Cold War (2018) de Pawel Pawlikowski – Crítica

Cold War

Cold War nos presenta la convulsa historia de amor entre un músico veterano y su pupila más aventajada en la Polonia soviética de los años 50, donde incluso el arte más puro se verá sometido a los intereses políticos de Moscú. La Guerra Fría del título, por tanto, no sólo hace referencia a la época reflejada en la película, sino también a la turbulenta relación que comparten los dos protagonistas, llenos de matices y brillantemente interpretados por Tomasz Kot y Joanna Kulig.

Cinco años después de fascinar al mundo con Ida (Óscar a la Mejor Película Extranjera en 2014), Pawel Pawlikowski regresa a su Polonia natal para contarnos una nueva historia en blanco y negro, tan real y tan intensa que no parece necesitar más colores para transmitirnos todos los matices de la vida. A sus sesenta y un años, el director polaco demuestra seguir en plena forma a la hora de mostrar la crudeza de un mundo devastado por la guerra, jamás mencionada pero siempre presente, en cada plano, en cada gesto, en cada diálogo.

La pareja protagonista acapara toda la atención desde casi el principio. Wiktor (Tomasz Kot) es el responsable de dirigir un espectáculo itinerante de música y baile tradicionales, y alberga en secreto el deseo de vivir al otro lado del Telón de Acero. Zula (Joanna Kulig) es una joven rural llena de energía y con una voz prodigiosa, que muy pronto se convierte en la razón de ser de Wiktor. El resto de los personajes son francamente secundarios, incluso los que llegan a compartir una relación más estrecha con los protagonistas, dejándonos claro siempre que todo se reduce a Zula y Wiktor, a Wiktor y Zula.

Cold War nos lleva de viaje por distintas localizaciones (Polonia, Alemania, Yugoslavia, Francia), con imágenes técnicamente impecables, que resaltan las diferencias entre las dos mitades del Viejo Continente. Lo interesante aquí es la alienación que produce en los protagonistas el estilo de vida occidental, al que se entregan de manera muy diferente: él con convicción, ella llena de dudas. En ambos casos, se percibe una lucha interna entre las promesas de libertad de Occidente y la nostalgia de su tierra natal, y es esta lucha la que pone en evidencia que los caminos de Wiktor y Zula no son tan paralelos como ellos creían.

En la primera mitad de la película (de por sí muy corta, en total no llega a noventa minutos), el romance evoluciona sutilmente, sin prisas, dejando que lo disfrutemos en cada momento. Sin embargo, hacia el último cuarto, a pesar de las constantes idas y venidas de los protagonistas, confieso que no conseguí sentir ese “por favor, que acaben juntos de una vez” tan necesario en una película de amor, ya sea comedia o drama. De ahí llegamos, casi sin avisar, a un final tan apresurado que me dejó pensando si el director no se habría quedado sin ideas. Pues Cold War es una película que empieza cocinándose a fuego lento, acelera de repente y se frena en seco, perdiendo parte de su magia inicial en el proceso.

Aún así, una gran historia de amor, por su veracidad y por la increíble química entre sus protagonistas, que sirve como testimonio de una época y un lugar en el que quizás dos personas sólo se tuvieran la una a la otra para soportar las miserias del mundo en el que les había tocado vivir.


Sinopsis Con la Guerra Fría como telón de fondo, “Cold War” presenta una apasionada historia de amor entre dos personas de diferente origen y temperamento que son totalmente incompatibles, pero cuyo destino les condena a estar juntos.
País Polonia
Dirección Pawel Pawlikowski
Guion Pawel Pawlikowski, Janusz Glowacki
Fotografía Lukasz Zal
Reparto Joanna Kulig, Tomasz Kot, Agata Kulesza, Borys Szyc, Cédric Kahn, Jeanne Balibar, Adam Woronowicz, Adam Ferency, Adam Szyszkowski
Género Romance
Duración 88 min.
Título original Zimna wojna
Estreno 05/10/2018

Calificación7.5
7.5

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Alberto Merino

Nací en Madrid en 1989 y, desde pequeño, he consumido dosis poco recomendables de ficción, ya sea en formato libro, película, serie o cómic. Al final, terminé estudiando industriales, pero siempre me he sentido más artista que ingeniero. Incluso publiqué una novela, "Las lágrimas del escorpión", cuando tenía 24 añitos. Aunque suelo presumir de mi buen gusto cinéfilo, tengo dos vicios inconfesables: las comedias románticas y las películas de tiburones. Para mí, Tarantino es el GOAT indiscutible.

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