Thelma (2017) de Joachim Trier – Crítica

Thelma

En un ambiente represivo, Thelma es un aterrador y bello cuento existencialista sobre la liberación emocional. La confrontación en el cuerpo de una joven entre fe y deseos que hace indistinguibles al amor y el dolor. 

Cierra los ojos. Piensa en tu deseo más profundo. Mientras fluye el pensamiento, guarda una imagen de tu anhelo. Como consecuencia de esa sensación reconfortante, tus manos empiezan a temblar. Vibraciones que se propagan eléctricamente al resto de tu cuerpo. En ese momento, al intentar alcanzar tu esperanza, esta se destruye. Todo espejismo de felicidad se acaba convirtiendo en angustia. La oscuridad te envuelve y tu cuerpo termina volviendo a su pulso normal. Una tranquilidad hiriente que gobierna Thelma. Si desde el principio de su filmografía, el director noruego Joachim Trier ha mostrado su obsesión por la depresión, el duelo y el desencanto, esta vez vuelve a reincidir en otro sujeto existencialista: la represión. En Thelma, los bosques de Oslo esconden una necesidad imperante de liberación y encontrar un equilibrio con tu identidad. Un camino recorrido por el director antes que la misma protagonista. Después de una aventura estadounidense con El amor es más fuerte que las bombas (2015), Trier sentía que para Thelma debía volver a su hogar. Allí donde puede reconocer cada callejón y empaparse de confianza para dar un giro a su carrera con un valiente cambio de registro. Sin perder su elegante visión artística, Thelma es un terrorífico coming-of-age en el que el temor no nace de sus bellas e impactantes imágenes, sino desde la psicología de sus personajes. De esta manera, el género fantástico es un potente medio para incidir otra vez en las entrañas de la sociedad europea actual. Un lugar oscuro donde la felicidad puede ser un infierno.

Camino a la universidad, rodeada por una multitud de jóvenes, destaca una brillante cruz. Esta se apoya en el pecho de Thelma ejerciendo un peso sobrehumano. Un recordatorio de la familia que ha dejado en un pueblo costero de Noruega para comenzar sus estudios. Con su mudanza a Oslo, un desconocido concepto de independencia ha aparecido ante sus ojos. En su solitario piso no hay espacio para fiestas ni excesos, sino que la asfixiante sobreprotección parental continuará en la distancia. Continuas llamadas se dirigen al teléfono de su hija para recordarle que la libertad puede conllevar el pecado. Un pensamiento que nace al conocer a otra estudiante llamada Anja. Mientras estudia en la biblioteca, su atracción hacia esta misteriosa joven hará que sea víctima de una feroz convulsión. Contracción violenta e inesperada a la que solamente Dios puede dar una explicación. En ese momento, la cruz que porta Thelma reluce más que nunca. Un destello que se ausenta al entrar en su lección de ciencias naturales. Aula desde donde Joachim Trier establece su relato sobre la lucha entre fe y biología. Dos impulsos contrapuestos que dejan a la deriva el cuerpo y la cabeza de Thelma. Una confrontación que origina una falta de confianza que se transmite de la protagonista a la narración del primer acto. Como nexo entre escenas de una gran potencia visual y simbólica, el realizador noruego incide en diálogos superficiales que lastran el ritmo al subrayar una temática expresada con mucha más solidez sin palabras. No obstante, las dudas desaparecen pronto del filme. Para Thelma, la disyuntiva entre religión y su cuerpo se irá decantando hacia el segundo sin dar pasos en falso. Bajo la cruz, su sistema nervioso únicamente capta certezas.

El único recuerdo que conocemos de la infancia de Thelma es una excursión con su padre. Mientras transitan por un lago helado, observan bajo la superficie el incesante movimiento de los peces. Animales que soportan gélidas temperaturas al no poder salir al mundo exterior. Una premonición de la también prisión líquida en la que habita Thelma. Desde esa memoria con su progenitor, su identidad se ha desarrollado desde una oscura y recóndita represión. Profundidades donde su nuevo ambiente universitario le incita a buscar oxígeno. Como consecuencia, al terminar de nadar en una piscina se encontrará con Anja. Un reencuentro inesperado tras las convulsiones sufridas. Un cuerpo que tras mucho tiempo sumergido, tendrá el primer contacto con el aire y la sexualidad. Desde ese instante, el bloqueo originado por la fe se irá quebrando lentamente por sus deseos más íntimos. La protagonista se cuestionará cómo alcanzar la felicidad. Así como otro sentimiento todavía más poderoso: la culpa. Su relación con Anja le supondrá un proceso de aprendizaje sobre el amor, en que se puede querer y herir al mismo tiempo, sobre todo a uno mismo. Un recorrido que vendrá guiado por la delicadeza de Joachim Trier y el formidable trabajo de su actriz principal. En contraposición a las limitaciones de la debutante Kaya Wilkins como Anja, Eili Harboe realiza una actuación admirable. Carga sobre sus hombros todo el peso de la película y logra con éxito dominar cada uno de los minutos del metraje. Una tarea complicada al tener que recorrer la evolución de un personaje en constante cambio. La temerosa salida del agua de una joven para experimentar por primera vez la electricidad.

