Soy Henry Van Cleve: analítica de ‘El Diablo dijo no’ (1943), de Ernst Lubitsch

Lubitsch reflexiona sobre lo que hay en el más allá. Para ello, utiliza a Henry Van Cleve, y gracias a este personaje vemos todas sus dudas, todas sus pesadillas.

Cuando se habla de Ernst Lubitsch, nos referimos al creador de la comedía intelectual que, poco a poco, ocupó un espacio dentro de la industria cinematográfica. Pero nos olvidamos del Lubitsch soñador que veía que el cine tenía futuro. Se dio cuenta que las películas no iban a ser sólo una moda pasajera. Ernst Lubitsch fue uno de los genios que idearon el cine tal como lo conocemos hoy.

Ahora nos vamos a meter de lleno en por qué fue este director el que prácticamente trasladó la comedia intelectual a la gran pantalla. Las bases de lo que conocemos hoy como comedia intelectual provienen de este maestro del cine y, desde entonces, han ido evolucionando. Las comedias modernas tienen su rincón para meditar sobre la vida, de sus subidas y bajadas. Tal vez en este apartado podemos decir que Ernst Lubitsch fue el primero que se lanzó a la aventura, un visionario, un genio del cine con mayúsculas.

Empezó a realizar películas en el principio de la primera guerra mundial, cuando todavía la industria era muda y sus últimas películas ya son en color. Se puede decir que este director fundó un movimiento dentro de su adorada comedia: con personajes de a pie y su estilo original de narrar los sucesos cotidianos, como si flotasen en la pantalla, algo necesario para comprendernos. Y lo consiguió, enganchó a todo el mundo con sus historias y con su manera de contarlas. Su ritmo narrativo es sencillo. Lubitsch quería que sus películas fuesen entendibles para todo el mundo.

En esta sencillez se cuela una película que fue una de las últimas que realizó: El diablo dijo no. Aquí por ejemplo, vemos a un Lubitsch más reflexivo con lo que hay en el más allá. Quiere saber si sus faltas lo van a mandar al paraíso o lo van a castigar en el infierno. Para ello, utiliza a Henry Van Cleve y gracias a este personaje vemos todas sus dudas, todas sus pesadillas y todo lo que, en definitiva, le ha preocupado al director en su vida. Lubitsch nos dibuja una genialidad para comprenderle mejor.



Qué nos enseña El diablo dijo no.

Esta película refleja todas las preguntas filosóficas y espirituales de Ernst Lubitsch, disfrazadas de una comedia clásica para todos los públicos y sobre todo es muy divertida. En Henry Van Cleve estamos reflejados todos los que tenemos vida, nuestras equivocaciones y aciertos. Esta película trata de errores y perdones de una vida entera. Vemos al personaje principal en la cuna, pero también le vemos de anciano esperando a la muerte.  

Es interesante también tratar de analizar el verdadero carácter del director viendo como se comporta el personaje principal de El diablo dijo no, sabiendo que Lubitsch moría poco después de realizar esta joyita. Podemos, así, reflejar parte de la preocupación por el paso del tiempo de este cineasta que cambió la forma de ver las comedías, tratándolas como didácticas en una época donde el cine todavía estaba en búsqueda de sí mismo. Si nos fijamos en el año en la que se estrenó, 1943, vemos que todavía estábamos sumergidos en la lucha contra el nazismo. Aunque esta película es intemporal, pues trata de la vida misma.

También es interesante conocer por qué eligió al diablo como juez de sus faltas. Con esto nos quiso decir que si Lucifer te perdona puedes alcanzar la paz. Las faltas de Henry Van Cleve no son mortales. ¿Qué pecados tienen perdón y cuales te condenan a la oscuridad?

Henry Van Cleve niño, Henry Van Cleve joven, Henry Van Cleve esposo, Henry Van Cleve padre. Todos nosotros pasamos a lo largo de nuestra vida por muchos estados. Y en cada uno de ellos se cometen faltas, pero existe el arrepentimiento y eso es lo que verdaderamente busca con esta película Ernst Lubitsch: el perdón de su público, y al final son los mismos espectadores los que perdonan del infierno al personaje principal.



Cómo perdona el público a Henry Van Cleve

Desmenuzando el carácter de este personaje, nos encontramos a un hombre bueno lleno de contradicciones en su interior. Todos sus errores tienen una causa noble que le hacen ser mejor persona. Los caminos que llevan a Henry Van Cleve son los entresijos de sus acciones. Por un lado, parecen locas pero al final vemos arrepentimiento. Entonces es cuando el espectador le perdona, sabiendo de antemano que su perdón es para un hombre que no se merece arder en el infierno.

Las faltas de Henry Van Cleve a lo largo de su vida tratan de ser un reflejo de la sociedad actual. Donde no hay una razón para ver más allá de lo suyo, cada persona se ocupa de ella mirando los fallos del vecino. El diablo dijo no es una película de reconciliación con el más allá. Sin detenerse en chismorreos nunca abandona la vida cotidiana. Analiza todos sus espacios y, por esta razón, llega al corazón del público, el recuerdo de esta obra maestra.

