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"No se trata de cuidar al pueblo, se trata de mantenerlo lo suficientemente controlado como para que no se rebele."   El jardinero fiel (2005)
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Enemigos (2025), de David Valero: Rap, marginalidad y cine español

Cine español y marginalidad: el déjà vu eterno

Rap y macarras: dos de las cosas que más odio en este mundo. Por otra parte, sigo sin comprender esa afición enfermiza del cine español por la marginalidad. ¿No fue suficiente con el cine quinqui —que, por cierto, me encanta ­­—? ¿Será que son temas subvencionados o qué demonios pasa? Puede que me repita más que el ajo, pero es mi apostolado —y, en cierto modo, mi evangelización artística —, así que debo seguir insistiendo: señores y señoras del cine, por favor, ¡hagan de una… vez películas históricas y épicas sobre la Historia de España, como hace José Luis López-Linares con sus documentales! Tomen ejemplo, hagan obras bellas, vibrantes, que emocionen desde el valor, desde el honor, desde la lealtad, y no desde la mojigatería y la lágrima fácil.

Sigo sin comprender esa afición enfermiza del cine español por la marginalidad.

Estoy empachado de ver a chicos marginales que sufren bullying —y, para colmo, son más cursis que una mona maquillada cantando rap —. Lo siento, pero para alguien que viene de una familia de músicos, donde se aprecia la música y el arte de verdad, el rap no es ni una cosa ni la otra, y tampoco puede considerarse cantar a lo que hacen estos señores aficionados a las gorras y a los pantalones anchos. Ya lo sé, es solo mi opinión, pero mientras quede en este país decadente y cada vez más doctrinario un ápice de libertad, seguiré diciendo lo que me dé la gana. Y, en mi opinión, ese tipo de “música” es una regresión para la música popular urbana: un retroceso a los ritmos tribales más primitivos, básicos, salvajes y decadentes (si levantara la cabeza Lope, los caneaba a todos con su toledana). Al menos, agradezco que en el film no echaran mano del reguetón. Si lo hubieran hecho, habría salido ipso facto de la sala con un brote agudo de urticaria y no hubiera podido redactar la presente.

Entre tópicos y buenas interpretaciones: ¿merece la pena Enemigos?

A pesar de estar plagada de topicazos, ñoñerías y de la sempiterna romantización del delincuente marginal, la cinta, lo reconozco, entretiene. Los actores principales, Christian Checa y Hugo Welzel, no lo hacen del todo mal (aunque, como también es habitual en el cine español, hay partes en las que no se les entiende un carajo). Ay… ¿Dónde estarán José Luis López Vázquez, Alfredo Landa o Agustín González? Debo, esto sí, destacar el papel de la madre, Estefanía de los Santos, que ha sido la que más me ha gustado, firme y profesional.

El argumento me aburre hasta contarlo: un chaval cojito es amedrentado desde pequeño por un cani del barrio, compañero de clase, y, por unas circunstancias que ustedes vaticinarán sin gran esfuerzo, acaban siendo enemigos íntimos, como diría Sabina, a un paso de una relación filial ñoñoprogre, lacrimógena y edulcorada con eritritol para que no engorde.

A pesar de estar plagada de topicazos, ñoñerías y de la sempiterna romantización del delincuente marginal, la cinta, lo reconozco, entretiene.

Si tienen a mano algún adolescente, es posible que les guste. Pero incluso para ellos puede resultar perjudicial y peligrosa: podrían llegar a creer que todos los maleantes, hampones y sinvergüenzas son almas descarriadas que pueden y deben ser redimidas. Y, si se descuidan, puede que llevar a su hijo o hija a ver una película así, acabe con él recibiendo un navajazo por inocente… o con ella, embarazada (ya saben; el atractivo del malote).

Ustedes verán.

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Guillermo Pérez-Aranda Mejías
Soy un escritor romántico con matices quevedescos. Disfruto con lo absurdo del surrealismo y me apasiona encarcelarme en mi castiza torre de marfil, donde desarrollo mi creatividad rodeado de música, de libros, de cine y de lo más selecto de la humanidad huyendo así, en la medida de lo posible, de lo más mundano. Roquero trasnochado y poeta de lo grotesco, he decidido, como si fuera un samurái que se destripa por su honor, entregar mi vida por entero al arte.

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