Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016), de Travis Knight – Crítica

Kubo y las dos cuerdas mágicas

«A través de la magia, el origami y la música, Kubo y las dos cuerdas mágicas compone una gran historia sobre la memoria y la pérdida. Mensaje cuya emotividad se eleva por la extraordinaria belleza de la animación del estudio Laika.»

Hace siete años, se estrenó la excelente Los mundos de Coraline. Esta suponía el primer largometraje del estudio de animación Laika, filmografía que continuó con El alucinante mundo de Norman (2012) y Los Boxtrolls (2014). Con esta corta lista de filmes, Laika ya ha tenido tiempo de establecer una seña de identidad. Todas sus películas están protagonizadas por niños que tienen una sensibilidad especial, suponiendo una barrera con el mundo adulto en la que los más pequeños tienen mucho que enseñar a los mayores. Diferencias que derivan en historias con mensajes integradores, en los que no aparece la condescendencia por ningún lado. En su cuarta cinta, Laika decide llevar su marca personal al extremo y lo logra con gran éxito.

En la impresionante secuencia que abre Kubo y las dos cuerdas mágicas,  se nos presentan con habilidad los pilares sobre los que se construirá el relato. En la oscuridad de la noche y en un mar agitado, presenciamos como la madre de Kubo protege a su pequeño, al que vemos que le falta un ojo. Mientras se suceden los acontecimientos, escuchamos a Kubo relatar lo sucedido como si fuese un mito de un tiempo pasado. El relato narrado supone la réplica de una historia que la madre le ha contado a su hijo, en la que ella ha transformado un episodio traumático en un recuerdo positivo para Kubo. Con escasos minutos, nos vemos hechizados por la magia de Kubo y la importancia de la narrativa en la definición de una persona. Está en manos de la madre de Kubo decidir cuál es el pasado de su hijo y cómo hacer que crezca la mejor persona posible con el mismo.

Kubo y las dos cuerdas mágicas es una película sobre la memoria. Especialmente sobre la importancia de los recuerdos y las consecuencias que tiene el pasado en nuestras vidas. Más importante si cabe al relacionarlo con la pérdida. El padre de Kubo, un legendario samurái, murió dando su vida por la de su mujer e hijo. Los momentos en los que la madre de Kubo resplandece al contarle la historia de su marido a su hijo son de una emoción verdaderamente arrebatadora. Siendo el poder de la narrativa el tema del filme, se enlaza con la cultura japonesa mediante la magia, el origami y la música de un shamisen. Estos ingredientes conectan con los espectadores y respaldan un mensaje tan valiente tratándose de una película destinada a todos los públicos. Las múltiples historias que se exponen a través del origami al ritmo de las melodías del shamisen son un portento de imaginación, trasladado a la pantalla con una animación todavía más espectacular.

La estructura de la película se puede dividir entre las historias que tienen lugar durante el día y la noche. Rápidamente se asocia la luz con los momentos afables; mientras que al anochecer, el peligro acecha desde la oscuridad. Esta dualidad sirve como conductor para un guión, en el que el humor se arraiga al día y los pasajes de descanso. Por otro lado, todos los momentos de acción se instalan en las tinieblas, agregando el factor amenazador del paisaje como puede ser el mar profundo o una cueva. Este conflicto entre el día y la noche se concilia en el ritual de la  Tōrō nagashi, en la que se flotan farolillos de papel en los ríos como una forma de guiar a los espíritus de los muertos de vuelta al otro mundo. Las linternas de papel iluminan la noche y honran la memoria de los seres queridos fallecidos. Una costumbre de la cultura japonesa que se extiende por todo el metraje. Pese al gran calado emocional del guión, dista de ser perfecto. En algunos tramos se peca de conformismo, aún sabiéndose necesarios para el desarrollo del relato. Defectos que poco importan, pues el embelesamiento que nos genera la vista es excelso.