Pero Henry Van Cleve sabe que hay distintos corazones y que su personalidad tiene que traspasar la historia que nos presenta la pantalla. ¿Por qué el diablo al final le perdona? Siempre nos lo dibujan como un ser repugnante de color rojo y con rabo. Sí, esa es la teoría. El director trata de enseñarnos que en cada persona tenemos un diablo que nos amarga y nos conduce a una redención del alma después de una vida llena de curvas, algunas de ellas sin sentido. Debemos pasar un juicio moral y espiritual para que la entrada al cielo no sea sólo una metáfora de la propia vida.



Cuáles son los rasgos de Henry Van Cleve para emocionarnos

En este personaje principal se esconden muchas cualidades, pero dentro de su interior tiene las contradicciones de todo ser humano. Él se enamora de la belleza durante toda la película. Aquí el diablo es elegante y compasivo y nos da otra mirada lo que ya hemos vivido y nos queda por vivir para dibujar nuestros rasgos.

¿Qué busca el director con esta tierna historia? Para empezar todos los arquetipos son cercanos a todos los públicos porque ninguno se sale de la realidad. Henry Van Cleve somos todos con todas sus emociones y el encontrar esa redención nos evoca compasión y, a la vez, nos invita a seguir viviendo.

El diablo dijo no también trata de ser un anecdotario de lo que puede llegar a ser el cine. Se realizó en la década de los cuarenta del siglo pasado y aunque ya había irrumpido el color en el séptimo arte, aún esa década transmitía un gusto por los primeros años del medio. Contaron con un elenco muy próximo al cine mudo, donde los gestos y los silencios eran familiares para el espectador.

Otra de las claves que la hicieron una obra maestra es su argumento sencillo y a la vez original. Cuando muere Henry Van Cleve (Don Ameche), inesperadamente se encuentra con el diablo quien le revisa lo que ha hecho en su vida para juzgarlo o perdonarlo. Entonces empieza a contar su vida desde niño sus excesos con las bebidas y las mujeres. Después, cuando conoció a su mujer Martha Strabel (Gene Tierney) y todo da un giro de ciento ochenta grados que le hace cometer otras faltas. Tras contar toda su vida, el diablo le perdona de las llamas del infierno y le admite la entrada al cielo al lado de sus seres queridos.

Gracias a las películas de este director, y este es un gran ejemplo, el cine se ha enriquecido. Podemos hablar del toque Lubitsch como el elemento que se plasmó dentro de las comedias cinematográficas. Este toque, donde todo lo deja abierto, el final de la historia siempre nos acaba poniendo una sonrisa.



Qué es el toque Lubitsch

Todos los cinéfilos saben que el toque Lubitsch fue un soplo de aire para el cine en una época embarrancada por la vida ciega de aquel tiempo. El director supo ver lo que le podía dar el séptimo arte e imaginó una nueva manera de contar historias. Así, se hizo un nuevo genio de la comedia cinematográfica con una delicadeza casi imperceptible para el público en general. Fue el primero en ver su sociedad y juzgarla poniéndola en la pantalla grande. Lubitsch avanzó en una industria atascada por conflictos sociales y censores que estropeaban la visión de los directores de cine.

Pero volvamos a la película que estamos tratando, y esta vez vamos a hacer un pequeño análisis desde el toque Lubitsch, porque El diablo dijo no tiene mucho de la sobriedad y el refinamiento a la hora de contar historias y de buscar finales para enganchar a todo el género humano. Y es eso, lo que siempre daba este director al mundo, llevando la mentalidad europea a otros confines desconocidos por aquel entonces. El toque del director en esta película se encuentra en cómo nos cuenta lo que nos tiene que contar sin entretenimientos de guión, porque cada personaje tiene su arquetipo y en la duración de este trabajo jamás se sale de su pensamiento. Así, todos los personajes de esta historia van cambiando con su propia línea de comportamiento, es otra forma de realizar comedia.

El diablo dijo no tiene una estructura clásica: Presentación, nudo y desenlace. El hilo lineal de la historia también tiene una estructura que hace reflexionar al espectador en cualquier tramo histórico porque se puede conjugar dentro de cualquier siglo, porque en todas las vidas, para entender que somos y que el mismísimo diablo nos puede juzgar por nuestros actos en vida.

Es indiscutible que cualquier película de Ernst Lubitsch es una gran obra maestra del cine que la tenemos que visitar muy a menudo. Este director cambió los mandamientos de la comedia con su toque. Hizo del género más actual y también un poco más social. Acercó a sus personajes a una atmósfera contemporánea y se convirtió en uno de los primeros directores cinematográficos combativo contra las injusticias de su época.

En cada película podemos percibir el pensamiento de Lubitsch, lleno de consejos para que el ser humano siga hacia adelante y salga de atmósferas corrosivas. En cada filme suyo, siempre hay una enseñanza nueva para crecer en una sociedad desorganizada. Ahí, se puede enmarcar El diablo dijo no, pero esta película va más allá de la critica social y de los consejos puesto que refleja el pensamiento más íntimo del creador, a la espera de un veredicto que al final de la película acaba por llegar. 

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