¡Los adultos contraatacan!: Cuando Shin Chan nos hizo reflexionar

Shin Chan: ¡Los adultos contraatacan!

«Lo precioso de esta fábula es el reconocimiento de la capacidad del ser humano para adaptarse al cambio, ya que, como otro gran mensaje que nos brinda la obra, lo importante no es la época en la que vivimos, sino cómo y con quien lo hacemos»

Posiblemente la mayoría de nosotros hemos visto alguna vez Shin Chan, reconocemos su nombre, o al menos su aspecto. No podemos decir que este manga con posterior serie de animación (que fue lo que le catapultó a la fama fuera de occidente) sea una obra a tener en cuenta al analizar piezas de culto. Al fin y al cabo, es un simple entretenimiento para adultos, por mucho que su éxito fuese cosechado gracias a los más pequeños, en el que abunda el humor gamberro, los chistes salidos de tono, y a veces, incluso el mal gusto. Puede parecer divertido, puede ser algo muy dispensable, puedes incluso odiarlo… y es que al fin y al cabo no es más que eso, una serie de animación no excesivamente lineal en tono de humor… Pero hay algo, algo inesperado que me ha hecho apreciar quizás un poco más el genio que hay detrás, y ese algo es una de sus películas: Shin Chan: ¡Los adultos contraatacan!

Corría el año 2001. Ese mismo año Studio Ghibli había estrenado la que a día de hoy sigue siendo considerada una de las mejores películas del siglo XXI: El Viaje de Chihiro, pero poco tiempo antes, concretamente 3 meses, Toho Company estrenó la película de la que vamos a hablar a continuación y, en el ámbito personal, pienso que este año también debería ser recordado por ella (salvando por supuesto la distancias con la de Hayao Miyazaki). He aquí mi recomendación para el lector. Por supuesto, este es un análisis libre de spoilers.

Empecemos por el tema que trata esta cinta. Todos nosotros, en más de una ocasión, hemos sentido nostalgia. Quizás nos hemos acordado de aquellos tiempos en los que solo nos importaba que nuestro amigo estuviese en casa para salir a jugar. Que para almorzar tu familia hubiese preparado tu plato favorito. Las risas en los recreos con los compañeros del colegio. Nuestro primer amor. El camino a clase… Shin Chan: ¡Los adultos contraatacan! empieza con una recreación de la expo ’70 organizada en Osaka (Japón) en el año 1970. En ella, todos los adultos recuerdan la época en la que ese gran acontecimiento tuvo lugar, una época que marcó sus vidas, y se divierten rememorando los juguetes que tenían, lo inusual que era ver a extranjeros o como disfrutaban con las series infantiles de la época. A todo este barullo, sus hijos, niños de cinco años, se preguntan: ‘’¿Tan divertido es tener recuerdos?’’.

Como en toda película que se precie, hay un antagonista, un tipo alto con un divertido diseño inspirado muy posiblemente en John Lennon, que es precisamente quien ideó todas estas recreaciones del pasado y cuyo objetivo es volver al siglo XX, que defiende como uno ‘’lleno de verdad’’ con ‘‘una esencia’’ totalmente diferente a la actual.

No quiero hablar mucho más del argumento, ya que me parece indispensable que lo disfrutéis sin que os lo destripe, pero sí que veo de gran interés hablar de los mensajes que de esta película podemos sacar. El miedo al futuro siempre está ahí. Las personas tendemos a preferir lo malo conocido que lo bueno por conocer, y si estamos a gusto de una forma, ¿para qué ponerla en peligro? Esta película nos habla de romper esas barreras, de avanzar, de no anclarnos en el pasado. Y es que este es un sentimiento que hasta el propio villano del film deja entrever en ciertos momentos. Un notable fragmento de Shin Chan: ¡Los adultos contraatacan! es cuando este deja escapar a los protagonistas durante un rato, a lo que su mujer le pregunta que a qué viene dejarles esa ventaja. Él, dejándonos ver que realmente se ve atrapado en el pasado, le contesta: ‘‘Hace siglos que no corremos’’.

Lo precioso de esta fábula es el reconocimiento de la capacidad del ser humano para adaptarse al cambio, ya que, como otro gran mensaje que nos brinda la obra, lo importante no es la época en la que vivimos, sino cómo y con quien lo hacemos. En otro magistral fragmento, el villano le pregunta a Shin Chan: ‘‘¿Por qué te empeñas en avanzar?’’, a lo que él, recordamos que es un ‘‘inocente’’ niño, le contesta: ‘‘Porque quiero estar con mamá, y con papá, y con Hima (su hermanita) y Nevado (su perrito)’’.

Hay muchísimas más escenas destacables, como una secuencia de montaje en la que vemos la vida entera de un padre de familia, sus penurias, sus alegrías, su infancia, su adultez… dejando siempre claro que en cualquier época hay algo por lo que luchar. O un paseo por el siglo pasado en un barrio al atardecer que nos hace incluso comprender la necesidad del villano de volver a eso.

Por supuesto, esto sigue siendo una película de Shin Chan, con su humor que puede gustar más o menos en ciertos puntos, pero que de una obra destinada a hacer reír con chistes verdes y descarados haya salido algo como esto, me parece otra notable seña de que podemos adaptarnos a todo. Que de un personaje que es famoso por enseñar el trasero seamos capaces de aprender, reflexionar e incluso emocionarnos… me parece de obra de arte.

Shin Chan: ¡Los adultos contraatacan!


Shin Chan: ¡Los adultos contraatacan!

Sinopsis El espectacular “Parque del Siglo XX” es el lugar ideal para que los adultos recuperen los momentos más felices de sus vidas. Sus creadores, Ken y Chako, son dos nostálgicos empeñados en reconstruir las formas de vida de hace décadas. Para ello han creado una sustancia que hipnotiza a los adultos y los atrae hacia una ciudad que recrea el siglo pasado. El ejército de Kasukabe, liderado por Shin Chan, emprende una nueva misión: averiguar qué está pasando y traer de vuelta a los adultos.
País Japón
Dirección Tsutomu Mizushima
Guion Tsutomu Mizushima, Keiichi Hara
Fotografía Animation
Género Animación
Duración 90 min.
Título original Crayon Shin-chan: Arashi wo Yobu Mouretsu! Otona Teikoku no Gyakushuu
Año 2001

Shin Chan: ¡Los adultos contraatacan!

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