Solo nos queda bailar (2019): ser homosexual en Georgia

Solo nos queda bailar es una dura denuncia de la tradición, cuando ésta es herramienta de represión e imposición.

Su estreno en Georgia se saldó con 27 detenidos y 2 policías heridos.

En Georgia, país donde discurre la trama de Solo nos queda bailar, la película solo se ha podido proyectar en 5 cines, bajo fuertes medidas de seguridad. Las protestas, lideradas por la iglesia ortodoxa, se saldaron con 27 detenidos y 2 policías heridos. “No permitiremos la propaganda de la perversión, vamos a frustrar el estreno”, amenazó días antes Alexander Bregadze, líder del movimiento Marcha Georgiana.

El debate en torno a la homosexualidad en Georgia se encuentra muy polarizado. Levan Gelbakhiani, protagonista del film, asegura que “la sociedad está superdividida. A un lado, tienes a los jóvenes, que tienen la mente abierta, con Internet y gran cantidad de información… Al otro lado, tienes a una generación más mayor, con herencia soviética y una mentalidad muy cerrada. La propaganda de los rusos sigue funcionando muy bien”.

Tanto es así que Solo nos queda bailar, y quienes participaron en su realización, fueron víctimas de numerosos boicots y amenazas. “Nos amenazaron de muerte solo por rodar la película, tuvimos que llevar escolta durante la filmación”. “Algunas localizaciones que estaban ya contratadas ponían excusas y cancelaban el acuerdo”.

Solo nos queda bailar es una película muy sólida en prácticamente todos sus aspectos técnicos y artísticos.

El director sueco Levan Akin comenzó a idear la película a raíz de los disturbios acontecidos en Tiflis en 2013, cuando unas pocas personas que se manifestaban contra la homofobia fueron acosados y perseguidos por una gran multitud. Se trasladó a Georgia y comenzó a trabajar en Solo nos queda bailar.

Levan Akin ha contado con un reparto en el que figuran actores no profesionales provenientes del mundo de la danza. Tal es el caso de Levan Gelbakhiani, merecido ganador en la Seminici y nominado a los Premios de Cine Europeo, y de su compañera de baile tanto en la ficción como en la realidad, Ana Javakishvili.

Solo nos queda bailar es una película muy sólida en prácticamente todos sus aspectos técnicos y artísticos. Los bailes georgianos han sido rodados de manera exquisita. Resultan hipnóticos. La fotografía, muy luminosa, recuerda a Call me by your name, otra gran película de temática homosexual.

Algunos de sus momentos más brillantes vienen acompañados de planos secuencia. Si vais a verla, prestad especial atención a la boda del hermano del protagonista. Son posiblemente los mejores minutos de la película.  

Además de una historia de iniciación sexual, Solo nos queda bailar es una reivindicación de la libertad individual, tanto sexual como artística. Y una dura denuncia de la tradición, cuando ésta es herramienta de represión e imposición.


Sinopsis Merab lleva ensayando desde que era muy joven en la Compañía Nacional de Danza de Georgia con su pareja de baile, Mary. De repente, su vida da un vuelco cuando aparece el despreocupado y carismático Irakli y se convierte en su rival más poderoso, pero también en su mayor objeto de deseo.
País Suecia
Dirección Levan Akin
Guion Levan Akin
Música Zviad Mgebry, Ben Wheeler
Fotografía Lisabi Fridell
Reparto Levan Gelbakhiani, Bachi Valishvili, Ana Javakishvili, Giorgi Tsereteli, Tamar Bukhnikashvili, Marika Gogichaishvili, Kakha Gogidze, Levan Gabrava, Ana Makharadze
Género Drama
Duración 106 min.
Título original Da cven vicekvet
Estreno 07/02/2020

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Arturo G. Maiso

Viajero y cinéfilo. Director de Marketing en una plataforma de financiación participativa, CEO de AGM Comunicación Multimedia y director de El Cine en la Sombra.

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