La depresión de Lars Von Trier

La trilogía de la depresión

Tres títulos conforman la llamada “Trilogía de la depresión” de Lars von Trier: ‘Anticristo‘ (2009), ‘Melancholia‘ (2011) y ‘Nymphomaniac‘ (2013). Tanto a nivel individual como global, las obras constituyen un oscuro ensayo sobre los rincones más profundos y siniestros de la psique humana.

El cineasta danés aseguró haber atravesado una fuerte depresión antes de comenzar el rodaje de estas tres películas. Fue para Von Trier una etapa crítica que hizo virar su vida y su carrera cinematográfica. La concepción, el origen de esta trilogía, se fraguó durante su enfermedad.

La depresión es un problema que afecta a un porcentaje muy alto de la población en occidente. Tiene mucho que ver con el componente de individualismo y narcisismo que domina nuestras sociedades, adjetivos perfectamente extrapolables al propio Von Trier. El sujeto, muchas veces ya previamente aislado, se encierra en sí mismo presa de la melancolía que padece, comenzando así una lucha encarnizada contra su soledad, sus miedos, sus instintos y su conciencia. En definitiva, contra sí mismo.

Todo ello se traslada a esta trilogía en lo que se podría entender como fases no cronológicas del estado anímico depresivo. No se trata de una experiencia catártica. Von Trier no permite un solo minuto amable, no da pie ni siquiera a la esperanza.

Anticristo‘ es el film más impactante de los tres, tanto a nivel visual como argumental. Está concebido indudablemente para ser amado o repudiado desde el primer minuto. Los seis capítulos en los que está dividido reflejan el estado depresivo más caótico e irracional. Un joven matrimonio pierde a su hijo, lo que provoca en la madre un estado de remordimiento perpetuo y atroz. Se aísla en el bosque, se enfrenta a su instinto (causa indirecta de la tragedia) y se autoflagela por no poder dominarlo. Nace aquí el terror del ser humano a su propia naturaleza. Se castiga por ser humana, por ser mujer, elementos que aparecerán nuevamente en ‘Nymphomaniac‘.

Antichrist

El estado anímico semipermanente de aquellos que sufren la depresión se dibuja metafóricamente en ‘Melancholia‘ con el ovillo de lana gris (tristeza) del que uno no puede desprenderse, viéndose obligado a arrastrarlo allí donde quiera que vaya. Si bien en ‘Anticristo‘ eramos testigos de la formación de este ovillo, al comenzar ‘Melancholia‘ este ya acompaña a las dos hermanas protagonistas: Justine (sugerente nombre que remite inevitablemente a cierto personaje literario) y Claire, que conforman dos núcleos narrativos conectados entre sí.

Justine teme por su vida, Claire por su muerte. Dos actitudes temerosas y paralizantes ante la impredecibilidad de la existencia, ante la vulnerabilidad del ser humano y su poca trascendencia. Considerada por el propio autor como la más narrativa de las tres, cualidad que Von Trier no considera excesivamente positiva, es también la que encierra aquellas cuestiones más elevadas. En ocasiones, parece incluso que el director se adentra en el misticismo.

Melancholia

Llegamos finalmente a ‘Nymphomaniac‘. La última etapa de la depresión: el desenredo del ovillo o la caída total en la desidia. Es la más directa y comprensible -es inevitable no pensar en una redención comercial de Von Trier tras su grotesco e innecesario desvarío en Cannes-, aunque intenta mantener la  irreverencia de las anteriores en un esfuerzo del director por mantenerse a la altura de su ego creativo. ‘Nymphomaniac‘ es una historia de culpa sin culpables, es la aceptación final del defecto humano.
La depresión para Von Trier tiene una reminiscencia al spleen baudelariano. No es clínica ni analítica. Tiene algo de bello y de poético, se acompaña de imágenes artísticas, de música, de un marcado idealismo. Él lo define como “un lobo aullándole a la luna”. Una muestra personalísima de lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Y la intención final no es encontrar el consuelo. Es abrazar ese caos humano, lleno de horror y de belleza, y en última instancia, es seguir esa alabanza ridícula e infinita a lo que somos: puro ego.

Nymphomaniac

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4 comentarios

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  1. PedroAndres 9 abril, 2015 at 17:23 Responder

    Vi Melancolía cuando salió en cines sin saber que hacía parte de la trilogía que se describe en el artículo (aun así me gustó mucho). Hay que ver entonces las 3 películas para comprender la intención del autor!

  2. Natalia Posada Pérez 20 enero, 2016 at 06:40 Responder

    Excelente artículo. Me pasó algo semejante a PedroAndrés: Vi las dos ediciones de Ninfomaníaca sin saber que forma parte de una trilogía. Por supuesto voy a ver las otras dos, de por sí a partir de Ninfomaníaca reflexioné muchas cosas, es muy potente.

    Finalmente, le concedo al autor del artículo su conclusión: La perpetua alabanza al ego, algo solipsista si se quiere pero parece que tras la modernidad, hemos caído bruscamente en esta espiral.

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