La chica desconocida (2016), de Jean-Pierre y Luc Dardenne – Crítica

«En La chica desconocida se respira un aire pesimista del que sus directores no parecen querer alejarse. Y es que, al fin y al cabo, ¿para qué falsear la realidad convirtiendo en luces las sombras?»

Los hermanos Dardenne vuelven a rebuscar en la conducta humana y en los problemas que se derivan de nuestros actos para desarrollar su último trabajo. Presente en la Sección Oficial del Festival de Cannes, La chica desconocida supone una vuelta más sobre el azar, las posibilidades que se abren ante cada decisión tomada y la búsqueda constante del alivio de la conciencia. Las formas con las que llevan a cabo su nueva película son similares a las que nos tienen acostumbrados. Con la cámara en mano; la tranquilidad que les caracteriza y su habitual ausencia de artificiosidad, la pareja de cineastas belgas siguen desde un principio la figura de una doctora en su jornada laboral, la cual, tras analizar los pros y los contras del día de trabajo de su chico de prácticas, decide no abrir la puerta de su consulta tras una llamada alegando que está fuera del horario laboral. Al día siguiente un policía le informa de que la misma joven que realizó la llamada ha muerto en esa misma zona. Los problemas comienzan, ¿por qué diablos no abrí la puerta? Una pregunta que se torna más pesada cuando sabes que tu chico de prácticas insistía en que debías haberla abierto.

Precisamente en el juego de tensiones que tiene lugar tras un problema inicial, como puede ser el que sobre viene de no dejar pasar a alguien a tu consulta (esto todavía no tiene por qué ser un problema) y que este alguien aparezca muerto al día siguiente (ahora sí), es donde los hermanos Dardenne demuestran ser hábiles como pocos. Su planteamiento es simple: un inconveniente personal da lugar a una tensión; este contratiempo debe ser resuelto para poder liberarse de la tensión que te mantiene inhabilitado. Culpa y redención, como dicen por ahí. Y es que al fin y al cabo este tipo de planteamiento que nos proponen los directores de Rosetta, más que de calado social (aunque toquen este tipo de temas, por supuesto, pero en un segundo plano), está centrado en la pura individualidad y centrado en un egoísmo totalmente natural. Personajes como Sandra de Dos días, una noche (2014), o el de la propia médica de la obra que aquí se reseña, simplemente quieren liberarse a toda costa de un problema que les ha sobrevenido en un momento concreto. El resto de la gente les da absolutamente igual (y si en esta última película la doctora acude a visitar al médico en prácticas una vez este la abandona es porque ella necesita compartir su malestar, no porque le interese de verdad la vida de él). Un ejemplo de este particularismo del que se viene hablando y que puede justificar en cierta medida todo esto es el seguimiento constante del cuerpo y el entorno estrictamente cercano del personaje principal, dejando al resto de reparto como algo accesorio, como meros medios para encontrar el fin único que motiva toda la narración y que no es otro que la redención. Y es la morbosidad inherente al ser humano la que desatan estos lúcidos directores en el espectador que, quiera o no (habrá pocos que se salven), se sienten tentados a seguir los zarandeos del pobre individuo moderno que Jean-Pierre y Luc Dardenne hacen discurrir ante nuestros sentidos con su peculiar estilo. Un estilo, es oportuno decirlo, que con movimientos rápidos y con los zarandeos de la cámara en mano pretende reflejar la inestabilidad emocional y la alteración fisiológica del protagonista. Encorsetando todo esto en unas pocas líneas, en La chica desconocida se atenderá a la despreocupación generalizada por la violencia que se ejerce sobre ciertos inmigrantes (a la crisis y los despidos que la acompañan en el caso de Dos días, una noche), sí, pero sus directores centran la mirada en la tensión de su protagonista y su incansable lucha por saber única y exclusivamente el nombre de la persona que sufrió por no haber abierto la puerta (la pugna constante por recuperar su puesto de trabajo en el otro ejemplo con el que vengo acompañando todo esto), todo ello seguido por una cámara insegura que dibuja los pasos inciertos de la doctora.

En La chica desconocida se respira un aire pesimista del que sus directores no parecen querer alejarse. Y es que, al fin y al cabo, ¿para qué falsear la realidad convirtiendo en luces las sombras? Somos así, nos dicen los hermanos Dardenne. En ocasiones nos ayudaremos, pero somos seres individualistas que caemos en problemas una y otra vez. Y, guste a unos más y a otros menos, mientras el hombre siga ese ciclo de obstáculo-resolución-obstáculo los directores belgas seguirán escribiendo y haciendo cine sobre ello.

Sinopsis Una noche, después del cierre de su consultorio, Jenny, joven médico generalista, escucha el timbre, pero no va a abrir. Al día siguiente, se entera por la policía de que han encontrado, no lejos de allí, a una joven muerta, sin identidad.
País Bélgica
Director Jean-Pierre y Luc Dardenne
Guion Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne
Fotografía Alain Marcoen
Reparto Adèle Haenel, Jérémie Renier, Olivier Gourmet, Thomas Doret, Fabrizio Rongione, Christelle Cornil
Género Drama
Duración 113 min.
Título original La Fille Inconnue
Estreno 03/03/2016

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Calificación6
6

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Pablo Castellano

"-¡Qué extraña forma de hacer la cama! -Lo vi en una película. Para eso sirven las películas!"

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