El corredor del laberinto (The Maze Runner)

el corredor del laberinto

Estoy gratamente sorprendido con El corredor del laberinto y, aunque no le auguro un triunfo comercial boyante, creo que la mayor parte del público coincidirá en que es un buen producto de ciencia ficción. De hecho, me ha parecido muy superior a las otras distopías para el público juvenil que pululan por los cines y esto incluye las dos entregas de los juegos del hambre cuyo masivo éxito no entenderé nunca.

La primera mitad del metraje se compone de lo que comúnmente llamamos “exposición”, es decir, personajes contando en voz alta las reglas del juego. Pero esta exposición no sólo entra bien sino que, curiosamente, se trata de uno de los puntos más entretenidos del filme que consigue que el aprender esas extrañas reglas resulte tan divertido como las propias escenas de acción. Acción que, por cierto, no es especialmente espectacular ni original, pero siempre parece avanzar la trama y tiene serias consecuencias para todos los implicados.

No voy a resumir la trama porque estamos ante una de esas historias en las cuales, en cuanto más sabemos del mundo presentado, menos impresiona su revelación. Sin embargo, sí que diré que, igual que El señor de las moscas puede entenderse como una respuesta tétrica y oscura a los Dos años de vacaciones de Julio Verne, este filme puede entenderse como una visión más esperanzadora de la humanidad. El primer impulso de muchos de esos muchachos puede ser el de matarse los unos a los otros pero, al final, entienden que no existe otra alternativa a la oscuridad que organizarse para hacer un fuego. Incluso cuando, en el desenlace, se agudizan los rencores y conflictos entre los personajes humanos, podemos ver como el autor confía en sus héroes y se niega a considerar el sacrificio de los hombres como algo vacuo e inútil. Muchos elementos recuerdan a Cube de Vincenzo Natali y eso sólo refuerza la impresión de que, a pesar del entorno opresivo y la extrema violencia de algunas escenas, estamos frente a un filme fundamentalmente optimista.

Al contrario que en la mayor parte del cine juvenil, aquí no hay una relación abusiva que imite a la repugnante Crepúsculo. De hecho, no hay romance alguno y, en este caso concreto, la trama se beneficia de ello. La muchacha aparece, no como un elemento sexual, sino como un personaje más y, aunque su participación no es esencial en el desarrollo general de los acontecimientos, tampoco convierte todo el asunto en un estúpido triángulo amoroso.

Tampoco hay una indulgencia nociva hacia el héroe. En gran parte del cine de aventuras moderno, los protagonistas lo son porque el “dios” de la película así lo ha querido y aprenden habilidades a medida que el argumento lo necesita. No hay dolor, no hay sacrificio, no hay ingenio. Sólo importa que resulten atractivos para ellas y admirables para ellos. Su mayor duda o temor es que el mundo no les deja ser todo lo geniales que podrían. Y esta, amigos míos, es una filosofía terrible. Es la clase de pensamiento retorcido que genera psicópatas en nuestra sociedad. Pero en esta ocasión todas las aptitudes y características del héroe están justificadas e incluso se intuye una historia de redención más interesante que la del tópico “elegido”.

Ahora bien, seamos serios, tampoco es que el guión sea una obra a la altura de 1984. Toda la trama gira en torno al misterio que rodea a ese descomunal laberinto. Misterio que resulta demasiado obvio desde sus primeros minutos y no desarrolla dilemas éticos especialmente interesantes. El propio laberinto, que debería ser un personaje de pleno derecho, no produce m·s inquietud que una nave industrial cualquiera y el personaje de Alby, el líder de la colonia, parece terriblemente desaprovechado.

Y los últimos 6 minutos hacen mucho daño al producto final. Una vez los personajes han aprendido lo que tienen que aprender, han descubierto lo que tienen que descubrir y ha tenido lugar el necesario clímax de acción… pues la película ya ha terminado. Se abre una puerta y se cierra el telón. Así debería haber sido, un filme de ciencia ficción rápido y opresivo, que construyera de forma satisfactoria los arcos de sus protagonistas y que culminase en un final abierto. ¡No necesitamos saber más! Pero, desgraciadamente, estamos ante uno de esos filmes que sueña con convertirse en franquicia y eso significa añadir detalles absurdos e innecesarios que ayuden a cimentar la posibilidad de una secuela. Esta gente parece olvidar que las mejores secuelas surgen, precisamente, de historias perfectamente cerradas.

El caso es que la pelÌcula empieza a dar innumerables explicaciones que sólo marean la perdiz y, al final, incluye un último (e innecesario) giro que promete más aventuras.

Le faltan muchos pasillos a este laberinto para ser una obra maestra, pero con un par de piezas aquá y allá, podría haber sido un buen recordatorio de las mejores (y más angustiosas) distopías de los 70. Por desgracia, se trata de una adaptación de una novela adolescente estrenada el verano de 2014… y esto significa que se queda en un jardincillo muy fácil de recorrer y de setos demasiado bajos.

el corredor del laberinto

Sinopsis Thomas despierta en un elevador en movimiento en el año 2024. Sus recuerdos han desaparecido. Le dan la bienvenida en un lugar llamado “El Área”, habitado por un unos 60 adolescentes conocidos como los “Gladers”. La zona está rodeada por un enorme laberinto y por grandes muros de hormigón. Todos los chicos han llegado de la misma manera que Thomas.
País Estados Unidos
Director Wes Ball
Guión James Dashner, Noah Oppenheim
Música John Paesano
Fotografía Enrique Chediak
Reparto Dylan O’Brien, Thomas Brodie-Sangster, Kaya Scodelario, Will Poulter, Ki Hong Lee, Blake Cooper, Aml Ameen, Jacob Latimore
Productora 20th Century Fox / Gotham Group
Duración 110 min.
Género Ciencia ficción
Título original The Maze Runner
Estreno 19/09/2014

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Calificación6
6

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Enrique Dueñas

Enrique Dueñas , escritor y guionista, aficionado al género fantástico y la tarta de queso.

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