Cigüeñas (2016) – Crítica

Cigüeñas

«Cigüeñas es cine infantil en estado puro, es decir, cine que satisface a los niños y supone un trance necesario para los padres.»

Empecemos reconociendo que ser padres, en la modernidad, es una tarea titánica, casi heroica. De ahí que cualquier producto cinematográfico que esté orientado hacia los más pequeños de la casa sea bienvenido y, mucho más, si los padres pueden verlo sin aburrirse soberanamente. Cigüeñas no es una gran película, pero si una película que gustará a los más jóvenes y cuyo planteamiento de partida es interesante.

Determinados países y grupos étnicos –especialmente, los caucásicos en sus distintas variedades– tienen problemas de “reposición generacional”: la natalidad está a mínimos y a la vuelta de siglo o siglo y medio, hay países que caminan hacia su lenta extinción. Esta película nos sitúa en un momento en el que las cigüeñas, a falta de “pedidos” han dejado de traer hijos y se han reciclado como una simple empresa de mensajería. Como puede verse, el planteamiento de partida es original y aparece en un momento en que en los cielos de los EEUU empiezan a verse drones de Amazon entregando pedidos. A partir de ahí, mientras el hijo disfruta con el cubo de palomitas, los padres se preguntan hacia dónde derivará la trama y si conseguirá entretenerles también a ellos. Y Cigüeñas satisface a los niños y no termina de cubrir las expectativas de los padres, especialmente a padres muy exigentes. Es una cinta de dibujos animados en 3D, elaborada casi al milímetro para un target concreto: niños de 5 a 7 años. Cine infantil en estado puro, es decir, cine que satisface a uno y supone un trance necesario aunque insatisfactorio para padres. A los primeros les gustará, entretendrá y, a ratos y divertirá, por lo que de disparatada tiene;  los segundos bastante menos.

Cada cierto tiempo hace falta una cita así en las salas de proyección, o de lo contrario, los niños tienden a derivar su ocio hacia la industria de los videojuegos y marcará una primera ruptura generacional. Ésta es la que nos ofrece la Warner en este otoño de 2016. Aprovéchenla, pues y, de paso, habitúen a sus hijos a salir de casa, que las salas de cine les sean familiares y enséñenles a disfrutar del Séptimo Arte. Cuando sean mayores, se lo agradecerán.

Antes de seguir comentando los alicientes y limitaciones de esta cinta, no resisto compararla con otra que se ha estrenado más o menos en la misma época y con un gran alarde publicitario: Sausage Party (2016, La fiesta de las salchichas). Vale la pena compararlas porque, ambas parecen ir dedicadas a un público juvenil. Dejando aparte que la película –igualmente elaborada en animación 3D– es de una calidad inferior a Cigüeñas, los chistes que no hacen gracia, un lenguaje grosero, plagado de palabras malsonantes, impropio de una película para niños y adolescentes, sobre todo, gags  de pésimo gusto que, finalmente, puede resumirse en una palabra: soez hasta el cansancio. No es la primera vez que me ha ocurrido algo así. Cuando mi hija apenas tenía siete años, se nos ocurrió ver Mortadelo y Filemón (2003) de los hermanos Fesser. De pequeña me había nutrido de estas historietas y mi hija iba camino de gustarle también (buscar lugares comunes entre padres e hijos garantiza comunicación generacional); sin embargo, al cabo de cinco minutos de estar sentados ante la gran pantalla, aquello se convirtió en lo más alejado de la ingenuidad de los personajes ideados por el genial Francisco Ibáñez. No es que reflejara mejor o peor el mundo de la rue del Percebe o de la TIA, del profesor Bacterio o del Super, es que las palabras malsonantes que, una y otra vez, se repetían como acompañamiento inseparable de aquel despropósito, hacían que la película pudiera recibir unánime aceptación de proyectarse en un centro penitenciario, pero no era desde luego lo más apropiado para niños y/o adolescentes. Luego, claro está, el destrozo se intenta arreglar diciendo que se denuncian injusticias y tabús para terminar dando una aire de ONG y de películas para “tomar conciencia”.  La fiesta de las salchichas y Mortadelo y Filemón, son hijas de la misma inspiración: “por la obscenidad, hacia lo facilón”.

