La sombra del actor (2014), de Barry Levinson – Crítica

La sombra del actor

La vida es un gran escenario en el que cada uno representa su papel. Simon Axler (Al Pacino) ha dado vida a muchos, quizá demasiados personajes. Por primera vez, tiene problemas con la interpretación. Para levantar una representación desastrosa, se lanza de boca desde el escenario. Sumido en una crisis de identidad que le lleva a desarrollar miedo escénico, el gran actor de teatro cae en una depresión que desemboca en su (auto) prejubilación. “Jamás volveré a actuar”. Y así comienza su propio crepúsculo de los dioses. Regodeándose en su drama y en la autocompasión. Pero, cosas de la vida, después de 25 años sin verse, aparece Pegeen (Greta Gerwig), la hija de unos antiguos amigos. La última película de Barry Levinson comienza con un monólogo de ‘Como gustéis’ y acaba con ‘El Rey Lear’. De Shakespeare poco más encontramos en el resto del metraje.

Hay una fina línea que separa el genio de la locura. Simon se siente incapaz de recordar sus textos. Lo peor de todo es que no sabe cómo ha llegado a ese punto. Pierde un don del que ha disfrutado toda la vida. Y no tiene a nadie. Decide retirarse con dignidad cuando empieza a sufrir una incipiente demencia que le impide discernir entre realidad y ficción, lo vivido y lo soñado. Hay una gran distancia interpretativa entre la comedia y la tragedia que Al Pacino recorre sin despeinarse.

Simon estaba tan a gusto en casa volviéndose loco hasta que aparece ella. Su última segunda oportunidad. Sus ganas de salir adelante. Una nueva motivación para no pegarse un tiro. Una relación poco convencional que comienza siendo de gratitud y acaba como la necesidad más absoluta. Y la casa llena de chalados.

La sombra del actor’ es una adaptación bastante libre de ‘La humillación’, novela de Philip Roth. Para empezar, el escritor concibe la historia como un drama. Buck Henry y Michal Zebede (responsables del guion) le quitan bastante hierro al asunto desde el principio. El resultado es una comedia que, por la neurosis y las charlas del protagonista con su terapeuta, recuerda bastante a Woody Allen; y por la colección de secundarios, a Almodóvar. Como consecuencia, está llena de incongruencias. Las cosas no cuadran. No cuela que una lesbiana declarada, después de pasarse una tarde entera montando un scalextric de un trenecito con un jubilado con depresión (con pinta de jubilado con depresión), de repente se líe la manta a la cabeza y se lance a besar al señor en cuestión, porque fue el amor platónico en su preadolescencia. Y este es el punto de giro más relevante de la historia. No voy a valorar si es mejor la novela que la película, pero digamos que en la novela (que considero que también presenta problemas en su desarrollo) las cuentas sí cuadran.

Lo mejor: las escenas de la clínica. En ellas Al Pacino se convierte en un ser entrañable mezclándose entre los internos, explicándoles su problema durante la terapia de grupo, preocupado por si lo que está contando aburre o entretiene. Siente que es su deber como actor. Me encantan, por inesperados, los gritos de “Come back, Shane!” sin venir a cuento al final de una discusión (emulando la escena final del western ‘Raíces profundas’, de George Stevens). El personaje de Sybil Van Buren y la interpretación de Nina Arianda. El punto a lo Hannah Horvath que tiene la interpretación de Greta Gerwig. Al fin y al cabo, el personaje de Pegeen es una egoísta malcriada en plena crisis post-universitaria que se aprovecha de la debilidad de un enfermo.

Soy muy fan de ‘La cortina de humo’ y algo de ella hay en esta película. La confusión entre realidad y ficción, la importancia de una gran representación, el amor a tu trabajo porque sientes que lo que haces es lo que eres, la certeza de que al final tendrás que desaparecer. Y pesos pesados al frente de todo: Dustin Hoffman y Robert De Niro / Al Pacino. Sin embargo, todo en ‘La sombra del actor’ es tan previsible que llega a impacientar.

Lo peor: la crisis de identidad de los actores está de moda. Hay demasiadas similitudes con ‘Birdman’ (por error sale fuera del teatro y no puede volver a entrar en medio de la representación, las ensoñaciones, no distinguir muy bien entre la realidad y lo imaginado), película que tenemos demasiado reciente. Resulta más fácil asimilarlo como desafortunada coincidencia antes que entenderlo como homenaje. Además, ‘La sombra del actor’ cuenta con algunos fallos de continuidad demasiado evidentes y fácilmente subsanables.

No he decidido todavía si la metáfora del tren-scalextric (subirse al tren / perder el tren / coger el último tren) me encanta o me horroriza, porque lo cierto es que le da su punto a cada escena. Por si hay alguien que en medio de tanto circo ha hecho un viaje astral y, al aterrizar, le cuesta engancharse.

La sombra del actor

Sinopsis Simon Axler es un veterano y famoso actor de teatro que sufre de repente un bloqueo interpretativo. Tras una penosa interpretación de Macbeth en el Kennedy Center de Nueva York, Simon no tiene más remedio que aceptar que los días de éxito pertenecen al pasado, y se ve sumido en una depresión.
País Estados Unidos
Director Barry Levinson
Guión Buck Henry, Michal Zebede (Novela: Philip Roth)
Música Marcelo Zarvos, The Affair
Fotografía Adam Jandrup
Reparto Al Pacino, Greta Gerwig, Dianne Wiest, Kyra Sedgwick, Charles Grodin, Dylan Baker, Dan Hedaya, Maria Di Angelis, Nina Arianda, Victor Cruz, Li Jun Li
Productora Millennium Films / Ambi Pictures / Hammerton Productions
Género Drama
Duración 112 min.
Título original The Humbling
Estreno 24/04/2015

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Calificación6
6

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Cristina Sánchez de Pedro

Licenciada en Comunicación Audiovisual, especializada en Coolhunting, Análisis de tendencias y periodismo de moda. Consumidora compulsiva de películas, series y revistas de moda y tendencias. Escritora frustrada transformada en bloggera que vuelca contenidos periódicamente en mamaisproud.com

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