Dogman (2018) de Matteo Garrone – Crítica

En un pequeño pueblo de la costa napolitana, los vecinos de un barrio a las afueras viven intimidados por la presencia de Simoncino, un exboxeador cocainómano que les roba y agrede cuando le viene en gana. Sólo Marcello, un peculiar peluquero de perros, parece tenerle cierta admiración, forjándose entre ellos una extraña relación de dependencia mutua que es el motor principal de toda la película. El director, conocido por obras anteriores como Gomorra o Reality, opta aquí por el realismo más crudo, con una historia que se siente protagonizada por personas y no por personajes, y consigue llevarnos a un mundo que, aunque parezca lejano y extinto, en realidad está a la vuelta de la esquina.

No encontraremos en Dogman personajes extraordinarios con habilidades singulares, diálogos ingeniosos y grandes ambiciones. No salen mafiosos refinados, ni policías corruptos, ni mujeres fatales. El protagonista, Marcello (al que interpreta un sorprendente Marcello Fonte, premiado en Cannes por su actuación), es un hombre vulgar, insignificante, que regenta una peluquería para perros, vive solo, y únicamente tiene una alegría cuando le visita su hija pequeña. Su contrapartida, el gigantesco Simoncino, es un criminal de poca monta, un matón de barrio cuya única obsesión consiste en conseguir su siguiente tiro de cocaína, para lo que necesita a veces la ayuda de Marcello. Su improbable amistad es una revisión del clásico esquema “pequeño pero listo” más “fuerte pero tonto”, que les lleva a meterse en serios problemas hacia mitad de la película.

Dogman, por tanto, sigue a Marcello en su día a día, con esas dos vidas que no consigue conciliar. Por un lado, se esfuerza por ser un trabajador honrado, un buen vecino y un padre cariñoso. Sin embargo, una parte de él admira todo lo que representa Simoncino (poder, valor, libertad) y abraza lo que este le ofrece: las drogas, las fiestas nocturnas, el peligro. No necesita mucho más Matteo Garrone para tenernos con los ojos clavados en la pantalla de principio a fin. La trama se desarrolla con un ritmo calculado con mimo, sin una prisa, sin una pausa, y el desenlace resulta redondo.

Por supuesto, merece una mención especial el ambiente recreado por la película, ese barrio costero a medio construir, o medio demoler, donde los que viven parecen existir al margen del mundo moderno. Escenarios que acompañan perfectamente a la historia que se nos está contando, y nos transmiten la soledad y ruina de los personajes tan bien como los propios actores.

Sin duda, Dogman es una de las películas imprescindibles de este año.


Sinopsis 1988. El dueño de una peluquería canina a las afueras de Roma se deja influenciar por un delincuente local hasta que su vida personal se complica y decide tomar las riendas de la situación.
País Italia
Dirección Matteo Garrone
Guion Maurizio Braucci, Ugo Chiti, Matteo Garrone y Massimo Gaudioso
Fotografía Nicolai Brüel
Reparto Marcello Fonte, Edoardo Pesce, Nunzia Schiano, Adamo Dionisi, Francesco Acquaroli, Alida Baldari Calabria, Gianluca Gobbi, Aniello Arena
Género Thriller
Duración 120 min.
Título original Dogman
Estreno 09/11/2018

Calificación8.5
8.5

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Alberto Merino

Nací en Madrid en 1989 y, desde pequeño, he consumido dosis poco recomendables de ficción, ya sea en formato libro, película, serie o cómic. Al final, terminé estudiando industriales, pero siempre me he sentido más artista que ingeniero. Incluso publiqué una novela, "Las lágrimas del escorpión", cuando tenía 24 añitos. Aunque suelo presumir de mi buen gusto cinéfilo, tengo dos vicios inconfesables: las comedias románticas y las películas de tiburones. Para mí, Tarantino es el GOAT indiscutible.

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