David Lynch: ¿lograremos entenderle?

“Preferiría suicidarme a hacer una película en la que yo no tenga la última palabra sobre el resultado final”, David Lynch.

David Lynch

Director, productor y pintor, David Lynch se define a sí mismo como un hombre aburrido, de principios fijos y nada polémico. Todo lo contrario a lo que muestran sus largometrajes.

Su universo cinematográfico se encuentra lleno de historias dramáticas y de suspense contenido, a las cuales aplica todo tipo de estéticas y subgéneros. A los 22 años dirigió su primer cortometraje, The Alphabet (1968), donde ya podemos apreciar una tendencia hacia los temas más escabrosos.

Lynch consigue crear una atmósfera inquietante mediante la decoración, el vestuario, el maquillaje, una música con componente plástico y una fisonomía de actores a la que se aferra en cada trabajo.
Su carrera, un tanto peculiar, consta de dos puntos cumbre que le reservaron un lugar en la primera fila de los directores estadounidenses: The Elephant Man (El hombre elefante, 1980) y Blue Velvet (Terciopelo azul, 1986).

Importantes, aunque menos aclamadas por el público contemporáneo se encuentran otras de sus películas como Eraserhead (Cabeza Borradora, 1977), Lost Highway (Carretera perdida, 1997) o Mulholland Drive (2001). Todas ellas nominadas a diferentes premios internacionales, no llegaron sin embargo a triunfar en taquilla.

Ya han pasado 8 años desde que nos trajo su último largometraje, Inland Empire (2006), un trabajo espectacular donde se consagra su carácter, donde potencia todas las cualidades que envolvían su cine, y nos entrega su trabajo más radical. Como en sus mejores cintas, Lynch nos descubre los vicios, las fobias,
los misterios y las crueldades de la sociedad.

Inland Empire

¿Llegaremos a entenderle?

Pretendemos encontrar un significado racional a sus obras, reflexionando intensamente sobre ellas, e incluso acudiendo a internet para buscar respuestas. Pero no somos pocos los que hemos llegado a una conclusión: no es posible entenderlo. Captar su mundo interno, y por consiguiente sus obras, no es posible a través de una actividad intelectual.

Un análisis lógico de sus películas, con excepción de The Elephant Man (El hombre elefante) y The Straight Story (Una historia verdadera), nos conduce a un callejón sin salida.

David Lynch

¨No pienso en la audiencia en realidad. Simplemente pienso en las ideas que quiero transmitir, ideas que me rondan la cabeza. Actuar y seguir actuando en el proceso de creación. Las ideas hablarán por si solas¨.
Con estas palabras, el director da por hecho que hace cine por la proceso de creación en sí mismo, y por la necesidad de transmitir su propio universo. Lynch no trata de contar una historia concreta, y desde luego no le interesa contarla a través de las convenciones habituales.

Si somos capaces de abstraernos de nuestra experiencia como espectadores, olvidando por un par de horas las estructuras habituales que rigen el cine convencional, relajamos nuestro intento de seguir una trama o buscar en la película una realidad paralela a la nuestra, entonces estamos preparados para disfrutar de las obras de arte de uno de los cineastas más influyentes de los últimos años.

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1 comentario

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  1. Edu 1 noviembre, 2014 at 22:31 Responder

    Excelente reportaje sobre el genio, desde su primer trabajo ya iba mostrando su estilo cinematografico, sin duda uno de los pocos cineastas que tiene un estilo estrictamente propio.
    Ya paso mucho tiempo desde su ultima película, a veces me gustaria que haga mas de sus trabajos, pero no es bueno apresurar a un genio como el…
    Analisis correcto respecto a lo que logra en las atmosferas de sus películas con una buena pregunta ¿Lograremos entenderle? con esa gran frase suya : “No pienso en la audiencia a la hora de hacer una pelicula” me dice que tal vez no XD …

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