Lo que le pido yo al amor – Películas de un amor no convencional

He de confesar que lidero una particular cruzada contra El diario de Noah, pues representa el paradigma de pastelada romanticona digna de las tardes de Antena 3: cogemos Romeo y Julieta, ponemos de protagonistas al típico maromo encantador sin personalidad, propenso al acoso (entre Noah y el del tranvía de Murcia no hay tanta diferencia), al modelo de chica a conquistar #273 y tenemos nuestra dosis de diabetes lista para ser consumida.

Vale, estoy siendo un poco injusto, no he venido aquí a odiar. Este tipo de historias no tienen por qué ser malas siempre – ahí tenéis mi crítica de La la Land. No importa lo que hagas, sino el cómo lo hagas, mas Noah no termina de ajustarse a esta máxima. Y para los que apelen a ese “giro final”, 4 palabras: Un amigo para Frank. No me conformo con historias bonitas de lágrima fácil, hay que aspirar a más. Hoy, queridos amigos, voy a hablaros de esas otras películas de amor, obras que se alejan de lo clásico o lo subvierten para dar lugar a nuevas opiniones, reflexiones sobre temas que giran en torno al corazón, pero que saben ir más allá del típico chico conoce a chica. En definitiva, películas de un amor no convencional.

amor no convencional - la la land

De un tiempo a esta parte, siempre que he podido, he seguido leyendo Buenas noches Punpun. Este es un manga realizado por Inio Asano, un joven japonés ducho en eso de reflexionar sobre el amor, como ya demostró con Solanín. Oyasumi Punpun, valiéndose de un existencialismo muy humano y un surrealismo expresionista, trata la historia de un niño y los cambios emocionales típicos de ciertas edades. Es inevitable empatizar, es algo que todos hemos vivido, sentir que el mundo se te viene encima cuando la chica más guapa de tu clase te ha sonreído… o le ha dado la mano al guaperas de turno. El amor a través de los ojos de un niño es una buena forma de ir más allá, y si se hace bien es fácil que el público conecte con tu obra. Como no, esto no sirve de nada si luego no se profundiza y se ofrece una nueva visión, pero es una magnífica vía a explotar. Wes Anderson lo tuvo muy claro con Academia Rushmore, pero sobre todo con Moonrise Kingdom, donde el tejano transforma al niño en un pseudoadulto con un extraño enfoque para el amor: frío al imitar al adulto, pero sincero y entrañable pues, al fin y al cabo, son críos.

Tanto en forma como en contenido, esas son dos formas muy válidas de superar la clásica historia de amor. Tan acostumbrados estamos ante los mismos esquemas que ya ni nos preocupamos por ellos; están porque es necesario un beso final, incluso cuando no es necesario. Decid lo que queráis de las películas de Robert Langdon, pero al menos Ron Howard tiene claro que hace falta más de una noche para que el amor surja. En El código Da Vinci, como mucho, tenías la sutileza del cariño, y eso aportaba mucho a la aventura porque era consecuencia de todo lo que estaban viviendo, es algo que une para siempre. Quizás por eso valoro tanto (500) días juntos, ya que para Webb no significa no. Es una obra que nos pone los pies en el suelo y se burla de todas los pajaritos que Hollywood vende. Como público, debemos ser responsables con lo que consumimos y ser más exigentes. Hay un sinfín de obras contemplativas que aportan nuevos temas y discursos: Lost in translation reflexiona sobre la soledad entre la multitud, Amour expresa la dureza de la piedad, Olvídate de mí aborda el dolor del recuerdo y Once, que salió de la nada, nos habla mejor sobre la distancia en el amor que películas más reconocidas como Like crazy.

De nuevo, puede que esté siendo injusto. No todas las chico conoce a chica son malas películas, algunas son clásicos por algo. Ahí entra el asunto de la originalidad y el contexto, una obra es fruto de su tiempo y los valores que transmite a día de hoy ya están superados. Puede que Casablanca se mantenga en pie – ahí está La la land para confirmarlo -, pero vean ustedes Vacaciones en Roma o Gilda y díganme si no hemos avanzado; quitando la Bocca della Veritá y los paseos en Vespa, la película de Audrey Hepburn es una versión más formal de la película de Lizzie McGuire. Quizás ese sea el problema, el contexto. Los productores saben que eso vende, recurrir a los paradigmas clásicos funciona desde que el arte da de comer y mientras siga siendo así, la cosa no cambiará. ¿Eso es malo? No necesariamente, los cánones están ahí por algo, el arte siempre se ha valido de ello. No obstante, si no vas a hacer algo original, al menos aporta algo memorable, centrarte en los momentos tiernos, crea imágenes propias, en los gestos más sutiles. No te limites a los puntos de un esquema: marca tu propia sensibilidad. “No importa el qué, sino el cómo”.

Sigo siendo muy duro. Tampoco es que sea un inquisidor que tacha de hereje a aquellos que prefieren 8 apellidos vascos a Her. A veces, uno quiere desconectar sin más del mundo y el cine es la vía de escape perfecta. Son historias que querríamos vivir, es una forma hermosa de ver un mundo cruel de raíz, y yo no soy nadie para criticarlo. Todos necesitamos un momento de relax para no pensar y, ahí estará El diario de Noah para socorrerte. Con esto no quiero justificar que el cine no debería aspirar a más, debe hacerlo, pero ya hay gente a ello. Está bien ver un cine ambicioso, pero la pretensión es un terreno peligroso que nos hace valorar de vez en cuando algo más mundano. Para ello, tenemos magníficas historias que saben encontrar el punto medio entre la buena elaboración y el entretenimiento, desde Pretty Woman hasta la reciente Your name. Hemos de ser críticos y demandar calidad, pero sed sinceros: ¿viviríais toda la vida de películas al nivel de Tarkosvky, Godard o Lynch? Yo desde luego no.

Este no es un análisis exhaustivo de lo que es o debería ser el amor en el cine, mas bien es una de mis divagaciones, de esas que cualquiera tiene un aburrido domingo por la tarde. Con este escrito, pretendo al menos haceros ver que hay un cine más allá del convencional (objetivo de esta casa que es El Cine en la Sombra), pero también que no debéis olvidar lo conocido, pues para cada momento de la vida, hay una película… a no ser que sea El diario de Noa, en ese caso apagad la tele y haced algo productivo.

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