
Abre con una versión nipona de Paranoid de Black Sabbath, interpretada en esta ocasión por la banda Blood Sabbath, que no deja de ser un inicio simpático y motivador. El rock and roll siempre anima y predispone ante lo que uno va a ver (quizá diga esto porque soy un rockabilly cincuentón).
Y lo que sigue condicionará el resto del film: yakuzas, katanas, sangre, mutilaciones…
Ulysses (Bob Odenkirk) sustituye temporalmente al recientemente fallecido sheriff de Normal, un pueblo aburrido, rutinario y frío, donde la cotidianeidad de sus vecinos marca el tempo monótono del lugar. Aun así, el suplente percibe ciertas anomalías tanto en la población como en sus habitantes: su propio acompañante, la dueña del bar, el alcalde y prácticamente todo el pueblo parecen comportarse de forma artificiosa. No todos, sin embargo. La hija del anterior sheriff, fallecido en circunstancias muy extrañas, parece vivir marginada por el resto del municipio y por quien aspira a convertirse en el futuro sheriff cuando Ulysses se marche. Todo parece seguir su curso habitual hasta que un atraco destapa lo que allí se oculta, revelando la conexión con el crimen organizado japonés. Hasta ahí puedo contar.
A quienes les gusten las armas, la mafia, las películas al estilo de Tarantino y los justicieros con pasado oscuro, les aseguro que pasarán un rato divertido.
A quienes les gusten las armas, la mafia, las películas al estilo de Tarantino y los justicieros con pasado oscuro, les aseguro que pasarán un rato divertido. El guion tiene cierto ingenio, aunque desemboca en un desenlace inverosímil que termina hundiéndose en la comedia de acción. A quienes abominen de las vísceras y de la violencia exagerada, no les recomiendo su visionado.

Bob Odenkirk, un sesentón rudo de perfil clásico, hace un buen trabajo encarnando al típico policía duro y tranquilo de los ochenta: un agente descreído con una mujer que no le aguanta y le ignora, y con cierta querencia por el alcohol. En cambio, el resto del reparto apenas cala y resulta totalmente indiferente, con la excepción del alcalde Kibner (Henry Winkler), a quien le sienta muy bien el papel de alcalde «gilipollas», tal y como lo define el propio protagonista.
Es un film hilarante, sanguinario y muy noventero.
Las escenas violentas son muy entretenidas y, lo cierto, es que su coreografía está muy conseguida. Además, está la música, que personalmente me ha gustado mucho por haber sido roquero y eso hace que mi criterio no sea del todo objetivo. Como decía al principio, se arranca con una versión de un clásico del rock y continúa con temas muy interesantes, como Put your hand in the hand de Ocean, Bang bang de Janis and her boyfriendso Everybody needs a friend, de Chyvonne Scott, entre otros.
Es un film hilarante, sanguinario y muy noventero, con un guion más que aceptable, aunque termine fastidiándose al final al apostar por una vis cómica que no queda claro si es deliberada o no. En cualquier caso, para un amante del rock and roll como yo y nostálgico del cine de los 90 (Pulp Fiction, Abierto al amanecer o Kill Bill), debo reconocer que distrae de principio a fin. Así que, en esta ocasión, tengo dos valoraciones, la subjetiva, un 8, y la objetiva, un 7. Por tanto, la calificación final, siendo muy benevolente, se quedaría en un 7,5.


