Koyaanisqatsi y el imaginario de Godfrey Reggio

Koyaanisqatsi

«Koyaanisqatsi es una obra hipnótica, mística y familiar al mismo tiempo. Una cinta que habla de nosotros mismos y que denota una visión holística perpetuada a lo largo de los años»

Koyaanisqatsi es un término en el idioma de los hopi que alude a “una vida fuera de equilibrio”. Con esta palabra, Godfrey Reggio definió en 1982 a la sociedad postmoderna, que había abandonado su vínculo con la naturaleza para crear su propio universo. Desde lo sublime, la película muestra una fascinación por el progreso, contrastado por un incipiente temor. Los edificios son autenticas colmenas donde el hombre es un engranaje minúsculo dentro de la maquinaria que el mismo creó, y lo que antes solía controlar ha pasado al automatismo. Koyaanisqatsi (1982) es una crítica reflexiva, pero también un experimento visual que nos revela, una vez más, el poder de la imagen. Esta es una cinta carente de texto; el valor psicológico y simbólico juega un papel crucial y el estudio de la imagen es llevado al extremo para lograr un efecto de choque en el espectador.

Hay algo yacente en lo sublime que siempre cautiva. En El renacido, vimos como Iñárritu se vale de la tradición romántica para retratar la naturaleza. Por su parte, el cyberpunk traslada dichos conceptos a un mundo donde lo artificial ha sustituido a lo orgánico. Las grandes vistas de Los Ángeles que Ridley Scott y Denis Villeneuve nos han mostrado en Blade Runner forman parte de un imaginario de más de 200 años de antigüedad. La vuelta de tuerca de Koyaanisqatsi reside en su cercanía a la realidad vigente, en el cambio que se produce en este mismo instante. Así pues, lo sublime marca el paso del natural (los grandes desiertos estadounidenses) al bullicio de la gran ciudad, mostrando a menudo un híbrido peculiar a medio camino entre uno y otro.

Koyaanisqatsi

Ya adelanté que la imagen en Koyaanisqatsi está sujeta a un interesante estudio que, de forma directa o inconsciente, parte de premisas arraigadas en el imaginario colectivo estadounidense, empezando por la gran Odisea moderna protagonizada por el norteamericano: la gran expansión hacia el Oeste. Con la revolución de los transportes de mediados del XIX, hay un nuevo afán por descubrir nuevos mundos, y expedicionarios como Timothy O’Sullivan o William Henry Jackson aprovechan para fotografiar aquellos inóspitos lugares que, junto a la Escuela del Río Hudson en pintura, configurarían el imaginario de la creciente Estados Unidos. La cinta de Reggio, desde luego, poco tiene que ver con esa volundad de descubrimiento, pero el sublime natural, de nuevo, muestra sus cartas en ambos casos. En última instancia, no hemos de olvidar que el documental es un remanente de dicho espíritu decimonónico y positivista del cual, en cierta manera, Reggio recoge ciertos aspectos.

Koyaanisqatsi, por tanto, es gran deudora de la fotografía, y no es de extrañar. A fin de cuentas, el cine es un medio muy abierto al eclecticismo y no es dificil hallar concomitancias. Centrémonos, por ejemplo, en El hombre de la cámara (1929) del ruso Dziga Vertov, una película que comparte muchas de las características narrativas de Koyaanisqatsi. La realización de esta película coincide en el tiempo con una vía fotográfica particular que es la fotografía directa. Esta es una opción sin artificios, directa y sincera que termina por ofrecer una nueva visión de la realidad a través del encuadre. Los planos de la ciudad en las dos películas se acercan mucho a la visión de autores como Paul Strand o Aleksandr Rodchenko, que a partir del encuadre ven un potencial poético en lo escondido, en la sombra y aceras, en las gentes. Es un choque tan directo con la realidad que acaba creando una distinta, cercana en muchos puntos a la abstracción. Las icónicas imágenes de los rascacielos de Koyaanisqatsi acaban siendo líneas y figuras geométricas que poco se alejan de la visión de Strand, y muchos de los aberrantes planos de El hombre de la cámara nos remiten a Rodchenko, sin contar con las preciosas vistas aéreas de los desiertos que nos recuerdan a los Equivalentes de Stieglitz. Este es un estilo fotográfico que pervivirá en directores posteriores como Daniel Boyle.

Koyaanisqatsi

La máquina es el otro gran pilar de estas dos obras. Hemos de tener en cuenta que la fotografía se alzó como baluarte del progreso tecnológico y su acercamiento a la máquina tendrá distintas facetas. En El hombre de la cámara, vemos una fascinación especial por ella, similar a lo que Lewis Hine fotografió en su serie El hombre y la máquina (1920 – 1930). Koyaanisqatsi, sin embargo, es fruto de su tiempo. La lucha heróica entre hombre y máquina culmina con una fusión de los mismos, y la máquina se convierte un monstruo. Así pues, pasamos del júbilo al cinismo. Por otro lado, centrándonos en lo formal, volvemos a premisas similares al retrato de la ciudad. Se buscan nuevas formas de ver la máquina: las cadenas de montaje, las instalaciones industriales, las máquinas de coser, los engranajes… Todo se ve desde puntos de vista novedosos y casi abstractos en estas películas, todo se traduce en un nuevo universo que, en el caso del film de Godfrey Reggio, se lleva de manera trágica.

Koyaanisqatsi también trabaja el retrato de una manera peculiar. Por lo general, la cámara aborda al ciudadano corriente mostrando una naturalidad propia de la espontaneidad, mostrando al ser humano como un animal dentro de la nueva jungla de cristal, y en ese aspecto volvemos a la fotografía positivista, al documental, que ahora adquiere un matiz crítico cercano al de autores como Jacob Riis, que fotografió a las clases sociales más bajas de Manhattan. Reggio no obvia la pobreza, pero su principal interés reside en la clase media que forma parte del engranaje de la sociedad, de ahí que su foco no esté en la persona como individuo per se sino en su rol dentro del sistema.

Koyaanisqatsi

Koyaanisqatsi es una obra hipnótica, mística y familiar al mismo tiempo. Una cinta que habla de nosotros mismos y que denota una visión holística perpetuada a lo largo de los años. Su enlace con la cultura primitiva no nos habla únicamente de nuestra desvinculación con la naturaleza, nos remite a una evolución histórica, y todas estas coincidencias, pretendidas o no, son indicativo de ello.


País Estados Unidos
Dirección Godfrey Reggio
Guion Godfrey Reggio, Ron Fricke y Michael Hoenig
Música Philip Glass
Fotografía Ron Fricke
Género Documental
Duración 87 min.
Título original Koyaanisqatsi


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