan: condenarlo al hermetismo de su habitación para siempre. Es más, jamás volverán a descorrer las cortinas y nosotros sabemos lo que significa. No volver a sentir, nunca más, el calor de los rayos de sol que entran por la ventana.

Esa es la respuesta a su petición de libertad. Quiere morir, pero necesita que le ayuden. La enfermera lo intenta. Es descubierta. No hay esperanza.

Sin adornos estéticos ni musicales, la película va escarbando en las emociones de lo que queda del hombre resultado de la guerra, logrando que el espectador se identifique y experimente las sensaciones que va sufriendo. Desde el pánico al descubrir su mutilación a la desesperación de no tener conciencia del tiempo, la placidez de sus recuerdos de infancia, la alegría al sentir el sol, el amor de y hacia su padre, el horror de sus sueños, la compasión de la enfermera, la emoción cuando ella le escribe en el pecho, el tormento de la condena a la soledad, la compresión de un Cristo que recoge a los muertos… En resumen, un antes y un después del hombre exterminado y un mensaje claro: ¿al terminar la guerra se habrá salvado al mundo?

Johnny cogió su fusil

Share this post

Patricia Díaz Parrondo

Licenciada en Historia y finalizando un postgrado en Métodos y Técnicas en Investigación Histórica y Artística. Cinéfila desde pequeña, apasionada de la música y aficionada a la fotografía, escribe por vocación sobre el 7ºArte.

No existen comentarios

Añade el tuyo