Así que si usted busca diálogos que intenten extraer una sonrisa mediante la acumulación de palabras malsonantes y chistes fáciles de significados sexuales, Cigüeñas no es su película. Si quiere educar a su hijo para que gane un concurso de ver quién suelta más tacos en menos tiempo, renuncie a verla. Si nota que le falta algo cuando en cada minutos de metraje hay menos de tres alusiones sexuales explícitas, insistimos, mejor no se la regale a su hijo. ¿Se entiende ahora por qué hemos hecho alusión a esta otra película, realizada con el mismo software y las mismas tecnologías? Las mismas herramientas, pueden ser utilizadas para fines muy diferentes. Y esta es la prueba.

El problema es que en las escenas finales de Cigüeñas se cuela algo que, probablemente, algunos padres tolerarán mal (y vale la pena advertirlo): las cigüeñas vuelven a entregar bebes, varios de los cuales van a parar a parejas del mismo sexo. Es la parte polémica que suscitará enconos en ambas direcciones. Unos alegarán que no hay más familia que la formada por dos partes de sexo opuesto. Otros defenderán los derechos de las parejas del mismo sexo a tener una familia. Especialmente en México, el estreno de la película ha coincidido con macro manifestaciones contrarias al matrimonio gay y, seguramente, la polémica irá in crescendo, a medida que se vaya estrenando en otros países. Así que, sea cual sea su opinión al respecto, ténganlo en cuenta a la hora de decidir verla o no.

Los dos responsables de la película, proceden de lo que se ha dado en llamar “nueva comedia americana” y han “militado” en el 3D en los laboratorios de Pixar. Doug Sweetland, director de Cigüeñas, en 2008 fue nominado al Oscar por Presto, en la categoría de Mejor Cortometraje de Animación. En cuanto a Nicholas Stoller, que comparte la dirección, tiene una carrera cinematográfica más dilatada en películas convencionales y facilonas (Paso de ti [2008], Todo sobre mi desmadre [2010], Malditos vecinos [2016]…), comedias todas ellas de sal gruesa, brocha gorda y perdigonada. Sorprendentemente, en este trabajo para la Warner está más mesurado y, tanto él como su compañero de dirección, tienen muy en cuenta el target de público al que va dirigida la película.

Claro está que este género tiene sus detractores y no siempre gusta. Pero, con que les guste a los más jóvenes, ya es suficiente. Ellos seguramente puntuarán la película por todo lo alto, mientras papá y mamá, la verán como discreta y dividirán por dos la puntuación que les hayan dado sus hijos. La película es bastante lineal.

Lo que se le puede achacar a la película es que ha sido construida en función de las necesidades y exigencias de una audiencia concreta, casi calculada para que gustara a esa audiencia. Todos sus gags, la última palabra de los diálogos, las vertiginosas y dinámicas escenas que vemos, están medidos hasta lo milimétrico. Pero, a fin de cuentas, todas las películas, especialmente aquellas que se busca que tengan un alto rendimiento comercial, se conciben así. Más que una crítica, este aspecto debería ser calificado como uno de los aciertos de esta producción: ha sido pensada para niños y para que los padres la puedan aceptar sin excesivos lamentos.

Cigüeñas

Sinopsis En Montaña Cigüeña están las cigüeñas que organizan los envíos de los bebés a los padres de todo el mundo. Antes enviaban los bebés… ahora entregan paquetes para una gran compañía de internet a nivel mundial. Junior, la mejor cigüeña repartidora de la compañía, está a punto de conseguir un ascenso cuando activa accidentalmente la Máquina de Producción de Bebés, fabricando a una adorable niña totalmente no autorizada. Desesperado por entregar este problemático paquete antes de que su jefe se dé cuenta, Junior y su amiga Tulip, la única humana de Montaña Cigüeña, se apresuran para hacer su primera entrega de un bebé en un viaje salvaje y revelador que podría afectar a la integridad de más de una familia y restablecer la verdadera misión de las cigüeñas en el mundo…
País Estados Unidos
Director Doug Sweetland, Nicholas Stoller
Guión Nicholas Stoller
Música Jeff Danna, Mychael Danna
Fotografía Simon Dunsdon
Género Animación
Duración 89 min.
Título original Storks
Estreno 30/09/2016

