Paulina (La patota, 2015), de Santiago Mitre – Crítica

Paulina

Una patota es por definición una pandilla de jóvenes con carácter agresivo y abusivo. Esta palabra nos fue introducida por el director nacionalizado argentino Daniel Tinayre, quien en 1960 contó la historia de una profesora trasladada a un suburbio argentino que sufre una agresión sexual por parte de sus alumnos. La película se adelantó a su época al tratar un tema tan delicado y tabú por aquel entonces, donde el modelo patriarcal era la norma incluso en el mundo “modernizado” y los abusos machistas, un tema intocable. ‘La patota’ de 1960 cometió sin embargo un error ético al usar un eje de por sí complicado para darse ínfulas moralistas sobre el perdón y la utópica fantasía cristiana de poner la otra mejilla, cita bíblica incluida, reduciendo y anteponiendo todos los problemas a una supuesta obligación moral de disculpar ciegamente al pecador para no situarse a su nivel. Eran otros tiempos.

Más de medio siglo después el debate aún crispa y pone los pelos de punta. Ahora que la sociedad urbana media debería ser capaz de calibrar la gravedad y seriedad de ciertos asuntos, resulta un excelente acierto reabrir la caja de Pandora y sacar a la luz otra vez una historia que en su día se trató con demasiadas medias tintas. El director Santiago Mitre, reconocido por su primer largometraje ‘El estudiante’, toma las riendas de la mano del guionista Eduardo Borrás para crear una versión actualizada. ‘Paulina’ parte de forma muy similar a su antecesora: una joven abogada, de clase media y con una carrera prometedora, decide dejar atrás a su elitista padre y a un novio simplón para volver a su ciudad natal a ayudar en un proyecto para el desarrollo de los derechos humanos como profesora en una escuela rural. Allí encontrará un ambiente muy hostil y anclado en sí mismo, donde el modelo social parece haberse mantenido intacto durante siglos. La situación empeora cuando Paulina es violada una noche y por su decisión de no denunciar los hechos debe enfrentarse no sólo a su propio trauma, sino a las reacciones de la gente cercana y el sistema judicial, que miran con extrañeza, incomprensión e incluso falta de empatía a la víctima.

La primera gran baza de ‘Paulina’ es un tratamiento sumamente inteligente de diversos ángulos para que el espectador pueda llegar a comprender qué pasa por la mente de la protagonista sin necesidad de, como ella afirma, haberlo vivido para entenderlo. Ningún elemento esta elegido al azar: cada diálogo, de una potencia enorme y con más de una cita a rememorar, cada estructuración psicológica de cada personaje, por ínfima que sea su intervención, y cada escenario tiene un porqué muy significativo para llegar a comprender qué quiere transmitir la película con esta historia. Tiene la valentía suficiente de cuestionar qué es exactamente el perdón y la culpa y hasta qué punto un acto atroz es la causa o la consecuencia de una estructura mental colectiva. Para ello maneja con increíble objetividad y claridad los motivos por encima de los actos, sin aislar por ello el juicio del acto en sí mismo. No es fácil intentar explicar cuál es el valor realmente de un castigo en concepto de justicia, ni intentar difuminar la línea entre víctima y agresor sin confundir en ningún momento quién juega cada rol.

Con este remake de ‘La patota’ se consigue llegar a un nivel diferente en cuanto a fuerza expresiva y narrativa, añadiendo complejidad y resolución. Una maravillosa Dolores Fonzi consigue encarnar a un personaje difícil, que sin aspavientos y de forma profundamente contenida es heroína sin serlo, y a quien desconcierta tanto entender como no hacerlo. La clave es la falta total de dramatismo, el no buscar la compasión del público, sino tan sólo ponerlo a pensar, y hacerlo fuera de la zona de confort, aceptando una perspectiva que necesita ser analizada fríamente para poder encararla.

Una película más que necesaria en el momento social que vivimos, y no únicamente por la relación estrecha que uno podría hacer con la marcha estatal contra las violencias machistas que abrió el mes de noviembre. No estamos hablando sólo (que también) de poner en una pantalla lo que supone una agresión de este tipo, a la que ahora sí se mira con más detenimiento que en 1960. También se trata de hablar de las zonas marginales, de qué supone en cuanto a desarrollo social la falta de recursos, de cuál es la línea no traspasable en la aplicación de la justicia, de incluso qué papel juega la educación en la contención de la violencia. Se trata sobre todo, y como se ha repetido una y otra vez, de intentar entender qué es lo que ocurre en la corriente submarina, más allá de los síntomas externos, para aplicar un remedio de verdad, uno que extirpe el problema de raíz y no únicamente sus brotes. Una película interesante no tanto por la magnífica inmersión durante su visionado, sino también por ese sabor que deja tiempo después. Se perderá en unos años, como suele ocurrir, dada la cantidad apabullante de cine social que se realiza; pero que sea una versión moderna precisamente de una original demuestra que al menos ciertas preguntas siempre van a volver, y siempre habrá alguien interesado en proponer alguna respuesta.

Paulina

Sinopsis Paulina es una joven abogada que regresa a su ciudad para dedicarse a labores sociales. Trabaja en un programa de defensa de los derechos humanos en zonas humildes de la periferia de la ciudad. Tras la segunda semana de trabajo, es interceptada y atacada por una patota.
País Argentina
Director Santiago Mitre
Guión Mariano Llinás, Santiago Mitre (Historia: Eduardo Borrás)
Música Nicolás Varchausky
Fotografía Gustavo Biazzi
Reparto Dolores Fonzi, Oscar Martínez, Esteban Lamothe, Cristian Salguero, Verónica Llinás, Laura López Moyano
Productora Coproducción Argentina-Francia-Brasil; La Unión de los Ríos / Lita Stantic Producciones / Telefónica Studios / Story Lab / Full House / VideoFilmes
Género Thriller
Duración 103 min.
Título original La patota
Estreno 27/11/2015

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Calificación8.5
8.5

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