Leviatán: ¿Por qué un cine mediocre recibe premios?

Leviatán

Los premios cosechados por la película ‘Leviatán’ son increíbles: nominada a la Mejor Película de habla no inglesa en los Oscar y en los BAFTA; cuatro nominaciones en los Premios de Cine Europeo, incluyendo a la Mejor Película; premiada en el Festival de Cannes al Mejor Guión (repito: “al mejor guión”); premio a la Mejor Fotografía en el Festival de Sevilla; nominada a la Mejor Película Extranjera  en el Independent Spirit Awards y en el Satellite Awards; figura entre las mejores películas del año en la lista del National Board of Review y, finalmente, la Critics Choice Awards la nomina como mejor película de habla no inglesa. Y sin embargo… se trata de una película mediocre en la que lo peor es el guión.

Una deficiente interpretación puede hacer peligrar un gran guión, pero un guión mediocre dará siempre como resultado una mala película a despecho de las cualidades interpretativas de su cuadro de actores. El guión es lo más importante de una película. Sin guión no hay nada que pueda parecerse a un producto del “séptimo arte”. Acaso un truño, una mala broma o un aborto cinematográfico, nunca una película digna. Y en ‘Leviatán’ el guión falla desde el primer momento y se vuelve inconexo en la segunda mitad de la cinta.

No se trata ya de que los rasgos de los personajes estén pintados de manera superficial, sino de que buena parte de los temas de la película se quedan como cabos sueltos, a medida que la cinta va avanzando hacia su resolución. Personajes que parecen protagonistas en la primera parte (el abogado o el mismo hijo del matrimonio protagonista) desaparecen, simplemente, en la segunda parte. Muchos giros argumentales son completamente incoherentes y los mismos escenarios en los que se desarrolla la trama, a pesar de recibir alguna nominación a no importa qué premio internacional, son igualmente mediocres, carentes de grandeza e incluso de algo que merezca una calificación por encima de la de vulgaridad.

¿Qué nos ha querido decir el director Andrei Zvyagintsev? Que Rusia es un país corrupto en donde cualquier mafioso del tres al cuarto, amparado en un cargo público y bendecido por el obispo de la Iglesia Ortodoxa local, y con la aquiescencia del aparato de justicia y de la policía, puede hacer lo que le dé la gana… Para ese viaje no hacían falta alforjas. A fin de cuentas la trama es un simple mobbing inmobiliario como el que día tras día vemos en Barcelona, sin tantas complicidades ni complicaciones. Dudo mucho que se den las circunstancias que cuenta Andrei Zvyagintsev en su película.

Para mobbing, el que tienen que sufrir los habitantes de Barcelona, abandonados por su Ayuntamiento. A las inmobiliarias que en sus pisos ya adquiridos dan cabida al peor turismo que pudiera imaginarse, para obligar al resto de vecinos a aceptar sus ofertas de compra a bajo precio. No hace falta imaginar nada en Rusia, cuando en esta nuestra esquilmada España, sin tantas complicidades ni redes mafiosas reales o supuestas, una inmobiliaria puede hacer, más o menos, lo que vemos en ‘Leviatán’.

Leviatan

La película ha sido acusada en Rusia de no dar una imagen real del país. Me lo creo. Hay gente que quiere dar una visión pre-soviética de la realidad del país, aquí y ahora. No son los tiempos terminales del comunismo en donde se veía que aquello se hundía irremisiblemente y cada cual hacía valer sus intereses de la forma más drástica posible. Tampoco son los tiempos en los que Boris Yeltsin llegó al poder con una botella de vodka barato bajo el brazo y la bendición del Departamento de Estado norteamericano. Estamos en 2014. Los oligarcas están presos, exiliados o rezando para que nadie se acuerde de ellos. Rusia, da la sensación de haber recuperado la confianza en sí misma. Y su solidez como Estado.

Esta película nos quiere hacer creer que la santa alianza entre la política, la justicia, la policía y la religión, son capaces de unir sus fuerzas para ejercer mobbing inmobiliario. Es una película, no un documental. Buñuel ya falseó algunas escenas en su docudrama sobre ‘Las Hurdes’ (la cabra no se cayó, la tiraron; el burro recorrido por las hormigas era una obsesión que el director compartía con Lorca y con Dalí) y tan falso como la escena del funeral. Con ‘Leviatán’ pasa otro tanto: como película la podemos dejar en su honesta mediocridad; como denuncia no pasa de ser una mala broma.