El director de Kubo y las dos cuerdas mágicas es Travis Knight, hijo del fundador de Laika y actual CEO de la compañía. Ha trabajado como animador en las anteriores películas del estudio y su entendimiento del medio hace que su dirección implique un excepcional apartado visual. Laika es un estudio especializado en la técnica de stop-motion, un nicho de mercado que estaba liderado por Aardman Animations, creadores entre otros de Wallace y Gromit. En los créditos del filme, al igual que en sus anteriores largometrajes, se muestra una pequeña secuencia del proceso de animación. Específicamente, la manera en la que se ha manipulado la marioneta de stop-motion más grande jamás creada. Hay que tener en cuenta que en promedio se animan 4 segundos de película por semana. Sabiendo que Kubo y las dos cuerdas mágicas es la película en stop-motion más larga de la historia, batiendo a otro filme de Laika (Los mundos de Coraline), la producción no se entiende sino como una mezcla perfecta entre pasión y paciencia. Frente a la animación generada por ordenador, el stop-motion tiene un encanto especial. Aunque no por ello es una técnica anticuada, ya que Laika lo combina con el 3-D. Las posibilidades de esta tecnología mejoran la belleza de cada plano, si es posible; siendo obligatorio el visionado tridimensional para apreciar la magia de la historia.

Por todas estas razones, se puede entender Kubo y las dos cuerdas mágicas como la película que asienta a Laika como un grande de la animación. Ya son cuatro filmes de un gran nivel, que hacen que cada vez gente más relevante dentro de la industria se interese en trabajar con ellos. Entre las voces de la versión original podemos encontrar a tres estrellas del momento como son Charlize Theron, Matthew McConaughey o Rooney Mara. Asimismo, también se ha contado con la presencia del premiado compositor Dario Marianelli, que ya colaboró con Laika en Los Boxtrolls. Si antes comentábamos que la historia  se construía a través de la música, Dario Marianelli nos regala una fabulosa banda sonora donde el shamisen de Kubo tiene todo el protagonismo. Y por si no fuera suficiente, los créditos finales se suceden a la vez que suena una versión de While My Guitar Gently Weeps de George Harrison.

Con todo ello, Kubo y las dos cuerdas mágicas se postula como una de las mejores películas del año. Cabe esperar que su calidad cinematográfica sea proporcional al éxito entre el público. Laika produce películas que no suelen ser la primera opción entre los más pequeños, puesto que no es cine confortable. Kubo y las dos cuerdas mágicas es una gran película para adultos, pero aún tiene mayor valor para el público infantil. Entre la acción y la emotividad se ha creado una historia con un mensaje sobre los recuerdos muy valioso, un tema delicado que no suele abundar en las películas de animación que pueblan la cartelera. Pese a que es una película de animación, los adultos tienen la obligación de descubrir este filme a los más pequeños. Una vez dentro del cine, solo queda seguir los pasos con los que Kubo comienza la narración de cada una de sus historias: “Si deben parpadear, háganlo ahora”. La magia de Kubo les atrapará y hasta que la pantalla se funda a negro no volverán a hacerlo.

Kubo y las dos cuerdas mágicas

Sinopsis Kubo vive tranquilamente en un pequeño y normal pueblo hasta que un espíritu del pasado vuelve su vida patas arriba, al reavivar una venganza. Esto causa en Kubo multitud de malos tragos al verse perseguido por dioses y monstruos. Si de verdad Kubo quiere sobrevivir, antes debe localizar una armadura mágica que una vez fue vestida por su padre, un legendario guerrero samurái.
País Estados Unidos
Director Travis Knight
Guión Marc Haimes, Chris Butler (Historia: Shannon Tindle, Marc Haimes)
Música Dario Marianelli
Fotografía Frank Passingham
Productora Laika Animation
Género Animación
Duración 101 min.
Título original Kubo and the Two Strings
Estreno 26/08/2016

Trailer

Calificación8.5
8.5

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Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

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