Si Thelma es principalmente una película sobre la liberación, este proceso también lo ha vivido su director. Después de sus tres películas anteriores, este proyecto suponía dar un arriesgado paso al frente. Sin perder la temática existencialista que le caracteriza, ha decidido atreverse con el género fantástico. Al acercarnos a su proceso creativo, Joachim Trier explica que primero piensa en escenas específicas o ideas visuales antes de tener una historia. Una visión que se puede percibir en toda su filmografía y que en Thelma se acentúa. Cuando Stanley Kubrick estaba adaptando “Super-Toys Last All Summer Long” a su versión cinematográfica junto a su escritor Brian Aldiss, el célebre cineasta le dijo que una historia se compone de seis a ocho unidades no sumergibles. Una idea que el realizador noruego ha seguido al pie de la letra. Una decisión que representa su mayor fortaleza y debilidad. Thelma se podría reducir a una numerosa serie de escenas espectaculares que concentran todo el fondo de la historia. Una condición que dirige a una de las grandes influencias del realizador. Si en Oslo, 31 de agosto (2011) se actualizaba El fuego fatuo (1963) de Louis Malle, para este filme se ha empapado de la vertiente más experimental del director francés: Black Moon (1975). Louis Malle contaba que esa película nació de ciertos pensamientos e imágenes inconexas. Otra sentencia que reincide en la naturaleza de Thelma e impone destacar al director de fotografía sueco Jakob Ihre. La perfecta consonancia entre las bellas imágenes y el mensaje permite que las sensaciones calen de forma profunda. Con la religión y la mitología escandinava de base, la potencia escénica guía a todos los integrantes de la cinta. Una luz hacia la anhelada libertad emocional.

Cuando Thelma finalmente sincroniza su cuerpo con su mente, se decide a alcanzar sus deseos. Un paso hacia la felicidad entre la culpa y el miedo. Comprenderse ha sido un proceso tortuoso, pero todavía lo es más convivir consigo misma. Trier siempre se ha sentido atraído por la suerte de los jóvenes, a los que muestra teniendo el mundo a su alcance sin poder atraparlo. En este caso, el peso de la religión y de la incomunicación actual hacen que la protagonista se sienta aislada y herida. Emociones afectadas que cuando logran cicatrizarse se encuentran con un problema principal, no hay nadie con quien compartir el bienestar. Un aislamiento asfixiante como se advierte en el uso que realiza Thelma de las redes sociales para saber de Anja. No obstante, Thelma es la combinación perfecta de un gran equipo artístico. Entre todos ellos, sobresale la elegancia de Joachim Trier, la creatividad de Jakob Ihre y la fuerza de Eili Harboe. Un conjunto de cualidades que han entendido perfectamente que la fantasía es un medio muy potente para explicar la realidad. Un terrorífico estudio sobre las relaciones personales que encamina a la reflexión. Los padres de Thelma han privado a su hija de una identidad propia. Una educación fiel a sus valores, aunque implique la destrucción de su alrededor. La creación de un mundo donde la felicidad de uno supone un tormento para quién te acompaña. Allí donde tu cuerpo no distingue entre el amor y el dolor.

Sinopsis Thelma no es una chica normal. Desesperada, le pregunta insistentemente a Dios por qué la ha hecho así. Sus padres tampoco son de gran ayuda, sino dos personas misteriosas que se muestran tranquilas ante los poderes que muestra su hija, que, cada vez que siente algo, causa desastres. Cuando Thelma inicie una relación con una compañera, las emociones propias del amor harán estragos.
País Noruega
Dirección Joachim Trier
Guion Joachim Trier y Eskil Vogt
Música Ola Fløttum
Fotografía Jakob Ihre
Reparto Eili Harboe, Ellen Dorrit Petersen, Okay Kaya y Henrik Rafaelsen
Género Terror
Duración 116 min.
Título original Thelma
Estreno 23/03/2018

Calificación7
7

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Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

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