Men, Women And Children (2014): Todos enredados

Previamente: MW&C (1ª parte) – ¡Atención, por favor!MW&C (2ª parte) – Usted está aquí

Men, Women & Children

Si tienes más de 35 años, seguramente tú también habrás lamido henchido de ilusión el dorso de un sello, antes de estamparlo en el reverso del sobre de una carta de amor, antes de echarlo al buzón, antes de sentarte a esperar semanas enteras, antes de que llegara una respuesta… Si es que llegaba.

Si no se te puede aplicar la capciosa etiqueta de “nativo digital”, seguramente tú también habrás acaparado durante horas seguidas la única línea de telefonía fija de tu casa que mediaba entre tus sentimientos susurrados y los susurrados sentimientos de esa otra persona que, a su vez también monopolizaba el terminal en su domicilio (cuando aún se denominaba auricular a una pieza de resina plástica de unos 300 gramos que colgaba de un cable siempre demasiado enrollado), sometiéndoos al escrutinio y poniendo a prueba la paciencia de vuestros respectivos padres… “Cuelga tú… No, no, cuelga tú… No, tú primero…”.

Men, Women & ChildrenSi ya os tocó soportar las etiquetas de BabyBoomers o Generación X, seguramente traten por activa y por pasiva de poneros a este (y no a ese otro lado) de la tan traída y tan llevada “brecha digital”. Inmigrantes digitales os llamarán… Y, sin embargo, no son más que eso, denominaciones que no sirven más que para constatar una vez más que los adultos que se las inventan desean poner la carga de la prueba sobre las nuevas camadas, (más dispuestas -dicen- a los cambios, aunque para ellos nada ha cambiado porque sencillamente este es su mundo, el único que ellos conocen), cuando de lo que en realidad de trata es de ocultar una mal asumida obsolescencia en cuanto a los formatos, los medios y los códigos imperantes.

El arquetipo del joven peligroso para sí mismo y para los demás no es nuevo: distintos agentes, agencias públicas y, ¿por qué no decirlo?, también algunos partidos políticos viven de ello. Probablemente ese interés y temor han contribuido a propagar visiones erróneas, como en el caso del término “nativo digital”, que poniendo el foco en las prácticas tecnológicas juveniles, tiene como efecto invisibilizar los elementos comunes que existen en esas mismas prácticas en adultos. Algo que en ‘Men, Women & Children‘ queda patente desde el minuto uno, dándonos a pensar qué será más peligroso: si las mencionadas prácticas tecnológicas juveniles o las constantes “bienintencionadas” incursiones de los papás en las interacciones on line de sus hijos.

Esta percepción y construcción, además de presentar una pretendida homogeneidad de los grupos de edad y de su pericia tecnológica, que no se corresponde con los resultados empíricos, corre el peligro de fabricar a la contra una ficción del adulto contemporáneo como más estable, más autónomo y menos creativo en sus usos y costumbres tecnológicos, obviando datos tan relevantes como que, por ejemplo, la mayoría de los productores de contenidos on line (posts en blogs, vídeos, fotos, comentarios, textos e informaciones en las distintas webs) son adultos mayores de 30 años, y que el film de Jason Reitman se encarga de desmontar sistemáticamente.

En mi humilde opinión, el doble mérito que atribuyo a ‘Men, Women & Children‘ es el haber puesto de manifiesto no sólo que, en lo que a Internet y las TIC se refiere estamos todos juntos en esto –en un indefinido proceso de aprendizaje de gestión tecnológico-emocional-. También, y esto es a mi juicio lo más revelador (porque de evidente que es, resulta doloroso), que de la inmensa mayoría de lo que leen, escuchan, visualizan, aprenden, estimula y condiciona a los y las jóvenes de hoy en día, somos subsidiarios (y autores) los adultos. Y que nuestra responsabilidad no termina en el siempre ineficaz y paranoide control parental (aunque esto es un juicio de valor mío), sino en concienciarnos (como los adultos que se presupone que somos) definitivamente acerca de la impresionante arma de doble filo que tenemos entre manos.

