Reparar a los vivos (2016), de Katell Quillévéré – Crítica

«Reparar a los vivos no explota los sentimientos de una forma grosera, sino que los aborda de una manera elegante, distinguida, y con una delicadeza soberbia»

Reparar a los vivos es una emocionante mirada a los destinos entrelazados. Ese es el tercer largometraje de Katell Quillévéré tras Un poison violent (2010) y Suzzane (2013), con un magnífico guión de la misma realizadora junto a Guilles Taurand, basado en la exitosa novela del mismo título, y publicada el año 2014, de la escritora Maylis de Kerengal. Al igual que su segundo largometraje, Suzanne, ésta es una narración extensa con la sustancial diferencia de que aquí no tratamos a unos pocos personajes seguidos durante varios años. Todo lo contrario. El reparto es enorme y se experimenta en un inquieto y turbulento par de días. Un muchacho muere en un accidente de tráfico, sus órganos pueden salvar la vida a una mujer al otro extremo del país.

Seguramente el lector habrá adivinado que se trata de una cinta cuyo principal argumento es la donación de órganos. Es cierto, pero totalmente carente del sentimentalismo al que estamos acostumbrados que se trate este tipo de temas. Aquí no hay sensibileria de ningún tipo, ni nos intentan tocar la fibra para que nos nazca una lagrimita, ni nos manosean los sentimientos con alegatos de mercadillo barato. No señor, nada de eso, ya que el público se identifica más con las situaciones que con los mismos personajes como personas, pues, cada actor, tiene unas pocas escenas. Esto significa que la cinta no se centra en el motivo del trasplante, y hace reflexionar al público sobre los conceptos relacionados con la muerte, la vida, el amor, y por qué no, nuestra propia existencia.

Los magníficos planos, estudiados al milímetro, nos impregnan de la sutil poesía de las cosas más comunes, con unos flash-backs desgarradores, lo que hace que Reparar a los vivos se guíe por la lógica de la emoción, interpolando un sentido único y notable de la inmediatez, además de las bellas escenas narrativas que dan un potencial expresivo a cada secuencia.

La cinta se abre con un primer plano de Simón (Gabin Verdet), de 17 años, quién besa cariñosamente a su novia dormida, se viste, monta en su bicicleta, y se desliza por las calles de una pequeña población francesa. En esta travesía, se une un amigo con un monopatín. Es una secuencia larga, sin palabras, meditativa. Una furgoneta, con un tercer amigo como conductor, les está esperando: tres adolescentes se reúnen para ir a surfear. En la playa, al resguardo de unas rocas, se embuten en sus trajes de neopreno, y se lanzan al agitado y frío mar. Aquí la cámara nos enseña, con todo tipo de precisión, la espuma de las olas, los saltos con sus tablas de surf, los remolinos del agua. No hay urgencia en contar la historia, solo vivir el presente, subir a la tabla, e ir al encuentro de una nueva ola. El movimiento fluye una y otra vez. Suben de nuevo a la furgoneta y, de vuelta a casa, sufren un accidente, siendo el más perjudicado Simón, a quien le diagnostican muerte cerebral.

La segunda parte se centra en los padres de Simón, Marianne (Enmanuelle Seigner) y Vincent (Kool Shen), quienes se enfrentan al hecho de que su hijo está muerto, que respira gracias a una máquina y, que la vida, también tiene un final. Hasta para las personas más jóvenes.  En este momento de suma angustia (los sentimientos no se presentan de una forma burda) aparece el joven médico Thomas (Tahar Rahim) que lucha por encontrar la forma adecuada para que, Marianne y Vincent den su consentimiento para utilizar los órganos, enfrentándose a la burocracia médica.

Reparar a los vivos está magistralmente realizada, con un elenco actoral de primer orden. No en vano Enmanuelle Seigner ha protagonizado películas como La escafandra y la mariposa (Julian Schanabel, 2007) o Cena de amigos (Danièle Thompson, 2009) entre muchas otras. Asimismo, a Tahar Rahim, lo recordarán por haber protagonizado Los anarquistas (Elie Wajeman, 2015); Anne Doval en Mommy (Xavier Dolan, 2014); Monia Chokri (Los amores imaginarios, 2010); Bouli Lanners (11.6, 2013), entre otros grandes actores franceses de primer orden.

En definitiva, Reparar a los vivos es un film precioso que no se dedica a tocar los sentimientos de una forma grosera, sino elegante, distinguida, y con una delicadeza soberbia. Y todo ello acompañado de unas bellas imágenes.  Katell Quillévéré sabe exactamente dónde hay que apretar, con una exacta medida de tiempo, para que brote la ternura.

Les aconsejamos su visionado.

Sinopsis Todo comienza de madrugada en un mar tempestuoso con tres jóvenes surfistas. Unas horas más tarde, en el camino de vuelta sufren un accidente. En el hospital Havre, la vida de Simón pende de un hilo. Mientras tanto, en París, una mujer espera un trasplante providencial que le pueda prolongar su vida. Thomas Remige, un especialista en trasplantes, debe convencer a unos padres en estado de shock de que ese corazón podría seguir viviendo en otro cuerpo. Y salvar, tal vez, una vida.
País Francia
Director Katell Quillévéré
Guion Katell Quillévéré, Gilles Taurand (Novela: Maylis De Kerangal)
Fotografía Tom Harari
Reparto Emmanuelle Seigner, Tahar Rahim, Anne Dorval, Alice Taglioni, Monia Chokri, Bouli Lanners, Finnegan Oldfield, Dominique Blanc, Alice de Lencquesaing, Karim Leklou, Kool Shen, Camille Tillier, Andranic Manet
Género Drama
Duración 103 min.
Título original Réparer les vivants
Estreno 04/08/2017

Calificación8
8

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Josep Lluis Mestres

Josep Lluis Mestres, nacido en Barcelona (1960), ha sido director de la revista literaria Vians Literature, y sus narraciones, poemas y artículos han aparecido en distintas revistas especializadas. Es autor de variados libros de poesía y narraciones, y le han sido concedidos diversos premios literarios.

1 comentario

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  1. Sandra 7 agosto, 2017 at 09:57 Responder

    Excelente Josep. Es una preciosa película enternecedora. Gracias por aconsejar. Por cierto, tu libro es magnífico. Te sigo.

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