Trailer

Calificación5
5

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Amor DiBó

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

3 comentarios

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  1. BEATRIZ 30 septiembre, 2016 at 18:00 Responder

    Esta crítica huele a desinformación y desconocimiento del medio del que pretende hacer divulgación.
    Estamos en 2016. ¿Podemos empezar a entender de una vez que no toda película animada es para público infantil?
    También habría estado bien haber leído la ficha técnica completa de la película (o haber buscado un poco en google) para ver que en su país de origen se la calificó como “PG rated”, es decir, recomendada para público de 10-12 años con supervisión paterna.
    Aventurarse a afirmar con rotundidad que la película está “elaborada casi al milímetro para un target concreto: niños de 5 a 7 años”, es además de mentir descaradamente al público que te lee, desinformar y establecer una opinión personal como hecho objetivo.
    Lo de que si los chavales no van al cine, se meterán en los videojuegos, además de ser otra conjetura personal, huele al prejuicio rancio que se tiene hacia los videojuegos y los supuestos malos hábitos que generan. Cosa que sirve más para retratar a quien firma el artículo, que para aleccionar al lector.

    Después hablas de Sausage Party, y también la encasillas para público juvenil. Cuando está dirigida en todos los países donde se ha estrenado, a mayores de edad, hasta el punto de que en algunos, los menores de 18 no pueden entrar a verla sin estar acompañados de un adulto. Lo que viene a ser una calificación “R-rated”, es decir, restringido y para adultos. Claro que tiene un lenguaje impropio para una película para niños. Porque NO es una película para niños. Y como tal lleva anunciándose meses. Hay que vivir bajo una piedra para no saberlo. ¿Cómo puede dedicarse alguien a la crítica cinematográfica y pensar que toda producto de animación ha de ser para público infantil-juvenil?
    Yo pensaba que habíamos superado esto con South Park, Happy Tree Friends, Evangelion, Padre de Familia…

  2. Natalia 4 octubre, 2016 at 15:28 Responder

    Completamente de acuerdo con Beatriz. Para escribir una crítica de cine hay que primero saber algo sobre cine y sobre todo saber de animación. Quien escribió esto muestra una ignorancia profunda respecto a estos temas y una nula comprensión del mensaje audiovisual, pues no llegó a entender el mensaje de ambas películas que cita. Sin mencionar que Sausage Party es una película para ADULTOS, está clasificada como +18, así que no es una película a la que uno lleve a niños, quiera o no quiera que aprendan “tacos”, ni está destinada a un público juvenil, y si un padre llevó a su hijo a verla solo porque es de caricatura y si es de caricatura para él es infantil y se llevó una sorpresa, es porque es un burro, así de sencillo, como la gente que llevó a sus hijos a ver TED solo porque el protagonista es un oso… En serio que una persona que no sabe algo tan básico como eso no debería escribir una crítica cinematográfica.

  3. Maria 22 octubre, 2016 at 22:02 Responder

    Cigueñas es una pelicula para niños de hace 50 años a los q enseñaban q las cigueñas traian a los bebes. Hoy en dia los niños ni han oido hablar de eso. Me parecio una pelicula bien hecha pero con un tema anticuado y desfasado. Solo los adultos pueden entender el tema y parece un film para recordar la infancia, no para la infancia de ahora. Suspendo el tema pero aplaudo los efectos y la dulzura de los personajes. Personalmente segun la veia me iba poniendo de mal humor viendo el tema recalcitrante de las cigueñas trayendo bebes al mundo. Recorde mi infancia mirando el cielo para ver si me traian un hermanito. Horrible.

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