El medio es el mensaje

Men, Women & ChildrenLos y las jóvenes protagonistas de ‘Men, Women & Children‘, al igual que nosotros, al igual que nuestros padres y al igual que nuestros abuelos (y así podríamos seguir hasta recluirnos de nuevo en las Cuevas de Altamira) hacen las mismas cosas que se hacían sin ordenadores, teléfonos móviles y resto de TIC: charlan con los amigos, quedan, se informan, ligan, coordinan sus actividades cotidianas, felicitan, solicitan y ofrecen ayuda, chismorrean, propagan rumores, acosan, juegan, leen, escuchan música, consumen pornografía, etc. Lo que ocurre es que, al participar estos dispositivos digitales en esas acciones, cambian las maneras, los tiempos, los espacios, los gestos, las normas de etiqueta, las expectativas y los significados.

Las mediaciones digitales son en realidad, como señalaron Bolter y Grusin en 2000, formas de remediación: de volver a mediar interacciones prácticas, formas de comunicación que ya estaban siendo mediadas. En primer lugar no deberíamos olvidar que la comunicación siempre está mediada. Y tratar de defender que haya habido una época libre de mediadores es un error o una falsedad -dependiendo del grado de consciencia que se tenga de tal afirmación en el momento en que se plantee o se exprese-. No sólo existen las mediaciones tecnológicas: el lenguaje, la escritura, la palabra, los acentos, la vestimenta, el peinado, el maquillaje…, son formas de mediación que movilizan múltiples significados e interpretaciones. La noción de remediación se refiere, entre otros elementos, a los modos en los que una mediación tecnológicamente retoma, traduce e incorpora las anteriores mediaciones: las llamadas de móvil o los e-mails, por ejemplo, pueden remediar rituales de cortejo encarnados previamente en las llamadas de fijo a fijo y en las cartas de amor.

Men, Women & ChildrenPero, además, -y de aquí la vital importancia de la constante alfabetización digital-, cada nuevo medio, no sólo remedia otro anterior, sino que también incorpora en sí mismo y redefine las connotaciones del mensaje por el mero hecho de haber sido empleado. Me explico: sucede que los correos electrónicos, por ejemplo, al tiempo que facilitan una comunicación asincrónica más rápida que las cartas, son menos raudos que un whatsapp o una llamada al móvil. Ahora bien, que nuestra comunicación a través de las TIC sea eficaz (y por eficaz hemos de entender no sólo que el mensaje sea recibido, sino que también sea interpretado lo más exactamente a como deseamos nosotros que se haga), depende en un porcentaje altísimo de que seamos capaces de seleccionar correctamente el medio para emitirlo. De modo que, antes de entrar a valorar el contenido mismo del mensaje, hemos de dilucidar si no estaremos conculcando las normas tácitas de protocolo que, en torno a las TIC se van creando y modificando día a día, hasta el punto de ser considerados invasivos, rudos e incluso agresivos, por el mero hecho de expresarnos por esta y no por aquella otra vía. Por lo que aquella máxima de Marshall McLuhan (padre del concepto de la Galaxia Gutenberg o Aldea Global) “el medio es el mensaje”, cobra hoy más significado que nunca. Ya que los factores que configuran la idoneidad de unos medios frente a otros son tan complejos, tan sutiles, tan cambiante la naturaleza de los vínculos con otras personas y colectivos en el entorno de las TIC, que requieren una alfabetización digital constante. Lo que pone de manifiesto que ni adolescentes ni jóvenes son nativos digitales, ni sus prácticas son el resultado de formas de determinismo tecnológico.

Leer la 4ª y última parte: MW&C – Seres conversacionales

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Rubén Chacón

Periodista, publicista, colaborador habitual en distintos medios, autor de El Sorprendedor (Temas de Hoy, 2011), diseñador de juegos, cantante de End of Party, cinéfilo empedernido y padre de dos hijos.

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