La película es de factura rusa, pero no se ha hecho para ser proyectada en Rusia (demasiado próxima como para que pudiera ser creíble), sino para dar una imagen deteriorada de este país en el extranjero. Hasta el título se ha utilizado para llamar la atención, no del ruso, sino del occidental. ‘Leviatán’ se recuerda especialmente en los EEUU como una novela de Paul Auster, escritor de moda en aquel país. Buena parte del público norteamericano, incluso de los jurados de los Oscar, creían, antes de visionarla, que era, simplemente una adaptación del relato de Auster. Obviamente un equívoco deliberado.

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Otro de los elementos que nos confirman que no se trata de “cine ruso” es que no hay reflexiones y cierto nivel intelectual tan propios, no sólo del cine sino de la literatura, del teatro, incluso de la música rusa. La película es plana. Nos quiere indicar que, caciquismo e injusticia son patrimonio de la Rusia de siempre: existieron bajo los zares, existieron con Stalin, no desaparecieron con la “perestroika” y la “glasnost” y reaparecieron en toda su brutalidad con ese pirata que es Vladimir Putin… La prueba de que todo esto es falso lo da el hecho de que la película se rodó en Rusia y pudo acogerse a subvenciones oficiales. Si quedara algo de dictadura en aquel país, el director en estos momentos estaría en una fosa común.

Si no ha recibido premios en su tierra natal es porque allí difícilmente es digerible una historia como esta, tal como Zvyagintsev la ha contado. A la inversa, si los medios hollywoodienses y las distribuidoras norteamericanas la han acogido con tanta benevolencia se debe, precisamente, a su voluntad deliberada de erosionar la imagen del Estado Ruso. ¿O es que alguien cree que la “guerra de las galaxias” y el despliegue de misiles y de bases militares es el único recurso utilizado por los EEUU para arrinconar a Rusia? Esta película, mediocre y mal atada donde las haya, forma parte del arsenal de operaciones psicológicas que tiende a demostrar en Occidente que Rusia es un virus del que hay que prevenirse.

Los 140 minutos de película se hacen eternos a partir de la primera hora; ni siquiera está claro lo que ha ocurrido con la esposa del protagonista: ¿asesinada? ¿suicidada?, ni mucho menos con el combativo abogado que resulta su amante y que a pesar de proponerle huir con él a Moscú, desaparece sin una mención en la segunda mitad. Los personajes secundarios, incluido el hijo del matrimonio, se difuminan hasta desvanecerse por completo. Cuando aparecen los créditos y termina la proyección, uno se levanta con la sensación de que el castigo ha terminado y que los críticos que la han glosado como de “inspiración bergmaniana”, “digno producto de un heredero de Tarkovski”, “película simpática y mordaz” o “cine verdad”, o no la han visto, o se trata de mercenarios que han cobrado por redactar una crítica favorable.

Como hemos dicho, la película está financiada por el Estado ruso. Una vez acabada la censura solamente impuso el que se cambiaran las palabras malsonantes. El director optó por eliminar tales palabras sin cambiarlas, de tal manera que los labios de los actores se mueven pero no se oyen los tacos. Esa ha sido toda la “censura”. La prensa occidental ha alardeado de que la versión “íntegra” (esto es con los tacos a voz en grito) circula de mano en mano especialmente entre los jóvenes. No creo que ningún ruso dé algo por oír tacos, francamente, pero lo cierto es que la película ha desatado cierta polémica en el país. Vladimir Medinski, Ministro de Cultura, acusó al director de buscar solamente “las estatuillas doradas y las alfombras rojas” y de presentar una imagen distorsionada de Rusia que encajaba perfectamente con el diseño de este país realizado por las autoridades europeas y norteamericanas. En la ciudad de Samara, representantes políticos y religiosos pidieron que se despidiera a Valeri Grishko, director del teatro local que interpretó el papel del obispo ortodoxo en la película.

No solamente no es una película que no merece premio alguno, sino que aburrirá soberanamente a los valientes que se atrevan a pagar por verla. Algunos deberían recordar que la Guerra Fría terminó en 1989.

Leviatan

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Amor DiBó

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

1 comentario

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  1. jean 6 octubre, 2015 at 03:26 Responder

    me parece excesivamente despectiva la forma de analizar este film, no es acaso el retrato material, fenomenológico si lo quieres llamar del Leviatan de Thomas Hoobs?, la pelicula no es para publico fácil, puede aburrir, pero es una película en la cual el goce esta en la identificación ante el ciudadano avasallado ante la implacable maquina estatal, se debe disfrutar desde la perspectiva cultural, de manera identificatoria, así se disfruta (o sufre, en el buen sentido) de esta película.

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